“Soy hombre y papá trans”. Las paternidades diversas sí existen

Jun 21, 2026

Por: Lian Fernando Linares Guerra

Mi nombre es Lían Fernando Guerra soy un hombre y papá trans de 30 años. Además de gustarme hacer asados, cocinar postres, y ser activista, soy padre de un adolescente de 15 años.

Soy un hombre trans y defensor de derechos humanos. Actualmente dirijo el colectivo Cultura Trans que está compuesto por personas LGBTQIA+, y es un espacio desde el que aportamos a la sociedad de un país como El Salvador, en el que no existe una Ley de identidad de género y, por lo tanto, es un país para el que no existimos.

Descubrirme diferente

Desde que tengo uso de razón, sentí que no encajaba en el cuerpo en el que nací. A los siete años ya sabía que no era como las demás niñas, pero nadie lo decía en voz alta, mi familia tan cerrada en sus costumbres y en la cultura impuesta por la sociedad, me trataban con dureza, como si mi existencia fuera una ofensa silenciosa, algo que debía esconderse, que no debía ser visto por los ojos ajenos, era un niño en un cuerpo que no sentía propio y sin embargo, no podía compartir este dolor porque las palabras que necesitaba no existían en ese mundo.

A medida que pasaban los años, las preguntas sobre quién era y por qué me sentía tan diferente no dejaban de rondar mi mente, a veces en la quietud de mi casa miraba al espejo y deseaba con todo mi ser que algo en mí cambiara, que mi reflejo fuera el que siempre había soñado, pero las respuestas seguían siendo esquivas, como si el mundo se negara a darme las palabras que tanto necesitaba.

Fue cuando comencé a conocer personas fuera de mi círculo cercano y empecé a escuchar cosas que hacían sentido, había palabras para lo que sentía, había historias que resonaban con las mías, el concepto de ser alguien que no necesariamente encaja con el sexo asignado al nacer comenzó a aclararse como una luz tenue, pero esperanzadora, no fue fácil, no fue inmediato, pero empecé a entenderme de una manera que antes me parecía impensable.

Abuso, un embarazo inesperado y violencia obstétrica

Soy un hombre trans que desde muy joven tuvo que enfrentar el rechazo, el silencio y el dolor por ser quien es. A mis 16 años sufrí violencia correctiva y, lejos de encontrar apoyo, mi familia me culpó por lo sucedido y decidió callar mi historia. Producto de esa violencia llegó un embarazo inesperado y con él, una responsabilidad que asumí completamente solo. 

Hubo días difíciles debido a que la sociedad no me aceptaba como hombre trans, mucho menos siendo padre. La situación se volvía el doble de difícil, como cuando sufrí violencia obstétrica en el hospital donde nació mi hijo. 

Llegué con dolores, el personal médico supuso que yo quería sacarme el niño. Ahí descubrieron que, a causa del abuso, una bacteria se alojó en mi riñón y rompió el saco gestacional donde se encontraba el bebé. Debido a ello, mi hijo nació de 5 meses y 2 semanas.

Cuando me quejaba de los dolores, el personal que me atendía me gritaba que así como había abierto las piernas para quedar en estado de embarazo, así debía aguantar los dolores que en ese momento tenía. 

Me dejaron en un pasillo solamente con una sábana, mientras yo temblaba de dolor y de frío. Al llegar una doctora a revisarme me dijo que la cabeza del niño estaba casi de fuera pero que no debía pujar, porque su cabeza estaba en el conducto vaginal y corría el riesgo de destruirse. Aguanté los dolores y hasta media hora después me ingresaron a sala de cirugía, donde me inyectaron en la espalda y me realizaron una cesárea. 

Solo recuerdo que me dijeron que era un niño y me pusieron anestesia general, desperté con mucho dolor y me hicieron levantarme para pasar de una camilla a otra, sentí como la sangre bajó hasta mis pies. La enfermera que estaba encargada de ese pasillo me regañó porque había dejado sangre en el piso al cambiarme de camilla.

Esa noche me dió fiebre, la enfermera de turno me mandó a bañarme, yo no podía caminar y ella me gritaba que como era lesbiana teniendo hijos que aguantara. Me bañé y casi me desmayo. Recuerdo que cada vez que iba al baño, las enfermeras me veían como si yo fuera un ser extraño.

Mi hijo y yo también somos una familia

Había días donde el miedo y la incertidumbre me hacían preguntarme cómo podría criar a un bebé sin apoyo, sin guía y siendo apenas un adolescente. Pero en medio de todo ese dolor entendí algo que transformó mi vida: mi hijo y yo también éramos una familia.

Decidí construir junto a él un hogar diferente, uno donde sí existiera amor, respeto y cuidado. Comprendí que las familias no siempre tienen la forma tradicional que la sociedad nos enseña, porque una familia también puede estar formada únicamente por un padre y su hijo, unidos por el amor y la decisión de acompañar incondicionalmente. 

Desde entonces hice una promesa: darle a mi hijo todo el amor que muchas veces yo necesité y nunca recibí. Decidí decirle “te amo” todas las veces posibles, porque sé lo importante que es crecer escuchando palabras que abracen el corazón. Y aunque mi historia comenzó desde el dolor, hoy también es una historia de resistencia, transformación y esperanza, porque aprendí que incluso después de la violencia es posible construir amor y crear una familia donde antes solo había ausencia.

Mi paternidad como hombre trans

Ser padre trans no es fácil pero es algo maravilloso, porque lo he construido desde lo que siempre me hizo falta: el amor, la esperanza y complicidad. Desde el respeto hacia mi hijo, yo también volví a ser un niño. Volví a jugar con él, a dibujar a su lado, a inventar historias de terror o de fantasía, a crear un mundo donde yo me estaba sanando pero también estaba construyendo una vida desde el amor.

Estoy seguro que no existe un manual de como ser un padre, y que da mucho miedo, pero también creo que se puede construir una paternidad presente, responsable y amorosa. 

Empecé a criar a un niño desde la trinchera de mis compañeras feministas, desde las trincheras de mis compas LGBTQIA+, desde les activistas, y me di cuenta que mi familia de sangre (mi hijo y yo) puede ser pequeñita pero que tengo una enorme la familia por elección. 

Me di cuenta que el miedo solo existe en mi cabeza. Cuando mi hijo nació tuve muchísimo miedo, pero me llené de valor y rompí con el mundo. Me propuse solo ser feliz con ese niño. No puedo negar que no fue fácil, que aún sigue siendo retador, pero la diferencia es que ahora no estoy caminando en soledad, mis compañeras de lucha caminan conmigo, la familia elegida está a la par mía, eso me da fuerza y me ayuda a entender que las batallas no se transitan en soledad.

Mi hijo ha sufrido bullying, actos que van desde las palabras hirientes, hasta agresiones físicas debido a que es un niño criado dentro de una familia no tradicional, especialmente por un papá trans. Aunque él ha crecido y educado en un entorno amoroso, debe enfrentarse a una sociedad que no está abierta a respetar y abrazar la diversidad familiar.

Aún así, sigo creyendo que vale la pena luchar por criar futuras generaciones desde narrativas diferentes acerca de la familia, de la masculinidad y del amor que permitan la construcción de una sociedad donde no existan los roles de género, un mundo más igualitario y esperanzador, donde podamos ser nosotres mismes.

Mi hijo y yo tenemos un mundo lleno de amor y de aventuras donde nadie nos puede dañar. Soñamos con que un día ese mundo sea posible para todos los padres trans y sus hijes.

Mi activismo como hombre y padre trans

Mi activismo nace desde el amor por mi comunidad, desde la empatía y desde el deseo de construir espacios más humanos, dignos y seguros para las personas LGBTQIA+. Me gusta mucho lo que hago porque sé que cada proceso de acompañamiento, cada formación y cada espacio seguro que construimos puede transformar vidas y abrir caminos para quienes vienen detrás de nosotres.

Para mí, Cultura Trans representa comunidad, resistencia, aprendizaje y esperanza. Me gusta formar y acompañar a jóvenes para que se sientan capaces de liderar, de alzar su voz y de convertirse en voceros, voceras y voceres dentro de cualquier espacio. 

Dentro del colectivo impulsamos un círculo de familias de la diversidad sexual, un espacio conformado por madres, padres y personas LGBTQI+. En estos espacios compartimos experiencias y fortalecemos vínculos que nos permiten vivir procesos de sanación con nuestres hijes y nosotres mismes.

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