Por: Paola Camarena y Luz Rangel
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La tarima se ilumina con luces láser en tono azul y neón de color rojo. De la tornamesa, sale Sonido Violeta, cantante de reggaetón lésbico que desfila con sus bermudas por la pasarela y arrastra el micrófono hasta perrear en un tubo. Es la fiesta que organizó en Ciudad de México por el lanzamiento de su EP Música para hacer el amor, el 21 de noviembre de 2025.
Al ritmo de los beats que salen de las bocinas, Sonido Violeta pregunta: “¿Dónde están las lesbianas?”, a lo que las mujeres del público gritan, le chiflan y contestan “¡Ya sácatela!”, “¡Te quiero hacer el amor!”. La joven toma uno de los tantos celulares con los que sus fans están grabando para mandar un beso a la cámara y hacer, de cerca, movimientos de cadera.
Antes, el show en vivo estuvo a cargo de otra cantante de perreo lencho: Shimi La Malyka. “¡Vamos a hacer este coro!”, indica a las asistentes que no dejan de chiflarle por su top anaranjado a juego con la mascada que cubre su cabeza rapada. “¡Anda e-xó!”, pronuncia por el micrófono y brinca; “ti-ca”, corean quienes ya se saben su canción.

En otro evento, las cantantes reggaetoneras Sarmientos y La Shorty también comparten el escenario tras la quinta edición de la Marcha Lencha en la Ciudad de México, convocada por agrupaciones sáficas para celebrar a las lenchitudes, es decir, mujeres cis, trans e identidades no binarias, lesbianas, bisexuales o pansexuales que se relacionan romántica o sexualmente con otros cuerpos feminizados. Es el 21 de junio de 2025 en el Monumento a la Revolución y las manifestantes no sólo luchan por visibilidad, inclusión, existencia y resistencia… piden reggaetón, como diría Don Omar en “Salió el sol”.
“Tu dúo lencho fav” viste de pantalón negro y entona “Juan el mecánico”, una colaboración sobre “cuando te enamoras de una heterosexual”. “¿Qué pedo, ahora sí ya son novias?”, cuestiona Sarmientos, quitándose la gorra. “No, wey, me sigue guardando como Juan el mecánico”, responde La Shorty y se cubre la cabeza a medio rapar con su gorro.
Sonido Violeta, Shimi La Malyka, Sarmientos y La Shorty son algunas artistas independientes que conforman la escena del reggaetón lésbico que comienza a gestarse en el Valle de México. Sus proyectos musicales experimentan desde la producción, la composición y la interpretación hasta la creación de espacios seguros para el perreo y hacer comunidad en la periferia de la ciudad.
Ninguna tiene más de 30 años de edad, pero ya llevan un lustro haciendo música de forma autodidacta y juntas quieren lograr más. “La escena está ahí, pero hay que unirla. Siento que estamos todavía así como regadas por ahí, yo creo que si nos unieramos estaría muy padre”, comenta en entrevista Itzel Sarmientos, “una bellaquita que le canta a otras bellaquitas”, de 27 años.
Son parte del “neoperreo, ese reggaetón hecho por mujeres para otras mujeres fuera del perreo convencional dominado por hombres”, según define Vamos pal perreo: historias, arguendes, poemas y dibujos sobre reguetón, de Patricia Salinas y Juan Pablo Ruiz Núñez.
“Me gustan las morras y les voy a cantar”
Como en cualquier género musical, en el reggaetón hay letras machistas, misóginas y sexistas. Estas críticas se deben, por un lado, a prejuicios racistas y clasistas sobre el origen de este género urbano, asociado con la marginalidad y criminalidad.
Y, por otro, a la relación del reggaetón con la sexualidad. “¿Por qué ellas no se respetan y cantan y bailan reggaetón?”. En general, las preguntas sobre machismo, misoginia y sexismo solamente se le cuestionan a las mujeres y no a los hombres.
Por eso, en las canciones de Sonido Violeta, Shimi La Malyka, Sarmientos y La Shorty las letras explícitas buscan la liberación sexual. Sus rolas abarcan no solamente el consentimiento de las partes, sino el reconocimiento del deseo, el goce y el disfrute de las mujeres y lenchitudes.
“Las morras también pueden decir cómo quieren que les hagan y deshagan, y qué quieren y qué no quieren, por eso el reggaetón es muy poderoso en ese aspecto. A mí me gustan las morras y le voy a cantar las morras lo que soy. Eso es lo que lo que muestro y lo muestro orgullosa para conectar con gente que me entiende, simplemente porque soy yo misma”, reivindica Sarmientos. “Lo que expreso es lo que me gusta, es quién yo soy”, se reconoce en su música Shimikol Rodríguez.


México.
De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (ENDISEG) 2021, la más reciente, existen alrededor de 2.7 millones de mujeres en México que reconocen sentir atracción por personas de su mismo sexo o de otras identidades sexogenéricas. Ellas son el público de Sonido Violeta, Shimi La Malyka, Sarmientos y La Shorty.
Con letras como “Del uno al diez, mami, me gustas un millón, quiero perrearte hasta romper el pantalón” en “Talento”, de Sonido Violeta; o “Te toco, me tocas, baño de sudor, te mojo, me mojas”, en “Rebota Bota” de Sarmientos, el “bellaqueo lésbico” desmitifica la sexualidad heteronormativa ideada para provocar placer solamente de los hombres.
80 y 90: mujeres siempre presentes en el reggaetón, pero no se les reconoce
El reggaetón es un género urbano que surgió en El Caribe, específicamente en Panamá, en la década de 1980 pero que las juventudes consolidaron en Puerto Rico durante los años noventa dentro de las ciudades, en sus cinturones, en sus márgenes, es periférico, sin duda, lo cual es fundamental para entenderlo y contextualizarlo. Desde entonces, las mujeres siempre han estado presentes pero no han tenido el mismo reconocimiento que los hombres.
Anitta, Karol G, Lorna, Natti Natasha y Tomasa del Real son algunas de las mujeres exponentes, incluidas en el listado “Las 100 mejores canciones de reggaetón de todos los tiempos”, de la revista Rolling Stone. “Ellas son sólo las caras, pero hay muchas mujeres detrás”, sostiene en entrevista Nene Ghetto, creador del proyecto Mujeres del Reggaetón, una iniciativa puertorriqueña de investigación y archivo de las precursoras de este género urbano.
El reggaetón debe analizarse en toda su performatividad y no únicamente a través de las voces que lo cantan. Esto para visibilizar a las mujeres en un género que solía estar dominado por hombres hasta que ellas lograron mayor presencia como solistas.
“La historia de las mujeres en el reggaetón, como en muchos otros ámbitos, ha sido olvidada, ha sido borrada o ni siquiera ha sido escrita”, señala en entrevista la dj reggaetonera Sarah Dominique, Milothicc.
La cantante puertorriqueña Génesis Ríos, Nesi, quien hace la intro “Antes tú me pichabas, ahora yo picheo. Antes tú me querías, ahora yo no quiero ¡Tranqui!” en la canción “Yo perreo sola”, es la única artista femenina que colabora en el disco YHLQMDLG, que lanzó Bad Bunny en 2020 vestido de mujer, pero a diferencia de los hombres, no aparece en los créditos.
“Este es un ejemplo, de muchos, de las tantas voces icónicas que formaron parte de canciones muy populares del reggaetón, y de las cuales esas mujeres nunca tuvieron un crédito”, evidencia la cantante, compositora y productora argentina Cazzu en su libro Perreo, una revolución. “Atrás quedaron los tiempos en que las mujeres del reggaetón solo podían optar a coristas, a volverse meros arreglos musicales o instrumentos para el manejo de machirulos”, alienta la autora.
2000: las mujeres en el reggaetón son creadoras, no musas
Desde siempre, el reggaetón ha incomodado a los más conservadores porque propone una narrativa donde las mujeres tienen libertad sexual. Una libertad que históricamente ha sido reprimida.
“Yo crecí con el reggaetón desde la primaria, esas canciones marcaron mi vida bien cabrón y como que me despertaron algo que no me había despertado ningún otro género musical: toda la vida me gustó el perreo”, recuerda Sonido Violeta, a sus 27 años de edad.


Durante décadas, las canciones de reggaetón contaron lo que supuestamente les gustaba a las mujeres, pero eran los hombres quienes lo enunciaban. Esto ocasionó que las representaciones fueran más parecidas a una fantasía masculina, como consecuencia de que ellas no eran creadoras, sino musas.
“Las mujeres como musas hemos tenido un lugar en el género literalmente desde el comienzo, pero ha sido de una manera, siento yo, irreal porque la gran mayoría de canciones que hablan de nosotras lo hacen desde sus narrativas, desde lo que ellos proyectan en nosotras”, considera Sarah Dominique.
En la década del 2000, específicamente en 2003, un acontecimiento que marcó la historia del reggaetón fue que la cantante puertorriqueña Ivy Queen lanzó el álbum Diva, del que se desprende el éxito “Quiero bailar”, donde canta “Yo quiero bailar, tú quieres sudar y pegarte a mí, el cuerpo rozar. Yo te digo sí, tú me puedes provocar… eso no quiere decir que pa’ la cama voy”. La Caballota es mencionada por especialistas y cantantes de perreo lésbico como una mujer pionera en este género y, sobre todo, como una creadora que pone límites.
“A mí me parece genial que las mujeres finalmente estemos expresándonos en un género como el reggaetón y que estemos cada vez más metidas en él”, destaca Ariadna Estévez, investigadora del Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
2010: de Chocolate Remix a Rosa Pistola y el reggaetón mexa
A la par que el reggaetón comenzó a sonar en otras ciudades periféricas de Latinoamérica, las mujeres y disidencias sexogenéricas empezaron a incursionar en el género. Es así que la historia del reggaetón lésbico en México no se puede contar sin Chocolate Remix ni Rosa Pistola.
“El reggaeton se consolidó en la cultura underground de Puerto Rico, frente a la criminalización de la juventud en la periferia. Y esta misma expresión la podemos ver ahora en otras ciudades de América Latina, como en la zona metropolitana del Valle de México”, explica la investigadora Estévez.
Chocolate Remix es el proyecto solista de reggaetón de la productora argentina Romina Bernardo. En 2013, cuando compartió en Facebook la canción “Nos hagamos cargo”, mostró interés por abordar temas como la sexualidad y el género con una perspectiva transfeminista.
Su música se popularizó y en 2016 Chocolate Remix lanzó el tema “Como me gusta a mí”, donde interpreta “es que me fascina verte dildo en mano, mi gata fina”, mientras en el audiovisual la cámara recorre una larga cama con mujeres estimulándose a ellas mismas o a otras. Casi un año después de ser subido el video a YouTube, el canal de la cantante fue bloqueado por tres meses.
Para Sonido Violeta, Shimi La Malyka, Sarmientos y La Shorty, Chocolate Remix es de los primeros referentes dentro lesboreggaetón. Su música dejó de ver a las mujeres como objetos sexuales para darles su lugar como sujetas de su sexualidad.
“Es muy satisfactorio saber que como mujeres nos estamos ganando el espacio que nos merecemos, que podemos hacer lo mismo que los hombres y, por lo tanto, podemos cantar reggaetón”, asegura Cazzu en su libro Perreo, una revolución. “La nueva ola de morras que están haciendo reggaeton hetero también está muy chida”, concuerda Sarmientos.
Como mujeres exponentes del reggaetón mexa están Bellakath, Cachirula, Kenia Os y Yeri Mua. “Ahí está esta presencia de morras en el mainstream mexicano, lo que ellas hacen es algo bien cabrón y creo que es cuestión de tiempo, de muy poco tiempo, para la escena de las lenchas”, expresa Shimi La Malyka.
Para las expertas, ya hay un reggaetón que suena a México, con temáticas y referencias locales, su propio léxico y vestimenta, que fue expandido por djs que proponían nuevas mezclas de sonidos para las batallas de pasos de baile, sobre todo en fiestas en discotecas o terrenos de barrios al oriente de la ciudad y sus límites con el Estado de México. Por ejemplo, Rosa Pistola, juega un papel importante al ser de las pocas mujeres que entró en la escena del reggaetón mexa actual.
“México es surreal, todo está saturado y creo que también se puede percibir en la música. En México el reggaetón es muy único y especial, en Colombia es comercial y normal. Cuando llegué a México sonaba muy distinto, me hizo enamorarme”, menciona en el documental Estado de Reggaetón la colombiana Laura Puentes, nombre real de Rosa Pistola, quien desde 2015 es dj reggaetonera.
“Como parte esencial de mi labor, busco promover el talento de jóvenes que destacan por su singularidad. En esta ocasión, me complace presentar a @shimilamalyka, una joven de 21 años nacida en Guatemala pero criada en Tepito”, promueve Rosa Pistola a “La nena”, una colaboración que hizo con Shimikol Rodríguez.
El reggaetón mexa no sólo enfrenta el machismo ante la liberación sexual femenina, también el clasismo de quienes se niegan a aceptarlo como parte de la identidad mexicana y la exotización del barrio de “reggaetoneros de clóset” que lo adoptaron sólo por su llegada al mainstream. El subgénero resignificó en sus composiciones palabras que se usaban únicamente como insulto como puta, gata, perra, ñero, chacal.
Las reggaetoneras lenchas están orgullosas de sus orígenes barriales y el barrio es parte de la identidad y la estética de sus propuestas: Sonido Violeta, del municipio mexiquense de Cuautitlán Izcalli; Sarmientos, de la zona de Vallejo; y La Shorty, de San Juan de Aragón, ambas al norte de la Ciudad de México.
“A mí me ayuda siempre a no olvidarme que de aquí vengo y, adonde yo llegue, voy a saber de qué lugar salí”, dice Shimi La Malyka, quien ha grabado sus videos en calles tepiteñas y se enorgullece por ser “lencha, tatuada y morena”.


2020: espacios seguros para el reggaetón lésbico
En cualquier lugar ya suena al menos una canción de reggaetón: forma parte del paisaje sonoro de las calles del barrio al mismo tiempo que el género se viste de gala para una premiación internacional. Fue tal su impacto en Latinoamérica que en 2004, el Grammy Latino al mejor álbum urbano fue, por primera vez, desde su primera entrega en el año 2000, para un reggaetonero: el puertorriqueño Vico C.
El género cruzó fronteras para escucharse y bailarse en todo el mundo, incluso lo cantan quienes se rehúsan a aprender español o lo consideraban un gusto culposo. Eso ocasionó que disminuyeran las críticas en su contra pese a su alto contenido sexual que habla de sexo con palabras de sexo.
Aunque el reggaetón lésbico se abre paso en medio de la homofobia y el conservadurismo, no había mujeres cantándole a otras mujeres, mucho menos en el mainstream. En la escena internacional destacan la cantante puertorriqueña abiertamente lesbiana Young Miko, quien interpreta “En esta boca te volvías tan loca, tu mirada de fuego me quitaba la ropa”; o la cantante dominicana Tokischa, quien es bisexual y a dueto entona en “Linda”: “Llegué tarde a la cita, estaba con la Rosalía, las amigas que se besan son la mejor compañía”.
“Hoy podemos decir con orgullo que tenemos a Villano Antillano, que tenemos artistas trans dentro del género urbano, dentro del reggaetón”, destaca Nene Ghetto a la puertorriqueña que luego de distintos hits consagró su éxito en una sesión de freestyle con el argentino Bizarrap en la cual rima “Que si vengo pesaíta’, que si ya tengo tetitas, si me tiré con tu gato, mala mía”.
La escena independiente del reggaetón lésbico en el Valle de México conformada por Sonido Violeta, Shimi La Malyka, Sarmientos y La Shorty busca construir espacios seguros para ellas mismas y sus seguidoras. Hasta ahora lo han conseguido en fiestas que organizan donde las mujeres de la diversidad sexogenérica que asisten no se visten para la mirada masculina y no son acosadas por los hombres cishetero, porque no tienen acceso.
Son espacios para su propia libertad, que respetan su expresión de género, los pronombres con los cuales se identifican, para escuchar nuevas propuestas musicales y perrear durísimo doblando las rodillas hasta abajo mientras las nalgas tocan el piso y el círculo que las rodea aplaude. Son ellas quienes deciden si todo se queda en la pista o llega a algo más.
El reggaetón es desde siempre bailable pero no hay pasos definidos, sino que se van improvisando sobre la marcha. A diferencia de otros géneros musicales, no sólo se baila en pareja, puede ser a solas o en grupo.
“Es bastante suelto, es de los bailes caribeños que más margen de maniobra ofrecen a las mujeres. Yo puedo decidir si me pego o no, si me doy la vuelta, puedo marcar el ritmo, puedo tirarme al suelo, apoyarme en la barra, irme a bailar sola, regresar… ¿Por qué los citados bailes en los que la mujer tiene cero margen de maniobra no han sido tachados de machistas?”, dice June Fernández en su artículo “Si no puedo perrear, no es mi revolución”.
El lesboreggaetón rompe además con la idea de que hay un solo lugar para las mujeres y de que solamente una puede llegar a ocuparlo. “Tengo fe en que eventualmente podamos estar en una escena que nos atraviesa a todas, juntas, y eso es algo que estoy tratando. Yo sigo jalando morras, sigo jalando lenchas de que ‘vamos a hacer eventos’, ‘vamos a colaborar’, porque de eso se trata y yo voy a seguir luchando hasta que se logre, hasta que tengamos así como un Flow Fest de lesbianas”, afirma Sonido Violeta.










