Yo tejo como mi abuelita, tejo para quienes amo

Nov 16, 2017

Tejer como forma de sanar. Imagen: Margarita Nava

Yo tejo por mi abuela, recuerdo que desde niña todas las vacaciones de verano que pasé con ella inicié la lección de tejido, realmente no quería aprender, por eso no le ponía empeño, pero ella terca, como ha sido siempre, nunca quitó el dedo del renglón “tienes que aprender, es muy bonito”.

Después crecí y no sé qué pasó, quise tejer, no tenía muy claro por qué, e intenté aplicar lo poco que aprendí en la niñez…fracasé miserablemente, volví con la cola entre las patas al regazo de la abuelita quien con paciencia me enseñó. “Gancho y agujas, tienes que aprender de las dos, ay mijita que raro le haces pero mira… te quedó como debía de quedar, aprietas mucho los puntos, ahí tenías que ponerle un aumento, como que cómo se hace, a ver trae para acá, fíjate bien: en este punto en la siguiente vuelta teje dos en vez de uno”

Tejer no es cosa fácil, es un lenguaje, cúmulo de conocimientos: tecnología.

“¿Tejes? Ay que loco, nunca pensé que alguien como tú, tejiera”. Tejer como mujer joven es un tema, muchas mujeres jóvenes: feministas o no, rechazamos las actividades feminizadas, como si la sociedad no hubiera hecho eso mismo durante siglos, como si hubiera algo más rebelde que tomar algo entre nuestras manos y transformarlo.

Crear algo nuevo que es justo como tú quieres que sea, como si hubiera algo más lleno de cuidado y amor que la relación uno a uno que existe entre quien teje y para quién es el tejido, como si hubiera algo más radical que rehusarse a la estandarización y crear algo único y lleno de corazón, como si hubiera algo más sororo que recuperar los saberes de mi abuela y darles el valor que merecen, porque mi tejido, mi bordado y mi cocina sí son los de mis abuelas y mi madre, porque ellas todo me enseñaron.

Parte importante de mi niñez transcurrió en la casa donde vivían mi abuela y su madre. Las recuerdo sentadas todas las tardes tejiendo crochet, tomando café y repasando los sucesos del día. Una vez por semana llegaban otras mujeres a la casa, vecinas o amigas que no sólo venían a aprender a tejer, también a hablar y a reír, desde pequeña me asombraban las cosas hermosas que salían de sus manos, lo serenas que se veían después del trajín de la semana: hijos, maridos, escuelas, cocinas, trabajos… por fin un momento para compartir con otras.

Ahora lo entiendo: Las mujeres tejemos porque disfrutamos enormemente de crear cosas bellas y buscamos cosas que nos dan paz.

Cuando crecí, el tejido cobró un nuevo sentido para mí, me he curado un par de fracturas de corazón a base de ganchillo, agujas, estambre e hilos, porque no hay nada mejor para la angustia y la tristeza que escuchar e hilar tus propios pensamientos mientras tejes, después de tejer todo está mucho más claro, todo tiene mucho más sentido, se trata de, como dice mi querido Ugo, desenredar lo que traes por dentro, enrredarlo por fuera y darle otra forma.

Tejo para quienes amo, cada punto les habla de todas las cosas lindas que les deseo, de lo importantes que son para mí, de lo mucho agradezco su existencia. Me niego a lo desechable, me aferro a los afectos duraderos que no se tiran cuando “no sirven”, a los cariños que se transforman y mutan en otras cosas y como los afectos también me aferro a lo hecho a mano, desde cero con cariño, lo que se conserva y dura para siempre, como la cobija que tejió mi abuela para mi cuando supo de mi llegada al mundo y que al día de hoy descansa en mi cama.

Las feministas defendemos a capa y espada los espacios de mujeres y creo fervientemente que deberíamos de volver a tejer juntas y es que hay algo especial entre un grupo de mujeres que se reúnen a tejer, bordar, coser… estas actividades te dan la posibilidad de la escucha activa, juntas, mientras creamos cosas con nuestras manos podemos pensar, podemos abrir nuestro corazón, hablar de nuestros problemas, buscar soluciones juntas, hilamos ideas, entretejemos nuestras historias, aprendemos unas de otras y construimos desde el amor, el amor que sólo se puede experimentar entre mujeres, creamos un nuevo cotidiano que nos permite sanar las heridas y respirar en este mundo que nos quiere ver ahogadas; ganar fuerzas para combatir.

 

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