Matar el mito de Scherezade nos hará libres

Sep 14, 2017

Soy lo que me dicen que no diga
ni sueñe
ni piense
ni ose
ni tome.
Soy lo que me dicen que no sea”
Joumana Haddad. Geología del yo

 

Scherezade no sólo ha sido la mayor hacedora de historias, la genia cuentística que creó un universo fantástico cada noche, por tres años, de manera ininterrumpida, la autora de los cuentos que conforman “Las mil y una noches” y que son la mayor fuente imaginativa sobre el mundo árabe en el universo de las y los niños.

Scherezade también es la mayor sobreviviente, una mujer joven que retó el asesinato sistemático de un sultán feminicida, que noche tras noche desposaba a una mujer distinta para matarla después. Su pueblo, devastado por esta depredación maldita, había perdido ya a todas las mujeres jóvenes, víctimas de su abuso de poder, asesinadas o desplazadas porque huir era la única forma de sobrevivencia.

¿Scherezade es una heroína?, ¿qué significa su figura para las mujeres tan diversas de lo que llamamos “el mundo árabe”?, ¿qué relaciones de poder mantuvo o desafió Scherezade? Las respuestas feministas varían.

Para Fátima Mernissi, feminista marroquí, Scherezade sí es una heroína. En Scheherazade Goes West (Washington Square Press, 2001) sostiene que su imagen mítica se ha extendido en el mundo árabe como el epítome de la mujer estratega, una pensadora poderosa, una erudita que con tres habilidades cruciales salió victoriosa: un conocimiento alimentado por profusas lecturas de la época, una gran habilidad para desentrañar la mente criminal del sultán, y el dominio férreo de sus emociones ante el miedo de su inminente asesinato.

Por el contrario, para Joumana Hadad, poeta y feminista libanesa, el mito de Scherezade perpetúa la idea machista de que las mujeres debemos de complacer a los hombres para abrirnos camino: “con una historia, con una buena comida, con un par de tetas de silicona, un buen polvo o lo que sea” (Yo maté a Scherezade. Confesiones de una mujer árabe furiosa; Debate, 2010). Joumana nunca ha sido una gran admiradora de Scherezade y decidió matarla simbólicamente, porque cree que tenemos que contar historias para el placer y no para sobrevivir, porque cree que debemos tomar nuestros derechos, no negociarlos. Para ella, Scherezade negoció su feminicidio, no sacó las garras. Y en el asesinato alegórico de Scherezade mató también las represiones de toda su historia de vida, que le impusieron callar, no hablar, autocensurarse, dejar de gozar, sujetarse a los estereotipos de belleza:

“Maté a Scherezade con las manos de mi profesor de matemáticas de cuarto, que quería convencerme de que los niños eran buenos en números y las niñas, en cocina.

Maté a Scherezade con las manos de todas las muñecas Barbie que contaminan la mente de todas las niñas pequeñas de todas las ciudades del mundo”.

Joumana Haddad es una mujer árabe, poeta, feminista y originaria de Líbano, un país de mayorías cristiana y musulmana al centro del Medio Oriente, entre Israel, Jordania y Siria. Desde noviembre de 2008 distribuye en Beirut la revista JASAD, que significa cuerpo, y es conocida como la “primera revista erótica del mundo árabe”, que según el diario El País, ha sido condenada como incitadora de la pornografía por abordar contenidos sexuales explícitos y temas tabú como el incesto, el fetichismo y la ninfomanía.

Joumana desafía abierta y orgullosamente los estereotipos que hemos construido desde Occidente sobre las mujeres árabes y afirma fuerte y clara que muchas mujeres como ella no usan velo, se visten como les da la gana, hacen lo que quieren, no tienen que pedir permiso para conducir, tienen vidas profesionales muy activas y a veces, incluso, ganan mucho más que los hombres.

Joumana visitó México en agosto para ser parte del XVII Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas en Puebla, en Luchadoras platicamos con ella sobre Scherezade y el impacto de los mitos en las vidas de las niñas y las mujeres. Esta fue nuestra conversación.

Para empezar hablemos de las niñas, de la creatividad y la potencia con que cuentan para desafiar las normas, ¿cómo crees que las infancias moldean las vidas de las mujeres, cómo fue la tuya?

Nuestras infancias moldean nuestras vidas futuras, no solo como niñas, como mujeres, sino como humanas. Yo hasta ahora estoy descubriendo todavía rincones en el profundo de mi misma que son resultado de mi niñez. Siendo una niña que ha crecido en una ciudad donde había una guerra muy violenta, y en circunstancias muy difíciles, y en una familia conservadora, hasta ahora estoy luchando para liberarme de todas las cadenas que esa infancia me ha impuesto, ya también para aceptar todas las heridas que esa infancia me ha dado. Pero también pienso que la manera con la cual te hablan de niña es la manera con la cual te ves como mujer. En vez de decir a las niñas, “tú no puedes decir o hacer esto, porque eres mujer”, darles esas ganas de desafiar el mundo. Porque desde el desafío empieza la fuerza.

Como Scherezade, hay mitos fundacionales que nos dicen a las mujeres qué nos está permitido y qué no, ¿por qué la importancia de matar los mitos y cómo podemos reconstruir nuevas imágenes desde la libertad?

Yo pienso que es muy importante para nosotras las mujeres hacer una deconstrucción de todos los mitos que nos privan de nuestra fuerza, como el mito de Eva, como el mito de Scherezade también, porque claro que Scherezade fue una mujer muy inteligente, que utilizó su imaginación para salvarse la vida, pero también para mí es un símbolo de negociación, ha negociado, ha contado historias al hombre para tener el derecho fundamental de estar viva. Ya tenemos que cerrar con las concesiones y las negociaciones, y claro que son asesinatos necesarios, no por terminar con el mito sino por reinventar ese mito de manera en que nos puede empoderar como mujeres.

¿A qué te refieres cuando hablas del “Triángulo árabe de las Bermudas” de sexo-religión y política, y sus impactos sobre los cuerpos y la sexualidad de las mujeres?

Yo pienso que todo empieza con la religión. Estoy hablando sobre todo de las tres religiones monoteístas, porque en todas ellas la mujer es una costilla del hombre, y esa es una metáfora muy fuerte porque te dice que tú como mujer eres solo una pequeña parte, y el ser más importante es el hombre. Y aún es una metáfora o un símbolo pero es muy dañino. También la religión tiene esa obsesión de controlar la sexualidad, de todos pero sobre todo de las mujeres. Entonces no podemos hablar de liberación sin hablar de la religión, y sin hablar de política, porque la política muchas veces está en armonía con los poderes religiosos para controlar a la gente. Y es por eso que, por ejemplo, cuando me dicen por qué has elegido hablar de sexualidad, yo les digo que todo está conectado. Tú tienes que empezar a destruir uno de esos muros, y Yo decidí empezar a derribar el muro de la sexualidad porque no lo puedes destruir sin derribar primero el muro de la religión y de el muro de la política.

En tu plática con jóvenes de preparatoria en la Ciudad de México “Leer y escribir después de Scherezade” les dijiste que debemos crear guerreras y guerreros que luchan para poder transformar. ¿Qué es para tí ser una mujer guerrera?

Saber decir que no, y también decir que sí, cuando tenemos ganas. Porque es otra forma de ser sometidas, yo pienso que debemos escucharnos a nuestras mismas, tenemos la responsabilidad y el derecho de ser tal como somos y de no ponernos máscaras para complacer a la sociedad. Claro que hay un precio que pagar, pero ese precio merece la pena, porque el resultado es una vida auténtica, una vida vivida. Claro, no hay vida sin heridas pero también te da fuerza de aceptar tus heridas, de amarlas y tener fuerza de esas heridas. Para mí ser guerrera es la fuerza de decir, yo soy así, y si no me aceptan es su problema, no el mío.

¿Qué mito imaginas para las mujeres ahora?

Yo he hablado en mi escritura muchísimo sobre Lilith, porque sabes, nosotras crecemos mucho con la imagen de Eva y Adán, y cuando descubrí el mito de Lilith me ha encantado, porque da una idea muy independiente de la mujer: fue la primera mujer que no se ha sometido al hombre, que no era una costilla del hombre, pero claro que las religiones monoteístas han transformado ese mito en un demonio, porque es un mito que puede darte mucha fuerza. Y el femenino es muy fuerte, y por eso da mucho miedo a los religiosos.

Para mí el mito absoluto es Lilith, yo pienso que cada mujer tiene una Lilith dentro que tiene que despertar, que quizás se despertará a su ritmo propio, pero es el mito absoluto de la mujer.

 

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