No recuerdo bien cuándo fue la primera vez que escuché hablar de Virginia Woolf. Si no mal recuerdo, fue cuando Nicole Kidman fue nominada al Oscar por interpretar a la escritora inglesa en la película Las horas (2002). Lo que sí recuerdo bien, es que para cuando cursaba los últimos semestres de la universidad, Virginia era una referencia obligada. Todas hablaban de ella como si la conocieran. La parafraseaban, la citaban y yo (de verdad que así fue) la admiraba y sentía que la conocía aún cuando no había leído ninguno de sus escritos. Y así pasaron varios años sin leer a Woolf, pero dicen por ahí que una encuentra los libros adecuados en los momentos indicados. 

Me encontraba en lo que, hasta ahora, ha sido una de las crisis existenciales más fuertes de mi vida, y no tenía ganas de nada más que de hojear libros, sí, solo hojearlos, no pretendía leerlos. Hasta que “Un cuarto propio” me encontró y me dejó tres grandes enseñanzas:

1.- Vivir bien para pensar mejor

La insistencia de Virginia sobre que las mujeres debemos tener dinero y contar con un cuarto propio para dedicarnos a escribir, sin duda, es el planteamiento más célebre de este libro. Sin embargo, lo impactante es cómo describe los escenarios que justifican su planteamiento. 

Es notable, pensé, guardando el cambio en mi cartera, la transformación que una renta fija opera en el carácter de las personas

Virginia Woolf nació en un ambiente intelectual y privilegiado, aún así, a diferencia de sus hermanos, no fue a la universidad. Probablemente ella no vivió en carne propia la falta de dinero, pero sí la desigualdad de oportunidades por ser mujer. No fue ajena a las historia de otras mujeres cuyos procesos creativos eran precarios de tiempo y libertad para escribir, ya no digamos de dinero. Cita al sobrino de Jane Austen que habla sobre el proceso creativo de su tía:

Es sorprendente, porque no tenía un estudio aparte y mucha de su obra tiene que haber sido compuesta en la sala común, sujeta a toda clase de interrupciones

Los escenarios descritos por Woolf me hicieron pensar ¿qué tan diferentes hubieran sido “Orgullo y prejuicio”,”Emma” o “Persuasión” si además de talento, Jane Austen hubiera tenido un cuarto propio? O ¿qué habría escrito León Tolstoi de haber estado en  las condiciones de las hermanas Brontë?

Así, la idea de tener un lugar íntimo para escribir, y las condiciones para sostenerlo, no es en absoluto un anhelo romántico. En verdad se requiere libertad económica para liberarnos intelectualmente.

Desde luego que grandes obras han sido escritas en condiciones adversas, pero es imprescindible dejar de romantizar la escasez de dinero, de tiempo y de condiciones.

2.- La representación importa

“The goat” (la cabra), como llamaba su familia a Virginia, fue parte del ambiente intelectual desde que nació. Era hija de un historiador y crítico literario y de una modelo y filántropa. Ella misma formaría parte del Círculo de Bloomsbury, un selecto grupo de pensadores y artistas, en el que pocas mujeres fueron admitidas.

Virginia tuvo acceso a una nutrida biblioteca que le sentó bases para asegurar que las mujeres apenas aparecían en la historia, la poesía o la novela, y para criticar los arquetipos que cumplían cuando lo hacían. 

La poesía está todo impregnada de ella (mujer) desde el principio hasta el fin; de la historia está casi ausente

Las mujeres no dejaban de ser objetivizadas por los varones quienes las describían como valientes y poderosas, aún cuando en realidad, apenas eran tomadas en cuenta. Y a las mujeres reales que cuestionaban, reflexionaban y que escribían, no se les llamó poderosas, a ellas, como era de esperarse, se les menoscabó.

La gloria principal de una mujer es que no hablen de ellas, dijo Pericles, hombre de quien todos hablaban

Woolf nos narra la historia de mujeres del siglo XVII que no se atrevieron a escribir (aún cuando eran talentosas) y que incluso criticaban a aquellas que sí lo hacían, por no cumplir con lo que una mujer debía saber hacer: pasar desapercibida.

No debió ser fácil atreverse a escribir cuando las que lo hacían sirvieron de modelo para asustar a otras, por “locas” y por “solas”. 

Cuatro siglos después, nos seguimos enfrentando constantemente a narrativas violentas que intentan objetivizarnos e impedirnos expresarnos libremente. Queda claro: la representación importa.

3.- Escribe, escribe, escribe

Aquí la enseñanza más amorosa que me dejó Virginia: ¡ESCRIBE!, lo que sea, pero hazlo. Sin miedo a tener una opinión propia y expresarla. Mantente abierta a nuevas experiencias y escribe sobre ellas, sin importar la relevancia de los temas. Muéstrate cuando escribas porque “si no cuentas tu propia verdad, no puedes contar la de los demás”.

Woolf nos dejó ocho novelas y muchísimos otros escritos en diferentes formatos (ensayo, cuento, obras de teatro). Junto a su esposo fundó Hogarth Press, cuya primera obra publicada incluía su cuento “La marca en la pared”.

La escritora que rompió esquemas en la narrativa, también lo hizo en las relaciones afectivas. Sostuvo una relación muy importante con la escritora Vita Sackville-West, sobre quien escribió (y a quien dedicó) su novela Orlando (1928), señalada como su obra más ambiciosa, cuyo personaje principal vivió como hombre y luego como mujer.

Woolf se mostró completamente en sus escritos, y es la mejor para inspirarte a tomar ese lápiz y papel, ese ordenador y escribir, simplemente escribir.

Elogio y vituperio nada significa. No, por delicioso que sea el pasatiempo de medir, es de todas las ocupaciones la más inútil, y someterse a los decretos de los mentores la más servil de las actitudes. Escribir lo que una quiere escribir, es lo único que importa, y que eso importe por siglos o por horas, es lo de menos

Por eso les ruego que escriban toda clase de libros, por trivial o por vasto que sea el tema… si quieren complacerme-y hay miles como yo- escribirán libros de viaje y aventuras, de investigación y de erudición, de historia y biografía y crítica y filosofía y ciencia.

¡Feliz cumpleaños, Virginia! Gracias por habernos encontrado.