Texto y fotografías de Lizbeth Hernández

I. Los hechos del #28S

La marcha del #28S, Día de Acción Global por el aborto legal y seguro, en la Ciudad de México, no transcurrió como se esperaba. Más allá de la pandemia por la Covid-19, otras situaciones propiciaron un entorno complejo en donde vimos una acción policial desproporcionada y escenas de confrontación con las mujeres que salieron a manifestarse. 

Los contingentes que salieron del Monumento a la Revolución, integrados por no más de 300 mujeres en un primer momento (se sumarían más para llegar a 600), fueron cercados y posteriormente encapsulados por 1700 policías mujeres del Grupo Atenea. También se dio cuenta de la presencia de policías de Tránsito, de la Policía Bancaria e Industrial y elementos hombres (50 según admitió el gobierno de la CDMX luego de que el medio Animal Político mostrara fotos). 

Pero no solo el despliegue policiaco y la activación de extintores y otros gases, tensó el contexto de la manifestación. Ese mismo 28 de septiembre, Claudia Sheinbaum, la Jefa de Gobierno de la CDMX, presentó información sobre una mujer que supuestamente “estaba financiando” la toma de la sede de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en el centro de la ciudad (renombrada el 4 de octubre como “Okupa Cuba, Casa de Refugio”), la cual inició el 4 de septiembre y fue accionada por distintos colectivos feministas y madres de víctimas de violencia machista en respaldo a la protesta de la madre de una menor que fue víctima de abuso sexual.

También es importante apuntar que el día anterior, 27 de septiembre, las integrantes del Bloque Negro (grupo que llevó a cabo la toma) realizó un pañuelazo por el derecho a decidir en la ex sede de la CNDH y buscaron repetir la acción en la Cámara de Diputados, pero no pudieron hacerlo debido a que también fueron encapsuladas y, tras varias horas de negociaciones, lograron volver a la Okupa. Ese domingo las policías del Grupo Atenea también utilizaron extintores contra las manifestantes.

II. Hacia un contexto más amplio

Tras lo que vimos el 28 de septiembre, volvimos a vivir un escenario de polarización, sobre todo en redes sociales como Twitter: había quienes criticaban la gravedad del actuar policial y quienes decían que la Jefa de Gobierno hizo lo correcto. 

La propia Sheinbaum dijo que se actuó en respeto a la libre manifestación y pidió que se viera lo que pasa en otros países. En otro mensaje en Twitter invitó “a seguir reflexionando sobre la violencia en contra de las mujeres”, se asumió feminista y mostró cómo una manifestante profirió insultos a una policía;  la discusión obvió el contexto más amplio que tiene que ver con el giro que cobraron las manifestaciones feministas a partir de 2019, cuando se empezó a reivindicar la acción directa (pintas, quema de objetos, quiebre de vidrios, entre otras) como una manera de interpelar a las autoridades. 

La acción directa que marcó el cambio y tono de las protestas feministas se dio en la puerta de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México durante una protesta realizada el 12 de agosto de 2019, que inició afuera de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, luego de que se reportara que tres mujeres habían sufrido abuso sexual por parte de policías de la capital (todos esos eventos ocurridos por separado). 

Así comenzó una serie de movilizaciones en redes y en las calles denominada #NoMeCuidanMeViolan, que tuvo su punto cumbre el 16 de agosto en la protesta en la Glorieta de Insurgentes. En esos días, Sheinbaum fijó postura aludiendo a que su gobierno no caería en “provocación”.

Después siguieron otras acciones directas no solo en la Ciudad de México, también en el Palacio Nacional y en el Congreso de Sonora. La acción policial también cobró otros matices respecto a estas movilizaciones como hemos visto en Guanajuato, Veracruz y Tijuana, por ejemplo.

Y no puede quedar fuera el posicionamiento del Presidente Andrés Manuel López Obrador, quien en distintos momentos ha minimizado la gravedad de las violencias machistas que viven las mujeres en México. 

Esto es parte de lo que también da otro matiz al momento de pensar no solo lo ocurrido el #28S, sino lo que seguirá con este tipo de protestas en la CDMX: ¿Se puede pensar en rutas de diálogo entre las mujeres que protestan y denuncian otros tipos de violencia policial, el gobierno y los elementos policiacos?

III. Claves para pensar (a través de tres voces distintas)

¿Cómo situar y pensar lo que pasó el #28S y no quedarnos en posiciones contrapuestas? ¿A qué poner atención pensando en lo ocurrido y escenarios para futuras protestas? Con estas preguntas en mente, me acerqué a tres mujeres: la socióloga Teresa Rodríguez de la Vega, la analista de políticas de seguridad Lilian C. Koloffon y Erika Martínez, una de las madres que permanece en la Okupa en la ex sede de la CNDH.

El contexto de actuación policial 

Teresa Rodríguez de la Vega considera que en el #28S había elementos para que las cosas se salieran de control:

“Creo que sí podemos hablar de un escenario de provocación montada, y lo que está por verse es si el gobierno montó la provocación intencionalmente o si estamos ante una inexplicable pero posible situación de torpeza política, porque el comunicado que se da en la mañana por parte de la Jefa de Gobierno para exhibir la identidad de una mujer que había dado apoyos materiales a la Okupa del edificio de la CNDH, generó un ambiente de descalificación y deslegitimación muy importante contra el movimiento […] Si a eso sumas una presencia policial desproporcionada, aún cuando está el plantón de FRENAAA en el Zócalo […] Desde mi perspectiva una de las primeras cosas que hay que decir es que la responsabilidad política directa de lo que pasó el lunes 28, es de la jefa de gobierno […]”.

Para Lilian C. Koloffon lo que sucedió el #28S fue un contexto complejo respecto a las obligaciones del actuar policial: 

Fue una demostración de fuerza muy poco estratégica por parte de las autoridades de la Ciudad de México. [...] En el momento en que hay personas utilizando o portando armas, un bat o un martillo o incluso estos encendedores que se usan con aerosol como lanzallamas, claro que la policía tiene que intervenir [...] Ahí radica el papel de la policía en medir la fuerza y hacer cumplir la ley, y es ahí la dificultad de ponderar entre qué tanto intervienen obstaculizando libertades. Pero tampoco las autoridades pueden ser omisas en situaciones donde se puede poner en riesgo la integridad.

Por su parte, Érika Martínez habla de lo que se vivió en manifestaciones los días anteriores al #28S y que también forman parte del contexto de actuación policial de la ciudad. Tanto el sábado 26 de septiembre en la marcha de Ayotzinapa, como el domingo 27 de septiembre cuando un grupo de chicas de la Okupa salió a marchar en pro del aborto:

(el domingo 27 de septiembre) Yo acudí a negociar con las autoridades. Hablo con uno de ellos y me dice que sí, que me va a permitir el paso para hablar con las compañeras. Al momento de pasar por esta valla de Ateneas, me empiezan a golpear en la cara hasta que llegó el policía que me había dado la oportunidad de hablar con las chicas y les empieza a gritar que me soltaran. Así había muchísimas Ateneas agrediendo a las chicas. Nos empezaron a echar gases de extintores. Traían un extintor pequeño que arrojaba una espuma que ardía en la piel, provocaba un ardor horrible. A mí me llegaron a rociar con esta espuma y no sabemos qué químicos traiga porque hasta el día de hoy no puedo enfocar bien mi vista.

Ya el día lunes pudimos ver que otros policías también aventaban cohetones hacia las compañeras, que volvieron a lanzar gas lacrimógeno o pimienta, que usaron ese extintor con espuma que hace que la garganta se te cierre… Estamos viendo que quieren empañar este movimiento, que dicen que un partido político nos está apadrinando, ahora nos dicen que otra persona nos está pagando. 

Yo les quisiera invitar a que revisaran mi caso y me dieran una respuesta, y que revisen el caso de todas las que estamos acá, que vean las exigencias que estamos teniendo. Es más fácil callar a estas mujeres que darles una respuesta”.

La acción directa

Uno de los puntos que más suelen causar reacciones encontradas son las acciones directas durante las protestas, sobre todo del último año. Además del contexto mencionado antes en este mismo texto,  ¿cómo pensar las acciones directas? Al respecto, Teresa Rodríguez de la Vega reflexiona:

Creo que el movimiento feminista en México ha reivindicado el derecho a la rabia, dada la situación grave que guarda la violencia contra las mujeres en el país y la invisibilización histórica por parte del gobierno local y federal. Las intervenciones de López Obrador han sido incluso más lamentables que las últimas de Claudia Sheinbaum en términos de invisibilizar, de desaparecer del debate público el problema y de minimizar, por lo tanto, la justeza de las demandas. Si a esto sumamos que desde hace tiempo, el gobierno está diciendo que hay una infiltración sistemática, como si fuera un movimiento montado con intereses oscuros, pues me parece que las feministas tenemos toda la razón de estar muy encabronadas.

Además de lo que respecta al Estado, al gobierno local y federal, Rodríguez de la Vega habla de otros aspectos que tienen que ver más a nivel interno del movimiento y las acciones directas:

“El problema tiene que ver con qué lugar le queremos dar a la acción directa en nuestros procesos organizativos. Si la acción directa es una estrategia que asumimos en nuestros espacios deliberativos por su potencia simbólica, por cómo interpela en el espacio público, pues vale. La acción directa tiene que ser altamente discutida en nuestros espacios de deliberación política. 

El hecho de que el contingente policiaco fuera de mujeres no armadas, fue parte de la estrategia política del gobierno respecto a las escenas que, en la hipótesis de que se montó una provocación, se vieron. Y en este sentido nuestra discusión tendría que ser: ¿Caímos o no en la provocación?  ¿Cómo hacemos para que la protesta mantenga su fuerza, su potencia simbólica, pero no ponga a las compañeras en riesgo? 

La acción directa debe estar politizada, ‘no puede ser que cada una exprese su rabia como quiera y en ese sentido yo no estoy de acuerdo con “la que quiera romper que rompa, la que quiera quemar que queme”, porque me parece que tenemos responsabilidades colectivas como movimiento, y no es que cada quien se desahogue como pueda, es que tomemos la decisión de qué lugar va a tener la acción directa en el conjunto de nuestra estrategia y ser respetuosas de las compañeras que no estén de acuerdo, todo hacerlo con mucha responsabilidad”.

¿Y los protocolos?

Tras el #28S sabemos que vendrán más protestas, la violencia machista está lejos de erradicarse en México. Por eso, me pareció pertinente consultar a Lilian C Koloffon ¿Y qué pasa con los protocolos de actuación de la policía? Ella comparte:

“[…] Tendría que haber un protocolo para cada marcha, porque en el caso de las marchas feministas, no solamente están integradas por un tipo de manifestante que puede ser una manifestante pacífica pero que tiene una posición enérgica, y este otro tipo de contingente más extremo; y en cualquier tipo de marcha hay este tipo de grupos.

Es importante no dejar por fuera que, aunque la marcha era para pedir el aborto en todo el país, hay demandas de acceso a la justicia que están incumplidas. Entonces sí creo que lo primero que falla, y las consecuencias que vemos por el uso deficiente de la fuerza por parte de la policía, es la política.

Los actores que hacen la negociación y operación política, debieron haber entrado en contacto para explicar la situación de riesgo a las mujeres de la marcha, y me parece que en México estamos muy acostumbrados a obviar este tipo de comunicación y entonces, como la política falla, se avienta por delante a la policía y vemos cómo se traduce en una confrontación totalmente innecesaria”.

Sobre el Bloque Negro

La presencia de contingentes de encapuchadas (que pertenecer a diferentes colectivas o son mujeres de a pie)  en las movilizaciones feministas se ha vuelto muy relevante. Sus acciones (con todo y la polémica que provocan) le han dado otros matices a las protestas. ¿Cómo situar su manera de interpelar a las autoridades? Sobre esto pregunté a Erika Martínez, quien hace referencia al Bloque Negro de la Okupa Cuba. Ella dice:

“Es algo a lo que el sistema nos ha orillado, nosotras hemos hecho denuncias, hemos participado en marchas pacíficas […] Nosotras no respondemos si no somos violentadas, hemos marchado sin hacer destrozos, pero lamentablemente este nuevo sistema que han usado para reprimirnos está fatal, porque está violentando todos nuestros derechos.

Quiero decir que detrás de esa capucha está una mujer, una mujer que ha sido violentada y que, con o sin carpeta de investigación, ellas están tratando de cambiar esa violencia. Ellas pintan y rompen porque es lo que han sentido en su cuerpo, están rotas, violentadas, en su cuerpo traen una marca, una huella, una herida...Una piedra. Una escultura se van a poder despintar, pero una herida en una mujer, ese sentimiento no se borra nunca en la vida; una violación sexual no se olvida, que a una madre le maten a una hija es lo peor que le puede pasar a una mujer.

El 29 de septiembre, el presidente Andrés Manuel López Obrador también aludió a que hay “intereses infiltrados” y dijo que se va a garantizar el derecho a la libre manifestación, siempre y cuando las marchas sean pacíficas. Ese día también habló de que no hay transparencia en la Okupa y sobre esto Erika Martínez apunta:

“No sé qué quiera que le transparentemos. Para empezar hay dinero, pero es de las donaciones, ese dinero se ocupa para alimentarnos, para trasladar a las víctimas ¿Qué quiere transparentar? Él sabe por qué estamos aquí, que una mujer que entró a okupar el 4 de septiembre fue en búsqueda de verdad y justicia en el caso de abuso sexual de su hija menor de 7 años, esa es la transparencia que hay. Que recuerde sus palabras de que él no necesitaba de guaruras, que él venía del pueblo y que él quería acercarse a todo el pueblo. Así lo invitaría yo a que pase todo un día con nosotras, que durmiera, que comiera, que vistiera, porque todas nosotras vestimos de esas donaciones y de todo lo que llega acá. Que venga y sepa lo que una madre y una hija han vivido durante tres años y que hasta el día de hoy, a un mes de estar aquí, no nos dan justicia, y que aún así nos tachan de violentas, que aún así nos tachan de que no sabemos lo que queremos, de que no entienden el por qué estamos aquí. Eso es una burla para nosotras, para mí, porque todos están enfocados en la violencia que estamos ejerciendo pero nadie se enfoca en la violencia que se ejerció en contra de nosotras.”

Lo ocurrido el #28S de este 2020 (desde el actuar del gobierno de la CDMX, su policía, hasta el de las manifestantes) da elementos para analizar hacia dónde irán las protestas de las mujeres, cómo responderá el Estado, qué alternativas se tienen. Importa pensarlo y situarlo porque en CDMX, como en distintos lugares del país, vemos momentos que conforman un punto de inflexión en las maneras en que las mujeres exigen la erradicación de la violencia machista en las calles y es clave no quedarnos en polémicas que obvien contextos y voces.

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