En el año 2003, la UNICEF y la FIFA designaron el 11 de octubre como el Día Mundial del Futbol para las Niñas. Esta iniciativa ha tenido como propósito resaltar el derecho a jugar y el derecho a recibir educación, mismos que históricamente han sido negados a miles de niñas en todo el planeta. Ese año se llevó a cabo en Estados Unidos la cuarta edición de la Copa Mundial Femenil de la FIFA, en la que se coronó campeona la selección alemana. El crecimiento del futbol femenil, desde entonces, ha sido exponencial alrededor del mundo: se han celebrado cuatro mundiales más, han surgido nuevas ligas en diversos países (entre ellas la Liga MX Femenil) y aunque los sueldos han mejorado para las jugadoras, todavía falta mucho por recorrer en el camino hacia la paridad. 

En México, el futbol pasó décadas sin ofrecer posibilidades de profesionalización para las mujeres, pues éstas llegaron apenas en 2017. Para las niñas mexicanas, tomar un balón y ponerse a jugar tal vez no estaba prohibido, pero sí era un desafío a lo establecido y, sobre todo, una elección que no llevaba a ninguna parte. Aún al día de hoy, no todas las niñas tienen la libertad de tomar un balón y jugar futbol. Ese simple acto, para muchas de ellas, sigue siendo una revolución, pues “las mujeres no podían dedicarse a ser futbolistas”. Por eso, ver ahora entre el público de los estadios del país los rostros de miles de niñas iluminarse ante la presencia de sus jugadoras favoritas es una satisfacción. Además, poco a poco, la Selección Mexicana Femenil ha vuelto a hacer del emblemático Estadio Azteca su hogar. Apenas en este 2021, la Selección volvió a ese escenario con público tras catorce años de ausencia para enfrentarse a Colombia. Se dice fácil, pero es el resultado de una constante exigencia por parte de jugadoras y afición.

Foto: Pequeña aficionada de Jocelyn Orejel espera a su ídola en el Estadio Azteca

Sin embargo, el crecimiento del futbol femenil no ha estado exento de polémica, pues a finales de septiembre de 2021, la Comisión Federal de Competencia Económica dio a conocer la aplicación de una multa a diecisiete equipos de la Liga MX, así como a la Federación Mexicana de Futbol, por prácticas monopólicas absolutas. Entre estas prácticas se encontraba la de imponer límites máximos a los salarios de las futbolistas (la cual estuvo vigente aproximadamente un año a partir de la creación de la Liga en 2017), que les impidieron acceder a mejores oportunidades dentro de su deporte y que aumentaron la brecha salarial con sus colegas varones. El tope salarial expuesto resultaba completamente insuficiente para cubrir las necesidades básicas de las jugadoras, quienes en numerosas ocasiones debían mudarse a otra ciudad para cumplir su sueño de ser profesionales. Para las mayores de 23 años, el sueldo máximo era de $2,000 mensuales (hay que tomar en cuenta que en ese año todos los equipos eran sub-23 y tenían la posibilidad de sumar sólo a dos jugadoras mayores, por lo que sólo ellas podían recibir esa cantidad), las menores de 23 recibían $500 más un curso para su formación personal y las jugadoras menores de 17 años únicamente podían recibir apoyos para su transporte, educación y alimentos. Es decir, el sueldo máximo al que una futbolista en México podía aspirar al mes equivalía a poco más de 22 jornadas de salario mínimo vigente durante el año 2017 ($88.36). Esto hacía prácticamente imposible que una futbolista que no contara con el apoyo económico de sus seres queridos pudiera dedicarse exclusivamente al futbol. Si estas cifras se comparan con lo que perciben los futbolistas de la Liga MX, la indignación crece. Según Global Sports Salaries Survey 2017, los sueldos más bajos que los varones percibieron por jugar en la Liga MX ese año rondaron los $25,000 mensuales, es decir, 12.5 veces más que lo máximo que una futbolista podía recibir por una cantidad de entrenamientos y partidos similar..

La situación se complica al analizar las condiciones que las futbolistas vivían día tras día en sus clubes durante esa primera etapa de la Liga: los viajes que los futbolistas varones realizaban en avión ellas tenían que realizarlos por tierra y el mismo día del partido, los premios por ganar el campeonato eran considerablemente inferiores que aquellos que recibían los varones (o simplemente inexistentes), entre otras situaciones que han sido manifestadas por algunas jugadoras a diversos medios de comunicación. Es frecuente escuchar entre el público y los medios que las futbolistas no pueden recibir lo mismo si no generan lo mismo, pero ningún negocio ha crecido sin inversión, no sólo económica, sino también de esfuerzos y voluntad. 

La imposibilidad de las futbolistas mexicanas para hacer del futbol su única fuente de ingresos se ha visto reflejada en una mayor dificultad para convertirse en ídolas para las niñas que las ven jugar, pues sus múltiples actividades las han limitado. Es común que la afición vea a sus ídolos del deporte participar en campañas publicitarias o salir en programas de televisión, pero esa vida pública ajena a las canchas está lejos de quienes no tienen tiempo de sobra para participar en ella. El aumento en los sueldos de las jugadoras no solamente ha derivado poco a poco en mejores condiciones de vida para ellas, sino en un incremento significativo en el nivel de la Liga y en oportunidades para protagonizar nuevas narrativas en el futbol, pues cada vez más jugadoras pueden dedicar su tiempo completo a ser futbolistas profesionales, con todo lo que eso implica.

Foto: Una aficionada de las amazonas de Tigres sueña en grande

Las futbolistas que hoy compiten en las canchas del país fueron un día las niñas que les gritaban a sus compañeros que les pasaran el balón, porque ellas también podían jugar y ser contempladas en el equipo del parque más cercano a sus casas o escuelas. El espacio público siempre ha resultado más accesible para los varones (la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana 2019 reveló que el 27.2% de las mujeres sufrió acoso callejero durante ese año), y las mujeres que se hacían de un lugar en él se preparaban para el inexistente panorama de vivir del deporte. La profesionalización del futbol femenil no sólo implica que las niñas sueñen con llegar algún día a jugar en el máximo circuito, también significa que pueden formar parte de las “retas” del barrio, divertirse y convivir por medio del deporte, pues sus compañeros ahora saben que las mujeres que juegan futbol no son una excepción a la regla, sino la mitad del futbol profesional mexicano. Prácticamente ninguna de las jugadoras que hoy forman parte de la Selección mayor de México vivió su infancia en un contexto en el que pudiera ver representación femenina en su deporte. Sin embargo, son ellas quienes al representar a su país en competencias internacionales trazan las metas de las próximas generaciones.

Foto: Blanca Félix, portera de Chivas, muestra sus guantes a un grupo de niñas

Afortunadamente, las posibilidades de profesionalización que ofrece el futbol cada vez son más y mejores para las mujeres mexicanas. Es importante señalar los grandes pasos que se han dado, como el primer torneo sub-17 organizado por la Liga MX Femenil, en el que participan 13 de los 18 clubes (América, Querétaro, Pachuca, Pumas, Mazatlán, Necaxa, Santos, Tigres, Atlas, San Luis, Tijuana, Chivas y León). Este torneo tiene el propósito de identificar a las próximas estrellas de la Liga y de la Selección Mexicana. Se trata, sin lugar a dudas, de la primera generación de futbolistas que ha crecido viendo la Liga MX Femenil, pues gran parte de ellas ha podido ver los partidos en televisión desde los doce años o menos. 

Quienes hemos sido aficionadas al futbol desde la infancia habíamos deseado poder portar en nuestra espalda el nombre de alguna futbolista durante nuestros juegos infantiles. Tuvimos que conformarnos con elegir la camiseta con el nombre de un jugador varón, que diariamente nos recordaba que ser futbolista profesional en México escapaba de las posibilidades de cualquier niña, por más talentosa y dedicada al deporte que fuera. Hoy, la situación es diferente: las redes sociales se han llenado de fotografías de niñas que llevan en sus espaldas los nombres y números de sus jugadoras favoritas, en los estadios se corean los nombres de las ídolas de cada equipo y, lo más importante, las niñas saben que las próximas en pisar las canchas profesionales pueden ser ellas. ¡Que sea un Día Mundial del Futbol para las Niñas lleno de sueños por cumplir!

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