“Guardia”, “no bajes los brazos”, “distancia, mantén la distancia”, “guardia”. Siento un puño directo a la cara, nunca antes había sentido algo similar. El ruido de fuera desaparece, solo escucho a mi entrenador, “cúbrete, sal de ahí”. Parece  que voy perdiendo, siento otro golpe, esta vez me cubro el rostro. Un rush de adrenalina me invade, ataco, jab, izquierda, jab, gancho. Mi contrincante se protege e inmediatamente me derriba, no tengo idea como paso pero ya estoy en el suelo. Escucho a mi entrenador “salida, salida, para”, toma mi espalda, siento su brazo en mi cuello, la presión en mis arterias es insoportable, con la otra mano lanza golpes. Como una señal divina, suena la alarma “¡Tiempo!”, no queda más que respirar, suelto una risa nerviosa, doy la mano a mi compañera, nos abrazamos y entre sonrisas decimos “que divertido”.

Para algunas personas la combinación de golpes, movimientos, patadas y llaves, que se utilizan en las Artes Marciales Mixtas (MMA, por sus siglas en inglés) podría parecer abrumador pero resulta todo lo contrario. Encontrar el equilibrio, tomar conciencia de tu cuerpo y desenvolverte con calma en una pelea es una especie de estado de iluminación, se vuelve adictivo. Tu cuerpo y mente mutan, te desenvuelves y habitas los espacios de manera diferente, pierdes el miedo, ganas confianza, te sientes más fuerte de lo nunca antes te habías sentido.

“Entrenar  ha sido una herramienta para afrontar mis inseguridades y pensamientos negativos. La misma seguridad que empleó  en las peleas […] es la misma seguridad que me llevo a mi vida”, conocí a Sara Cova, quien ahora peleadora profesional de MMA, las dos teníamos 19 años y entrenábamos juntas MMA, una disciplina que combina  técnicas provenientes de distintas artes marciales y deportes de combate, como lo son; el jiu-jitsu, el boxeo, el muay-thai, el kick boxing, el judo y la lucha grecorromana.

Sara comenzó su carrera en torneos interinos y cinco años después,  para el 2017, logró convertirse en la primera mujer en conseguir una medalla de bronce a nivel mundial en el World Championships Amateur MMA-Manama en Bahrein. Ahora 2 años después se prepara para su primer pelea profesional el 14 de diciembre en Colima.

El MMA para Sara es hablar del “poder sobre tu propia imagen, sobre tu propio cuerpo, tomar el control de ti misma”. Es un acto de resistencia, de empoderamiento y de tener también “ese privilegio de ser consciente de tu cuerpo, de ver hasta qué punto puedes llevarlo al límite de fuerza, de fuerza física, fuerza mental”. Conectarte en todos niveles y estar presente para enfrentar la adversidad.

Suele haber una percepción errónea de este deporte y es que se trata de brutalidad. Sin embargo, lo que ven las luchadoras como Sara es: el honor y el respeto. Cuando entrenas no es para lastimar a alguien. Entrenas para ser fuerte. Alguna vez te has preguntado ¿Cuánto puede soportar mi cuerpo? ¿Cuánta fuerza de voluntad tengo? El MMA es un reto constante contigo misma y siendo mujer aún más.

El camino para las luchadoras profesionales de MMA no ha sido fácil. En Japón, las peleas de mujeres se han documentado desde mediados de la década de 1990. Smackgirl se formó en 2001 y durante un tiempo esa fue la única organización importante que realizó combates de mujeres, y solo en Japón. Mientras que en la mayor parte del mundo, las mujeres fueron relegadas a pequeñas promocionales locales. En Estados Unidos fue hasta el 2012 cuando Shannon Knapp crea Invicta Fighting Championship liga exclusiva de mujeres.

La liga más popular a nivel mundial , The Ultimate Fighting Championship tardó 20 años en presentar un combate de MMA femenino. Fue hasta el 2013 que se enfrentaron la ex medallista olímpica Ronda Rousey y la ex marine Liz Carmouche, los fans quedaron boquiabiertos. Demostraron técnica,agilidad, ferocidad y la capacidad  de pelear a un nivel de altura. Desde allí el MMA femenil ha ido en ascenso.

A pesar de esto si buscas mujeres en MMA, verás que el enfoque sigue siendo principalmente en cómo se ven físicamente en lugar de sus habilidades. El machismo sigue imperando los gimnasios y arenas de combate. Dentro de las Artes Marciales se ha generado el estereotipo de cómo debe verse físicamente una peleadora. La cultura de la industria del MMA constantemente objetifica a sus atletas. Las ligas primero tienen que dejar de aceptar el mito de que la apariencia de una mujer es tan importante como su habilidad al vender una pelea, porque eso simplemente no es cierto. Las artes marciales mixtas en realidad tienen la capacidad de redefinir las percepciones de la feminidad al incluir la fuerza, la resistencia y rudeza.

Rose Namajunas, es el ejemplo perfecto. Desde que conozco a Sara su definición de Genia lo materializa Rose, peleadora profesional de MMA, cinturón negro tanto en Taekwondo como en Karate. Namajunas inició como “underdog” (como se le llama a las peleadoras menos conocidas) pero su juego de distancia, sus creativas patadas, los hermosos “flying armbars” (un movimiento de jiujitsu que involucra velocidad, fuerza y seguridad en el aire) y la combinación de un excelente juego de pies y esas patadas tan maravillosas la llevaron a obtener por “knock out” el cinturón contra la hasta entonces invicta Joanna Jedrzejczyk.

Como peleadora “Thug Rose”, como la llaman, ha demostrado que es una peleadora extremadamente hábil y bien entrenada. Pero también tiene ideologías claras y es puntual al demostrarlo. Rose se volvió un icono para muchas de nosotras al confrontar la cultura machista y objetificación del MMA. Para el evento principal de la UFC Fight Night 80, Rose se enfrentó a Paige VanZant, una peleadora que al igual que Rose era reconocida por su imagen física y no por la fuerza que la caracteriza. Sin embargo, no se estaban discutiendo las habilidades de Namajunas. Más bien, estaban hablando de su apariencia física (¡Vaya, que sorpresa!). El día del pesaje en una especie de performance, Rose se afeitó la cabeza y más tarde publicó en sus redes sociales: “Es una pelea, no un concurso de belleza, si el cabello está en mi camino a la hora de entrenar… ¡lo corto!”. Ese día Rose ganó por sumisión. En una emocionante pelea, demostró que en la jaula lo único que importa es el desempeño físico y mental.

Esa determinación y coraje que Rose representa son pilares clave para Sara. El MMA ha enseñado a Sara a no rendirse y responder ante la adversidad tanto en la jaula como en la vida diaria. Es cuestión de pensar rápido y reaccionar de la misma manera que en una pelea cuando sientes toda esa presión. “Ser consciente de tu cuerpo y de tu mente te ayuda muchísimo en tu vida cotidiana y  en un país como México es una excelente herramienta de empoderamiento”. Por eso Sara anima a más mujeres a practicar Artes Marciales Mixtas. Creanme lo difícil es decidir hacerlo, una vez que empiezas y asistes a tu primera clase no habrá vuelta atrás. Conocerás una poderosa disciplina, que en definitiva te cambiará la vida.

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