Siempre hemos tenido certeza sobre una cosa: nuestras amigas nos brindan esa sensación de seguridad y confianza que no podemos tener con nadie más, son ellas (pocas o muchas) a quienes les avisamos cuando vamos en camino, cuando llegamos a casa, Son ellas las que nos abrazan y escuchan cuando todo sale mal, la que saldrían a la calle a incendiarlo todo si algo nos pasa.

También sabemos que el sistema de justicia en México, le juega en contra a las mujeres: las revíctimiza, pone en ellas la carga de la prueba y en muy pocas ocasiones (menos del 4 por ciento según cifras oficiales) quienes deciden recorrer un camino penal, logran una sentencia para su agresor.

Nuestra rabia estalló cuando, una vez más, quienes tienen la obligación de protegernos nos violentaron. El 6 de agosto, a través de una nota en el periódico Excélsior, nos enteramos que una adolescente denunció haber sido violada por 4 policías el la Alcaldía Azcapotzalco, Solo tres días después, el periódico Publimetro dio a conocer la denuncia de una menor de edad violada por la policía bancaria dentro de las instalaciones del Museo Archivo de Fotografía (MAF).

Las filtraciones por parte de la PGJCDMX y la culpabilización y cuestionamientos a las mujeres  no se hicieron esperar, y ellas comenzaron a ser acusadas de mentirosas. Decidimos marchar en manada hasta las instalaciones de la procuraduría capitalina para señalar que la policía “No nos cuida, nos viola” y que quienes siempre cumplen la función de protectoras son nuestras amigas.