¿Sólo se puede ser feminista teniendo un acercamiento a la teoría? Entonces ¿qué pasa con las mujeres que no saben leer ni escribir? Para Marbella Figueroa, mujer afromexicana, si hablar de feminismo tuviera una carga puramente teórica, eso dejaría a muchas mujeres fuera.

Gracias a Instagram conocí la visión de Marbella, quien a través de su trabajo en videos, stories y collage cuenta la historia de su familia de la Costa Chica en el estado de Guerrero, y comparte el proceso que le ha implicado nombrarse, re-conocerse y cuestionar su identidad. Al ver su trabajo y platicar con ella, me di cuenta que tenemos visiones compartidas.

Mi acercamiento al feminismo no fue en primera instancia nombrarme feminista, no estoy segura siquiera cuál fue el primer acercamiento, pero sí que me cuestionaba, por ejemplo, acerca de las situaciones que siendo mujeres parecía que teníamos que aguantar. Para mí fue casi una revelación cuando con el hashtag #MiPrimerAcoso muchas de mis amigas y conocidas contaron cómo, a muy temprana edad, vivir en México siendo mujer era estar en alerta constante. Digo “casi una revelación” porque aunque no era algo desconocido para nosotras, sí fue la primera vez que se hacía visible ampliamente en Internet.

Ver esa unión de las mujeres a partir de un hartazgo compartido fue muy potente, porque dejó ver que ya no estamos dispuestas a callar ni a normalizar la violencia que vivimos, además de que juntas nos hacemos más visibles y nos acompañamos. Un impulso de querer cambiar experiencias que hemos vivido desde niñas.

Nombrar nuestro primer acoso fue un acto de no callar, y por eso en el proceso de compartir con las demás, es importante no silenciar ninguna voz y mostrar la pluralidad de visiones y experiencias que existen en el feminismo, y eso pasa por reconocer que aunque hay una violencia patriarcal que nos atraviesa a todas, no todas la hemos vivido igual. Las violencias nos atraviesan diferente ya sea por nuestro color de piel, nuestros cuerpos, nuestra historia, de dónde venimos o cualquier otro aspecto identitario.

Marbella, mujer negra en la Ciudad de México, a veces se considera feminista y otras no, por ese feminismo hegemónico que pareciera un grupo uniforme y no la representa, porque sus vivencias ahí están invisibilizadas. En su texto La censura del feminismo hacia las mujeres racializadas, escribe:

“En casa nunca se habló de feminismo, en realidad, hace poco que me aproximé, pero me siento fuera de lugar. Parece como si las demás chicas quisieran implantar en mi cerebro una nueva forma de pensar porque la mía es errónea sólo porque mis experiencias son otras. Me siento juzgada y desvalorizada por no conocer autoras y teorías. Me parece un entorno racista y sumamente clasista. Por esta y muchas otras situaciones comencé a tener poca confianza en el feminismo”

Aunque lo más común es hablar de “el feminismo”, pensarlo en singular lo reduce a un concepto único e inamovible, que deja fuera la diversidad. Si bien es un movimiento que surge a partir de experiencias compartidas de opresión patriarcal y un impulso de liberación, no se puede homogeneizar. Una sola perspectiva no habla por todas, y por ello es necesario hablar de feminismos contra-hegemónicos.

Marbella ha encontrado comunidad en un grupo de mujeres negras con quienes comparte vivencias y opiniones distintas, y con quienes ha resignificado la palabra sororidad. No siempre están de acuerdo, pero el disenso resulta importante también para construir. No se trata de pensar qué postura es la más adecuada, o si nos nombramos o no feministas, sino construir y reconocer las diferencias, porque ahí podemos percatarnos de las luchas de cada una y cómo nos reivindicamos desde nuestras vivencias. La fuerza está en lo que nos hace distintas.

¿El feminismo es universal? es la pregunta que lanza Marbella mientras hace un collage y platicamos con Luchadoras, con humor e imágenes en representación de distintas mujeres, rescata la idea de una sororidad sin juicios.

Deja un comentario