DIANA Y SULLY, PIONERAS DE LA LIGA MX

Jugar fútbol profesional en México había sido, hasta hace pocos años, cosa de hombres. La creación de la Liga MX Femenil en 2016 dio a las mujeres la posibilidad de aspirar a jugar en equipos de Primera División y, fortalecer así, el futbol femenil.

Este año se llevó a cabo el Torneo Clausura 2018, la segunda edición del campeonato de Primera División Femenil. A la final llegaron los dos equipos de Monterrey: Tigres y Rayadas, este clásico regiomontano demostró que el futbol femenil también genera pasión y afición. El récord mundial que rompieron en asistencia fue una muestra rotunda: 38 mil 320 espectadores en el juego de ida en el Estadio Universitario de Tigres y 51 mil 211 en el juego de vuelta en el Estadio BBVA Bancomer de Rayados, ambos ubicados en Nuevo León, México.

A seis meses de ese torneo, las futbolistas Diana Evangelista del Club Monterrey y Liliana Mercado, apodada “Sully”, del Club Tigres, nos comparten cómo lograron jugar futbol profesional a pesar de las adversidades que las mujeres siguen enfrentando en este ámbito; así como  sus reflexiones sobre el futbol femenil profesional en México.

Liliana Mercado del Club Tigres
Liliana Mercado del Club Tigres. Foto: Andrea Menchaca
Diana Evangelista del Club Monterrey
Diana Evangelista del Club Monterrey. Foto: Andrea Menchaca

COMENZAR EL SOCCER CON NIÑOS

Hace dos décadas no había equipos de futbol para niñas. Si lograban practicar  futbol era porque tenían hermanos, primos, vecinos o compañeros de la escuela con los que jugaban una cascarita o, como en el caso de Sully y Diana, se colaban a un equipo varonil.

Sully empezó a jugar a los 13 años en el equipo de su hermano, en Toluca, Estado de México -de donde es originaria- aprovechando que lo acompañaba a los entrenamientos. De pronto iba una que otra niña, pero nunca se quedaban porque no había equipos femeniles.

En Colima, Diana vivió una experiencia similar. En una ocasión, cuando tenía 6 años de edad, el equipo de su hermano no se completaba y la metieron a jugar. “Me di cuenta y los demás se dieron cuenta que se me hacía muy fácil conducir el balón, pegarle a la pelota. Fue ahí donde me empezó a gustar el futbol y comencé a ir a los entrenamientos con mi hermano”, relata la  delantera de Rayadas.

“Era la única niña. Hasta los 10 años jugué con hombres en el equipo de mi hermano – reforzaba al equipo – y también jugaba en mi categoría”.

Aunque parecía una alternativa viable el jugar con los niños, ya que no había equipos femeniles, ambas futbolistas se enfrentaron a distintas situaciones por ser niñas.

“Cuando tenía 14 años no me quisieron meter con los niños de esa edad porque ellos no me podían proteger. Me tenían que poner con los de 18 a 21 años porque ya son futbolistas que te van a cuidar de un mal golpe”, recuerda Sully, capitana de Tigres.

“De por sí es difícil estar trabajando a la par de los varones, imagínate si son 4 o 5 años más grandes todavía. Siento que eso me ayudó muchísimo (para ser más fuerte durante mi carrera)”.

Sully dejó de jugar en estos equipos varoniles en la preparatoria pues su hermano ya no quiso seguir entrenando y en su escuela no había equipo de futbol femenil al que se pudiera integrar.

Por su parte, Diana dejó de jugar a los 10 años porque le prohibieron jugar en el equipo de hombres, le dijeron que eran más fuertes y la podían lastimar; y en su escuela le dijeron que mejor hiciera otro deporte. Antes de eso, recuerda que fue a varios torneos y no pudo participar

por ser mujer. “Por ejemplo, en Guadalajara fui a un evento por parte de la escuela, nunca me dieron mi acreditación porque era niña entonces no pude jugar. Fueron varias ocasiones en las que no jugaba porque no me querían acreditar”, cuenta la futbolista de ahora 23 años.

Volvió a jugar futbol cuando un entrenador la invitó a probar en equipos femeniles que eran pequeños proyectos que iban empezando en Colima y que, básicamente, eran para entrenar ya que aún no existían ligas ni eventos. Esto le sirvió para que la llamaran a la selección estatal y  así competir en olimpiadas nacionales, donde empezó a ganar más experiencia.

Por su parte, Sully retomó el futbol cuando un entrenador le habló sobre el Club de Futbol Femenil Andrea’s Soccer en Ciudad de México. A pesar de que tenía que ir desde Toluca, su papá la apoyó y la llevaba a todos sus entrenamientos. Llegó a las olimpiadas nacionales, donde visores de la Selección Nacional se acercaron. Aunque la espera duró meses, pudo participar, finalmente, en la Copa Mundial Femenina Sub-20 de la FIFA Chile 2008. “Fue el primer mundial femenil que televisaron en tele abierta”, destaca la jugadora de 28 años.

Hasta ese momento Sully había visto el futbol como un hobbie, pero el estar en la Selección Nacional la hizo ver que podía hacer grandes cosas. Obtuvo una beca deportiva en la Universidad de las Américas Puebla, donde estudió Derecho. Esos 5 años los recuerda como los más bonitos, ya que participó con la Selección Mayor en la Copa Mundial Femenina de Fútbol 2011, en Alemania. Además de jugó en los Juegos Panamericanos de 2011, donde obtuvieron la medalla de Bronce, y en la Universiada Mundial en Kazán, Rusia, de 2013, donde ganaron la de Plata, así como en la Universiada de 2015 en Corea.

Sully durante un juego de Tigres
Sully durante un juego de Tigres, foto: Club Monterrey

         

PIONERAS DE LA LIGA MX FEMENIL

Diana terminó la licenciatura  en Educación Física y Deporte y justo cuando estaba considerando hacer una maestría en Puebla o en Monterrey le presentaron la opción de integrarse al nuevo equipo de las Rayadas de Monterrey. “Es algo que siempre habíamos esperado, nuestro sueño era jugar profesional – al menos el mío – pero sabía que eso no existía en México, te tenías que ir a otro país y no era nada fácil irte”, relató en entrevista en una de las butacas del Estadio BBVA Bancomer.

Además de seguir desarrollándose futbolísticamente en Monterrey, lo pudo hacer profesionalmente al estudiar su maestría en Psicología del Deporte. En un futuro Diana quisiera trabajar en instituciones a nivel nacional para preparar mentalmente a los deportistas, previo a un juego o una competencia. Este interés surge porque estando en la carrera llegó a sufrir lesiones que le impedían jugar e ir a eventos, esto la deprimía. Al igual que sus experiencias de niña, cuando no la dejaban jugar en los partidos por no ser niño.

A Diana le tocó el inicio de la Liga MX Femenil, desde la primera edición del torneo de Copa que se realizó en Toluca en 2017, y que ganó el equipo de Pachuca. “Se veía que a la gente le gustaba el proyecto, pero había quienes no creían, la verdad. Una vez en redes sociales comenté que ojalá se llenaran los estadios en la Final y alguien me puso: ‘jaja obvio no se van a llenar, son mujeres’”, recuerda la colimense. Cuando fue la Final del Torneo de Clausura este año y se llenaron los dos estadios, rompiendo récord mundial, buscó este comentario pero ya no estaba. “Le quería responder”, dice entre risas.

Sully también se sorprende la buena respuesta que hubo por parte de la afición que iba a los estadios y que buscaba la transmisión de los juegos en televisión. “Si este es el primer año, en el que partimos de la nada, y hubo un gran éxito, en 2, 3 o 4 años, cuando se vaya  perfeccionando todo y crezca el nivel, creo que se va a convertir en las mejores del mundo sin ningún problema”.

Sully recibió la propuesta de Tigres cuando pensaba que el futbol ya había pasado a segundo plano en su vida y que se iba enfocar solamente a su maestría. Antes de esta llamada no tenía muchas esperanzas de pertenecer a la Liga MX Femenil, ya que habían anunciado que solo iba a haber dos plazas para mayores de 23 años. “Qué mejor que cerrar un ciclo en algo tan importante para el futbol femenil del país: el inicio de la liga profesional. Claro que quiero estar ahí, dije, quiero aportar experiencia, dar un poco de lo que había vivido anteriormente a las jugadoras más jóvenes”.

Diana
Foto de accion del partido Monterrey vs Chivas correspondiente a la jornada 4 de la Liga Femenil MX desde el estadio BBVA Bancomer.

RETOS PARA LAS FUTBOLISTAS

El panorama actual es mucho más alentador que el que le tocó a Diana y a Sully en su niñez y adolescencia, y a otras pioneras del futbol. Sin embargo, aún queda camino por recorrer y cosas que mejorar. Diana espera que los equipos de la Liga MX Femenil vayan formando a las niñas desde pequeñas, así como lo hacen con los niños. “Quizá ahorita reclutan a niñas de cierta edad pero que no tienen un proceso adecuado. Sin embargo, se pueden categorías de Sub 15, Sub 17 e irlas formando en todos los sentidos para que lleguen al primer equipo y así también tener jugadoras para la Selección Nacional”, opina la líder de goleo en el Apertura 2018.

Para Sully uno de los retos está en que no todos los clubes le han dado la importancia a su equipo femenil, brindándole un trato más equitativo. Aunque se habla de la diferencia de salarios entre mujeres y hombres, para ella es algo normal porque es un proyecto nuevo, a diferencia del futbol varonil que ya está consolidado y vende mucho. No obstante, cree que las mujeres pueden llegar a esos niveles. “Lejos de escusar y decir que no vende, haz un modelo de negocio con tu equipo femenil para que crezca. Hazlo y si no vende tienes los argumentos para decir que no es negocio”, enfatiza.

La capitana felina se alegra cuando ve cómo ha evolucionado el papel de la mujer dentro de la sociedad, cómo ha incrementado su participación en muchos roles que eran considerados varoniles y en los que además han sobresalido.

“Cuando yo empecé tuve que jugar con niños porque así era el futbol, no tenías opción. Ahorita ver a tantas niñas en la liga, ver tantas escuelas 100 por ciento femeniles, ver que las niñas pueden soñar con querer ser futbolista, es algo que yo no podía haber imaginado porque no existía, ni siquiera en televisión podías ver que era futbol femenil”.

Las futbolistas profesionales de esta generación están abriendo camino. Este partido apenas empieza.

Andrea Menchaca

Periodista norteña, consumidora de noticias, curiosa de corazón, narradora por vocación. El deseo de contar las historias que me rodean y de entender mi entorno me llevó a estudiar periodismo y a ejercerlo desde hace 11 años. Radico en Monterrey, desde donde comparto información y experiencias a través de distintos medios y redes sociales.

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