Hace unos meses Morena Pérez y yo, fotógrafas documentales, visitamos Honduras para platicar con jóvenes activistas feministas sobre el contexto del país para defender los derechos sexuales y reproductivos, un país en donde el aborto está penalizado por todas las causas incluso en casos de violación, si hay peligro para la vida de la mujer o si el feto presenta malformaciones.

En 2017 varias organizaciones, en conjunto con Médicos Sin Fronteras entregaron al gobierno de Honduras un borrador del “Protocolo de atención a víctimas y sobrevivientes de violencia sexual”, que sigue sin aprobarse, se cree que en gran parte se debe a la inclusión de la Píldora Anticonceptiva de Emergencia (PAE), que está prohibida en ese país.

En América Latina la llegada de gobiernos de derecha pone en riesgo los derechos de las mujeres, sin embargo, la Marea Verde que surgió desde Argentina para promover la despenalización del aborto sigue avanzando en toda la región. Los grupos, organizaciones y colectivas feministas son quienes están atendiendo la carencia del educativa sobre derechos sexuales y reproductivos que el Estado no asume. Son las jóvenes las que están dedicadas a ello. ¿En qué contexto están trabajando las mujeres activistas? ¿Cuáles son los retos que enfrentan?

Estas son las voces de las mujeres en la línea de frente por la defensa del aborto en Honduras.

Ninoshka Alonso

Foto: Greta Rico y Morena Pérez

Ninoska es estudiante universitaria y co-fundadora de la colectiva “Yo no quiero ser violada”, que surgió, en palabras de ella misma, “desde la rabia” después de que en 2017 se hicieron públicos casos de violaciones y feminicidios en contra de mujeres jóvenes en el país. El colectivo de Ninoska decidió organizarse para salir a las calles y hacer empapelados, colocar carteles en las calles de Tegucigalpa y en diversas regiones de Honduras con la leyenda “Yo no quiero ser violada” en protesta a la violencia sexual y feminicida que sacude al país.

Debido a la necesidad de hacer incidencia en diferentes regiones de Honduras y después de algunas semanas de haberse organizado por primera vez, decidieron que deberían ser más que solo una campaña y se conformaron como colectiva. Una de las batallas ganadas que pueden enunciar hasta ahora ha sido evitar el centralismo y lograr generar y empujar esfuerzos fuera de la capital bajo el entendido de que deben propagarse y continuar el trabajo con mujeres que viven en otros contextos y que enfrentan otras expresiones del machismo.

Tanto la colectiva como sus integrantes son jóvenes, sin embargo, reconocen que sus recursos son limitados y su apuesta ha sido mediática y en las redes sociales. El movimiento participa en ferias educativas brindando información sobre derechos sexuales y reproductivos, ya que identifican que la educación sexual en Honduras es bastante precaria debido a la influencia de instituciones religiosas.

En palabras de ella “compartir experiencias con otras mujeres me ha impulsado para comenzar a militar en el movimiento”. Actualmente Ninoska colabora en una colectiva de Historiadoras para hacer investigación y recuperar la memoria del movimiento feminista en Honduras desde el activismo. “Todo parte de la necesidad de organizar el dolor y la impotencia y de enfrentar la adversidad de ser mujer en un país como Honduras” según su experiencia.

Shari Izaguirre

Foto: Greta Rico y Morena Pérez

A partir de identificar una carencia de espacios de formación política para mujeres jóvenes, Shari y otras de sus compañeras crearon la Red de Mujeres Jóvenes de Choluteca en Honduras, para incentivar la formación de nuevas generaciones con enfoque de género. Uno de los objetivos es que las mujeres, desde la autonomía, puedan tomar decisiones sobre lo que quieren hacer con su vida y cómo participar en la vida política de su país a través de un espacio diferente a un partido político o una organización religiosa.

Ella inició su activismo desde los 7 años en Choluteca, una de las regiones periféricas de Honduras, donde se dio cuenta de que había una necesidad muy grande de trabajar con el tema de derechos sexuales y reproductivos para brindar educación, y al participar en grupos mixtos observó la desigualdad que prevalecía.

Desde la Red se han dado cuenta que las mujeres de la periferia enfrentan violencias distintas a las que viven en la ciudad capital, y por lo tanto la necesidad de formación y organización es urgente, además de que en estos contextos la participación política de las mujeres es menor y de ahí la importancia de comenzar a trabajar con ellas desde temprana edad.

“Es momento de poner un alto y el tiempo que estemos en el mundo podemos aportar un grano de arena o todo el desierto, pero luchar es la única esperanza que nos queda. No me parece justo que las mujeres tengamos miedo de salir a las calles, no es justo que estemos sobreviviendo, en Honduras es difícil ser mujer y ser joven, por mis hermanas, por mi mamá, por mis amigas y por las mujeres de Honduras, estoy en el activismo”, sostiene.

Ligia Destephen

Foto: Greta Rico y Morena Pérez

Coordinadora de proyectos del Centro de Estudios de la Mujer

Ligia ha participado de manera activa en la “Plataforma de derechos aquí y ahora”, que está confirmada por 15 organizaciones, e impulsa en el debate público la despenalización del aborto por las tres causales y el uso del Protocolo PAE.

Desde su visión hacer activismo feminista en un país como Honduras se vuelve cada día más riesgoso, sin embargo, le parece también importante no dejar que el miedo les impida realizar su trabajo. Con base en datos que Ligia nos comparte, en 2017 el 50% de los casos de embarazos en adolescentes fue producto de una violación, ya que actualmente en Honduras no existe un protocolo de atención a víctimas de violencia sexual.

En situaciones de violencia sexual en Honduras, al igual que en muchos países de Latinoamérica, el acceso a la justicia no llega para las pocas mujeres que denuncian y menos si es una mujer de zonas del interior del país.

Para Ligia la incidencia y el trabajo con las organizaciones de base es una de las herramientas de las que debe echar mano en un contexto tan adverso como el de Honduras. Cree que en las comunidades se debe inyectar todo el esfuerzo para seguir avanzando, apostarle a la educación popular y las escuelas feministas para renovar las estrategias.

Alexa Osorto

Foto: Greta Rico y Morena Pérez

Alexa también forma parte de la Red de Mujeres Jóvenes de Choluteca, y participa de la organización de una Escuelita de formación feminista, desde donde puede trabajar para hacer frente a las dificultades en las zonas periféricas y rurales en Honduras, a través de campañas para visibilizar el acoso en las calles, la violencia sexual y física en los espacios “privados” y la violencia en el noviazgo.

Nos cuenta que en Choluteca, al ser una una ciudad pequeña, es muy común que las mujeres jóvenes activistas enfrenten violencia y sean vistas como “las otras” dentro de su propia comunidad. A pesar de ello, continúan trabajando y formando a otras mujeres para que se unan a sus proyectos y trabajen en colectivo.

Una de las cosas que más valora de los aprendizajes en el activismo tiene que ver con el poder reconocer que las mujeres tenemos derecho a tomar decisiones sobre nuestras vidas, a ser autónomas y a poder defender nuestros derechos a pesar de lo que diga la gente.

“Ahora en Choluteca se está hablando de feminismo y ese es sin duda el mayor cambio que veo y que hemos logrado” nos comparte. Hoy son muchas las jóvenes que aplican a la escuela feminista, pero el presupuesto no alcanza para todas. La escuela apoya el transporte, la alimentación y los materiales para las actividades que realizan, es un espacio gratuito y lo que piden a las asistentes es que se comprometan, asistan a todas las sesiones y que lo repliquen en sus comunidades dentro de sus propias redes y espacios de participación política.

Este reportaje fue financiado por la International Women’s Media Foundation como parte de Adelante, su iniciativa en América Latina.

Regresar

Deja un comentario