Cuando era niña nunca tuve una bicicleta, era lo suficientemente tímida para limitarme a ver cómo otras y otros aprendían a montarla y jugaban con ella. En mi adolescencia hice un par de intentos pero el miedo a caerme siempre pudo más, la desconfianza en mi cuerpo hizo que la bici se convirtiera en un objeto distante e indomable.

Ya en mis veintes, con el deseo callado y tratando de restarle importancia, decidí intentarlo una vez más. Me accidenté. Transitaba en una supervía, yo era toditica nervios 😰 y a mi lado, un animal metálico me rozaba el codo, me perdí y terminé estampada contra una barda de concreto,  de eso tengo dos cicatrices, una arriba de mi rodilla y otra abajo de mi mentón🤕. Pensé que ahí se acababa: “esto no es para mí, más bien ¡yo no soy para esto!”.

Recientemente casi una década después decidí intentarlo de nuevo, ya sin vergüenza y sin subestimar mi miedo, decidí hacer un plan de retos milimétrico, se había vuelto algo personal, hice una alianza con la lentitud y me acompañé (sin decirlo) de más ciclistas. Aún me falta mucho para sentirme completamente confiada pero poco a poco me he descubierto cada vez más desprevenida, más espontánea. De manera imperceptible, cuando el miedo se descuida, la bici es una extensión de mí, somos una. Es increíble darte cuenta que mientras ruedas, te estás reinventado corporal, mental y emocionalmente.

Por tanto la bici, la bicla, la rila, la cleta, la burra, la baika, la birula, la chiva, la chancha…🚴‍♀️ al ser una máquina que nos permite transportarnos con nuestro propio impulso, es una oportunidad maravillosa, no solamente de experimentar el desplazamiento en la ciudad de otra manera, sino de sentir y hacer parte de la ciudad de distintas formas.

Cuando nuestra cotidianidad en las calles y en el transporte público es una batalla diaria, rodar en bici puede ser una forma de conocer nuestra cuerpa y de ser conscientes de la misma en el espacio público.

Montar en bici, puede hacer que ganemos confianza en nuestro cuerpo y adquirir nuevas habilidades y seguridades sobre las que ya tenemos, no sólo en un sentido físico, sobre todo una suerte de confianza emocional en nosotras mismas, y así en el hecho de tomar las decisiones a nuestro propio ritmo, de cómo movernos, de enfrentar la hostilidad de la que de todas formas no estamos exentas, de tomar las calles y hacerlas nuestras.

Si quieres intentarlo y por alguna razón no lo haces, una de las mejores formas de atreverte es haciéndolo con otras mujeres ¡Vamos juntas a rodar las calles! 👩🏾‍🤝‍👩🏼

Para que te animes creamos un mapa de mujeres ciclistas en todo México, si conoces otras iniciativas, colectivas o agrupaciones, agregalas y difunde.