Imagen vía Instagram de Isabel Cabanillas

“Isabel era una amiga … se daba tiempo de ir al cine, de comer y reír contigo, te veía a los ojos, te acompañaba, tomaba contigo una cerveza. Era entregada a su hijo. Era una artista, diseñadora, pintaba ropa, de eso vivía, hacía murales”. Así describe Melisa Alpizar a quien fue su mejor amiga. Y cuya voz fue silenciada la madrugada del sábado 19 de enero del 2020, al recibir dos impactos de bala en la Colonia Centro de Ciudad Juárez, Chihuahua, paradojicamente, mientras transitaba el corredor seguro para mujeres.

Hoy, aquellas madres, hermanas y amigas a las que alguna vez acompañó en las marchas, son quienes gritan su nombre y dicen “ni una más”. De acuerdo al Observatorio Ciudadano de Justicia, proyecto de la Red Mesa de Mujeres, que hace un monitoreo de los casos de feminicidio que siguen cometiendo en la localidad y el acceso a la justicia de las mujeres, Isabel Cabanillas de la Torre es la quinta víctima de feminicidio en este 2020.

Isa, como le decían sus amistades, tenía 26 años, era fronteriza, madre soltera, amiga, artista y activista social. Formó parte del Observatorio Ciudadano Especializado en Género de la Red Mesa de Mujeres. Las paredes de su oficina las cubría con notas, mensajes motivadores y consignas feministas en contra de la violencia. Colaboraba con un equipo “que se quería”, llevando la sistematización y monitoreo del desempeño de los jueces y fiscales que manejaban los delitos por razones de género.

Yadira Cortés, integrante de la Red Mesa de Mujeres, recuerda a Isabel como “una chava “bien entrona” que quería hacer y saber más, daba un extra a lo que se le pedía, siempre muy dispuesta, muy activa”. También pertenecía a la colectiva Hijas de su Maquilera Madre cuyo nombre proviene de Juárez que es hija de la ‘maquila’,  la mitad de la población se emplea en este sector de la economía; “ellas son hijas de obreras, sus vecinos son obreros y obreras, y ellas así se definen clase obrera”. Isabel conoció a las integrantes cuando estudiaba en la UACJ. “Todas las morras de este colectivo hacen algo, como pintar, son muralistas, hacen alguna actividad artística, además de ser psicólogas, sociólogas, médicas, biólogas. Es un colectivo que se ha formado y se han formado a sí mismas de una manera muy chida”.

En el marco fronterizo tropezamos con una línea divisoria creada por residuos emocionales, un estado de transición constante, un anhelo por descifrar y entender ser dentro del espacio geográfico y simbólico. En este contexto, Isabel plasmaba en sus lienzos; mezclilla, telas, zapatos, la identidad fronteriza, y posibilidad de habitar otras realidades llenas de color sobre materiales que posiblemente salieron de alguna maquila al borde de la ciudad. Dar color a una realidad que en ocasiones parece gris y desolada era una bomba de amor con la que Isabel enfrentaba su transitar al norte del país.

Imagen vía Instagram Isabel Cabanillas

“Isa y yo fuimos a muchas marchas juntas, gritamos consignas, era una persona que entre más te dejaras abrazar y besar ella te daba más besos, más abrazos … era así efusiva, amorosa, era real”, Melisa Alpizar recuerda con gran cariño los momentos junto a Isabel. “Siempre que había marchas ella hacía los pasamontañas, los hacía de colores, rosas fosforescentes, llevaba su arte y lo compartía. Tú le decías ten dinero por tu trabajo y ella decía “no, no , no” y ahora resulta que estamos usando esos mismos pasamontañas para protestar por su feminicidio”.

Desarticular los silencios históricos

Han pasado 27 años desde que en 1993 las defensoras, las activistas, las madres y familiares de víctimas de feminicidio hicieron que los ojos del mundo voltearan a Ciudad Juárez. Donde irónicamente la violencia se hizo visible a partir de las desapariciones. Los cuerpos de mujeres asesinadas usualmente no eran hallados. La violencia no era registrada provocando que la identidad de las mujeres fuese olvidada.

En el 2009 la Corte Interamericana de Derechos Humanos sentenció al Estado mexicano por el feminicidio en Ciudad Juárez. Este hecho sentó un precedente para toda América Latina, el caso del Campo Algodonero fue el primero en llegar al Sistema Interamericano de Derechos Humanos por violación a los derechos humanos de las mujeres demostrando así que no fue un caso aislado sino que es, incluso hasta la fecha, parte de un patrón sistemático. La violencia de género, la impunidad y la permisibilidad social en esta ciudad fronteriza llevó a nombrar a Ciudad Juárez como la “cuna del feminicidio”.

Foto: Ixchel Aguirre

Hasta la fecha persiste la impunidad en los crímenes. Sin embargo, nosotras resistimos, mujeres defensoras, activistas, y asociaciones como la Red Mesa de Mujeres han precisado el no olvidar. Hacer visible cada nombre, y cada presencia. “En la Red Mesa, nosotras vamos actualizando y subiendo nombres de las mujeres asesinadas, de las mujeres víctimas de feminicidio. Los nombres están en una infografía, se hace cada año, el número se forma con los nombres de cada una de las víctimas, incluso las no identificas, porque para nosotras están y hay que nombrarlas”. La Red Mesa de Mujeres también cuenta con una línea del tiempo que enuncia nombres y número de mujeres asesinadas desde 1993, año en que nació la red.

La normalización de la violencia en Juárez es imperante. Actualmente el centralismo y el manejo de políticas públicas que resultan en ocultar información, demuestran la falta de atención por parte del gobierno, la prensa nacional e internacional, quienes parecieran haber quitado la mirada a este territorio. Sin embargo, en Ciudad Juárez la guerra contra las mujeres continua y el feminicidio no se ha erradicado ni ha disminuido.

Estar presente, alzar la voz y hacer visible el feminicidio en una ciudad que asesina, suelta y justifica culpables es resistencia. Eso hacía Isabel como activista; “perseguir a gente con poder, como jueces y funcionarios públicos” persistiendo en dar atención y resolución a los casos de delitos de género. La Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos en México (RNDDH) ya lo dijo tras el “Juicio de Arroyo Navajo” en el 2015 -donde se sentenció a cinco hombres por privar de la libertad, explotar sexualmente y asesinar a 11 jóvenes secuestradas en Ciudad Juárez-  “este logro conlleva el incremento del riesgo y vulnerabilidad”. Por eso es vital reconocer la labor de las madres, las familias, las defensoras y activistas en el acceso a la justicia, y generar las condiciones para que se continúe esta labor tan importante en un clima de seguridad y respeto.

Foto: Lulú Barrera

El caso de Isabel no es un hecho aislado es parte de la misma violencia sistémica e histórica que ha permeado desde la industrialización y las falsas promesas de desarrollo. “Ahora con Isabel de pronto todo mundo saca comunicados donde dicen reprochamos el asesinato de esta joven. Y nosotras decimos pues no mames sí es su trabajo. Por ejemplo, el presidente municipal ¡sí! es su responsabilidad brindar la seguridad a la ciudadanía” comenta Yadira.

Los datos del Observatorio Ciudadano de Justicia Especializado en Género, en 2019 registraron 180 feminicidios lo que representó un aumento del 71.4% en la incidencia de este delito en comparación con el 2018. Por eso entre las exigencias de Red Mesa al gobierno de Ciudad Juárez está la asignación inmediata de presupuesto suficiente a la Fiscalía Especializada de las Mujeres para que los crímenes que atentan contra las mujeres sean atendidos, resueltos, y no queden impunes; así como, adoptar medidas efectivas y eficaces de prevención de violencia contra las mujeres; particularmente, de seguridad urbana, para que realmente exista una ciudad segura para las mujeres en el Centro y en las zonas donde se ha reflejado mayor índice de criminalidad.

“Lo bueno de Juárez es la gente como Isabel”

Isabel se movía siempre en su bici, era independiente y autosuficiente. “Parte de su resistencia era apropiarse de los espacios…en el centro no hay cafés, entonces lo que hacíamos era ocupar esos espacios y decir “no me importa, este lugar es de cerveza, pues venimos y tomamos cerveza”; que es un cine abandonado pues lo ocupamos”, agrega Melisa “Juárez es peligroso, pero era una forma de lucha y resistencia”.

A mitad de la década de los 60 con la conclusión del “Programa Bracero” y la implementación del Programa de Industrialización Fronteriza, Ciudad Juárez comenzó a adquirir tintes “cosmopolitas”, “era como las vegas del mundo”. Hoy, en aquella metrópoli víctima de la urbanización, del crecimiento de las fábricas, de una industria erguida por intereses políticos, reina la sensación de violencia, la mezcla de terror y desolación como constante.

Melisa denunció violencia física ante la fiscalía y fue amenazada por su ex pareja, decidió trasladarse hace un mes a la Ciudad de México, ella comenta; “Juárez es un ambiente hostil, de total inseguridad, de total impunidad, la gente si te quiere hacer algo te lo hace…Yo le decía; vámonos Isabel aquí está de la chingada, vámonos ya”. Isabel estaba armando su casa y decidió quedarse en Ciudad Juárez. “Y yo dije pues va. La apoyamos, con muebles, con la mudanza porque ella es madre soltera entonces…me da mucho sentimiento y coraje, porque ella estaba naciendo. Ella lo decía así…estaba viviendo la vida activamente”.

Ser mujer joven en Juárez significa estar expuesta a algún delito, significa ser vulnerable, más por ser mujer, más joven e independiente. “Ahora todas las morras del colectivo, las chavas que la conoce, morras de su edad dicen ¿y ahora quién sigue?” Yadira preocupada agrega “esto nos pone en un temor espantoso porque no sabes quien sigue, dado que en esta ciudad se mata y pareciera que no pasa nada, se mata a las mujeres y no pasa nada…tenemos derecho a vivir sin miedo, sin que nos maten”.

Foto: Ixchel Aguirre

El gobernador Corral, el gobierno y el Estado mexicana se ha mantenido inertes. Melisa agrega “no han hecho nada por Ciudad Juárez, en lo absoluto, solo es cuestión de ir a la ciudad y se siente una tristeza, se siente un ambiente tenso y triste, es feo vivir en Ciudad Juárez, lo único bueno de Juárez era gente como Isabel Cabanillas, que resisten, que luchan y que tratan de cambiar la situación”.

“Ahora toca exigir nuestros derechos, ante las instancias, los diferentes niveles de gobierno y a nivel municipal. Hay también que evidenciar situaciones de violencia como lo fue el asesinato de Isabel” Yadira sabe que toca cuidarnos entre todas pero también exigir al Estado que cumpla con su labor. Así mismo para Melisa es necesario saber “que si las leyes no nos representan, que si las mujeres son asesinadas a diario es por este sistema capitalista, no queda más que la organización colectiva. Es organizar, resistir y denunciar”.

Transformar el dolor privado en dolor público nos permite generar e impulsar los cambios necesarios para seguir luchando por la vida. La ausencia de Isabel es sólo motivo para continuar. Como dijo Yadira, “Isabel nos representa, no sólo porque compartió con nosotras, no solo por su hacer artístico o activista, sino porque somos mujeres. Somos mujeres y ahí estamos representadas y no queremos ni una más”.

Imagen vía Facebook Hijas de su Maquilera Madre

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