“La defensa del territorio es algo tan fuerte que está surgiendo en muchos lugares porque la amenaza principal es la amenaza a la vida, la amenaza a un futuro como pueblos, como personas, como indígenas, como humanidad”, nos dice Samantha César, defensora de derechos humanos, y sobre todo defensora de Amilcingo, un pueblo que habita y resiste en el oriente del estado de Morelos.

Nuestra genia del mes nos hace reflexionar sobre los lugares que transitamos. Aquellos que nos son comunes, en los que nos desenvolvemos y habitamos como parte de nuestro territorio, con el que establecemos una relación cultural, política y económica. No solamente como un espacio geográfico sino como una complejidad de relaciones, desde la historia de las personas, de dónde venimos, las tradiciones, y qué vamos a dejar a las siguientes generaciones, hasta las conexiones que tenemos con otros seres que habitan el espacio.

El territorio se teje vasto y diverso y por ello la importancia de hacerlo nuestro y defenderlo. Porque el territorio no es un objeto delimitado, sino que se va tejiendo a partir de cómo lo habitamos las personas, un lugar donde se construye conocimiento, donde conviven distintas significaciones, y desde donde podemos pensar cómo queremos hilar todas estas relaciones que construyen nuestra vida.

Amilcingo está de pie, aunque se amenaza su vida

En el pueblo de Amilcingo existe una amenaza que se vive a partir del Proyecto Integral Morelos, un proyecto energético impulsado por la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y concesionado a 3 empresas españolas: Abengoa, Elecnor y Enagas. Consta de 3 elementos, el primero es un gasoducto de 160 km a las faldas del volcán Popocatépetl; otro elemento son 2 termoeléctricas en la comunidad de Huexca; y el último es un acueducto dentro del municipio de Ayala, ambos en el estado de Morelos.

Este amplio proyecto, menciona Samantha, implica un riesgo a la vida, primero porque el gasoducto atraviesa por los estados de Puebla, Tlaxcala y Morelos, y por el mapa de riesgo volcánico, entonces en caso de una contingencia, tanto volcánica como sísmica, las comunidades que atraviesa este gasoducto quedarían encerradas.

También implica un impacto en el medio ambiente ya que las termoeléctricas, aunque se plantea que son de energía limpia, los químicos que se utilizan generan contaminación en el agua, y esta agua va a ser desechada en río Cuautla, y además generan gases de óxido de nitrógeno, que son los que propician la lluvia ácida y el empobrecimiento de las tierras para la producción agrícola.

El proyecto integral Morelos, nos explica Samantha, “es la punta del iceberg de un proyecto mucho más amplio que es toda la industrialización de la zona oriente de Morelos, pero también de todos los ramales del gasoducto sobre Tlaxcala y Puebla”.

En la implementación del proyecto no hubo consulta para quienes habitan el territorio. En Amilcingo la asamblea comunitaria es un tejido fundamental, ya que ahí se decide y se construye colectivamente la manera en cómo desean vivir, nunca se les fue consultado, y se han reconocido grupos de choque los cuales han tenido enfrentamientos con la comunidad por el hecho de defender su forma de vida. La comunidad parte de tener el libre derecho de decidir cómo se organiza y cómo se utiliza el territorio de acuerdo a las costumbres que tienen.

En Amilcingo se ha vivido represión por la defensa de la vida, ya sea por grupos de choque o enfrentamientos directos con el ejército, que ha amenazando también a la radio comunitaria Amiltzinko, otra manera de resistencia de los pueblos, considerándola como ilegal institucionalmente argumentando que no cuenta con los permisos que tienen los medios de comunicación oficiales. Samantha menciona “nuestra radio tiene el permiso más importante que es el de las comunidades”. Con la radio se busca que los pueblos tengan el derecho a decidir sobre la información que se transmite y comparte, visibilizando las voces que habitan, y además que entre pueblos se conozcan e intercambien saberes para fortalecerse, haciendo frente a la intención de tener medios considerados oficiales con un discurso hegemónico.

Las intimidaciones y abusos en la defensa del territorio son en distintas formas. Samantha nos cuenta que existen estrategias donde primero se mapean a las personas que habitan el territorio, distinguiendo a las que son posibles amenazas a la implementación de los proyectos, también hay agresiones físicas a partir de golpes e incluso asesinatos. Estos actos parten de una agresión a la comunidad y también de una agresión personal, utilizan el recurso de la difamación. Se les desprestigia como personas para cuestionar los intereses que tienen en la defensa de la tierra. Samantha menciona “Te sacan historias de cosas que no haces para decir ¿cómo es posible que esta persona está defendiendo? si vean quién es”.

Las mujeres defensoras viven estas agresiones y además ataques particularmente hacia sus cuerpos. Como una manera de amedrentar se recurre a lastimar la dignidad desde el cuerpo. Samantha reflexiona que esto se debe a que “la mujer representa la vida, el cuidado de la vida, representa un vasto muy importante en las comunidades, y violentar el cuerpo de las mujeres, la dignidad, es violentar lo más profundo de los pueblos”. Las mujeres defensoras asumen este doble riesgo de agresión física y sexual. Además que el proceso de difamación también es particular. Se menciona que deberían quedarse en sus casas porque su obligación no es en otros lugares, es en su hogar, incluso nos cuenta Samantha que se ha dicho “que las mujeres están afuera porque andan buscando hombre”. Estas maniobras son utilizadas para descalificar las acciones de las mujeres defensoras dañando su proceso de participación.

Las acciones que las defensoras realizan tanto en el hogar como fuera son en el cuidado y la defensa de la vida. Las mujeres asumen y saben este riesgo, y también que el miedo se hace menos cuando se trabaja desde la colectividad.

“El miedo, no puedes permitir que esté delante de ti, lo que hemos aprendido en Amilcingo es que el miedo no lo vamos a tener dentro de nosotros, ni adelante, lo vamos a tener aquí al ladito, bien cerquita pa´controlarlo”.

La defensa del territorio se teje entre mujeres

De las genias que Samantha nos comparte y que la han inspirado, está la organización de mujeres Kurdas, ubicadas al norte de Siria en la región Rojava, donde ha existido un movimiento de guerrilla para hacer frente al Estado Islámico, y donde la participación de las mujeres ha estado desde el comienzo.

La intervención de las mujeres se tradujo en la creación de La Unión de Mujeres Libres de Kurdistán, un ejército conformado por mujeres que rechazan los roles marcados exclusivamente para ellas, y donde reconocen que lo primordial a vencer es la organización patriarcal. Este ejemplo de comunas han conseguido, en medio de la guerra con el Estado Islámico, construir a partir de principios de organización autónoma y libre de Estado. Además la guerrilla se conforma de campamentos y academias de formación integradas por mujeres.

Las mujeres Kurdas culturalmente han sufrido una gran represión. Un ejemplo es la  violación hacia sus cuerpos y repudio de sus familias por considerarlo deshonroso. En la resistencia de la guerrilla han construido una forma de emancipación cuyo fin es establecer gobiernos autónomos a partir de la acción grupal con organismos manejados por ellas mismas, inspiradas en la organización zapatista, donde se construye más allá del Estado.

Otra lucha que Samantha tiene como referente es la realizada por Dolores Huerta, la cual considera “ha sido una de las más importantes en el ámbito chicano”. Dolores Huerta, alrededor de los años 50, comenzó una lucha por los derechos de los jornaleros en Estados Unidos. Siendo de origen latino en dicho país se identificó y contribuyó en la organización y lucha de las personas migrantes a partir de grandes huelgas, movilizaciones y boicots hacia empresas que no daban buenas condiciones a las personas trabajadoras.

En 1960 creó la AWA, Agricultural Workers Association, que inició esfuerzos para incorporar en el sistema de salud a personas migrantes, y también incluirlas en el proceso de votación, lo que llevó a tener urnas con materiales en español. En 1962 se asoció a la organización NFWA, Asociación Nacional de Trabajadores Agrícolas (Farm Workers por sus siglas en inglés) para luchar por el bienestar de quien trabaja la tierra.

Cada año miles de personas migrantes llegan a Estados Unidos obligadas por las situaciones de su país, llegando de manera ilegal para trabajar los campos de cultivo, y ese trabajo se basa en condiciones de explotación. La lucha de Dolores Huerta es por la búsqueda de un trabajo y condiciones de vida más dignos. Y al grito “Yes, we can”, cuando parecía que la lucha quedaba estancada, logró que quien trabajaba en el campo tuviera un salario digno, agua corriente, viviendas y asistencia sanitaria.

La participación de las mujeres es fundamental en la vida pública, no sólo a manera de resistencia, sino también de ir tejiendo y construyendo otras maneras de organización. En la defensa del territorio esto no sólo implica la tierra, Samantha nos comparte que el territorio está “en el edificio, puede haber territorio en el barrio, puede haber territorio en la escuela” y es importante reconocerlo para preguntarnos cómo queremos vivir y defenderlo.

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