Internet se acerca a su 50 aniversario. En pleno 2019, si algo acompaña prácticamente todas nuestras actividades es justo esta red de conexiones y, por supuesto, los dispositivos móviles. Estas tecnologías se convirtieron en una extensión de nuestros cuerpos. Tenemos relaciones íntimas con cada una de ellas.

¿Qué es lo último que haces antes de dormir y lo primero que haces al despertar? ¿Eres de las personas que duerme con el celular bajo la almohada o lo pone en el buró para tenerlo muy cerca? Si pierdes u olvidas el celular ¿Sientes que algo te falta o que te estás perdiendo de algo? ¿Crees que la información que publicas en internet deja de pertenecerte?

La mayoría de quienes usamos tecnologías móviles o digitales, le otorgamos (y confiamos) casi todos nuestros datos personales a empresas multimillonarias, como Google, Apple, Microsoft; y por supuesto a las omnipresentes redes sociales:  Facebook, Instagram o Twitter (las cuales se nutren y toman vida gracias a todos los datos que colocamos ahí, como el número de celular, la ubicación en tiempo real, la fecha de nacimiento, las fotos de la familia y OBVI de los gatis 🐱 y perris🐶). 

Acaso hacemos una pausa para preguntarnos a dónde viaja y en dónde se almacena esa información y con qué propósito está siendo utilizada ¿Sabemos cuáles son las consecuencias que enfrentamos al  aceptar sus reglas del juego, llamadas términos y condiciones? ¿Sabemos quién diablos diseña los algoritmos? ¿Sabemos qué es un algoritmo?

Hice el ejercicio de hacerme estas preguntas y las respuestas me sacudieron. El resultado de estas reflexiones tomó cuerpo en este fanzine llamado Mi cuerpo mis datos. Sí ¡Mis datos! Yo decido qué publico, dónde y con quién lo comparto;  lo que las plataformas digitales comerciales hacen con mi información (como venderla a terceros) es justo lo que me molesta😡.  

Tiempo después de instalar en mi celular una menstruapp para registrar mi ciclo menstrual, y así conocer mi cuerpo, me di cuenta de que “alguien” estaba haciendo dinero con mi información; y no con cualquier información, estaba lucrando con mi información más íntima, pues en esa aplicación registraba mis emociones durante cada ciclo menstrual, si había tenido sexo o no, el color y textura de mi flujo vaginal, si había tenido dolor. Me estaba vertiendo a mí ¿cachan amigas? Me estaba dando y vaciando por completo, les estaba regalando conocimiento. Y esta empresa estaba dando valor a cada dato que yo proporcionaba. 

Hace un par de años comencé a preguntarme sobre qué prácticas y hábitos tengo con mis dispositivos móviles y con internet. En mi celular y laptop está mi vida profesional y  personal; la línea entre el mundo on-line y off-line en realidad no existe. Correos, nombres, números telefónicos, agenda, fotografías íntimas, selfies, cada uno de estos datos conforman mi identidad, me da sentido, placer, alegría, enojo. Yo, al igual que  muchas de ustedes, soy mujer cíborg. Recuerden amigas, nuestro cuerpo potencia las tecnologías y visceversa.  

Hoy, estoy segura de que Internet es un territorio en disputa, que mis datos personales son usados con fines de lucro por corporaciones multimillonarias, y que si no fuera por toda la información que coloco (y colocamos) en sus plataformas, simplemente no tendrían vida. 

Empecé a sospechar y a estar inconforme con el uso que se daba a mis datos cuando Facebook e Instagram censuraron una fotografía de mi seno. La censura a los pezones de mujeres (pero no de hombres) en estas plataformas es una de sus políticas para, supuestamente, “mantener espacios seguros para la comunidad usuaria de esta red”. 

¿Qué cuerpos siguen siendo los castigados y censurados? ¿Por qué los cuerpos de las mujeres son censurados cuando toman las tecnologías para re-afirmar o de-construir su identidad? Esto nos da un mensaje: mientras nuestros cuerpos estén al servicio de otros, ya sea para explotarlos, monetizarlos, o lastimarlos, “no hay problema alguno”; pero si nosotras reconocemos el poder de nuestros cuerpos y usamos las tecnologías para difundirlo o documentarlo, entonces se nos censura, se nos castiga 😤. 

En el espacio digital nos encontramos artistas, activistas, periodistas, defensoras de derechos humanos, hackers, ingenieras; internet se sigue construyendo por las luchas, creaciones, y resistencias que cada una de nosotras está colocando ahí. La red no es un territorio neutral, con cada clic que damos, o blog que creamos, estamos posicionándonos en éste, transitando, y entretejiendo el mundo on-line y off-line. 

Y si se quedaron con la espinita de cual menstruapp puede no ser extractivista hacia nuestros cuerpos, pueden descargar Lunar App, una iniciativa creada por mujeres 👑 desde Argentina, les encantará.