V estir es algo que hacemos a diario. El estilo que portamos refleja, en la mayoría de los casos, nuestra personalidad. Muchos de esos gustos son influenciados por la publicidad, así sabemos a qué tiendas acudir para comprar eso que nos acomoda. Pero ¿sabemos quiénes hacen esas prendas? ¿Cómo son los procesos de producción? ¿Quién decide los diseños y quién los ejecuta? ¿Cuál es la relación que tenemos con la ropa?

Estas preguntas (que al principio no eran explícitas) fueron el motor que me inspiró a realizar el fanzine “Explotación textilera, las manos detrás de tu ropa”, en donde cuestiono qué hay más allá del intercambio monetario ¿Qué vestimos la mayoría de las personas en México? ¿Cuáles son las opciones que tenemos para ello?  ¿De dónde vienen esas opciones?

Quienes vivimos en grandes ciudades tenemos como la opción más recurrente las tiendas en cadena, como PULL&BEAR, ZARA o H&M. Estas marcas visten a muchas de nosotras pero ¿Quién genera esas prendas en incontables cantidades y hace posible que estén en todas las sucursales?

Estas empresas se basan en una producción industrial con base en maquilas, un proceso bastante distante del telar de cintura pero en ambos casos hay personas detrás de las prendas. Hay conocimientos y saberes heredados, aprendizajes y experiencias de las manos que cortan, cosen, deshilan, pegan y un larga lista de actividades. De ahí el nombre del fanzine Explotación textilera, las manos detrás de tu ropa, porque dentro de una fábrica ese conocimiento se vuelve invisible y no es valorado.

La industria textil se ha caracterizado por instalar fábricas y maquilas en países en vías de desarrollo para así abaratar los costos al tener una mano de obra barata. Estas condiciones de precariedad son denunciadas constantemente por activistas en todo el mundo. Uno de los casos que logró documentarse es la situación de precariedad y nula seguridad en la que trabajan las empleadas de una maquila en Bangladesh, India. Conocer que las trabajadoras son remuneradas con un salario de 11 céntimos de euro por hora, lamentablemente fue posible luego  de la tragedia de Rana Plaza ocurrida el 24 de abril de 2013 en donde murieron mil 134 personas.

Aunque pareciese una realidad muy lejana algunas prendas llegan y se consumen en México. Más allá de ello, en este territorio también existen maquilas en donde se emplean mujeres por salarios que no les permiten comprar la canasta básica y que laboran  jornadas de más de ocho horas.

Estos contextos y condiciones son la cara de un capitalismo feroz que deja atrás las vidas que considera que no importan: las vidas de quienes producen y no consumen. Aunque son más en número, son minorías en relación al patrón constituido por el capital.

La fuerza de las voces de trabajadoras, defensoras de Derechos Humanos y activistas mermó, de alguna manera, la actuación de algunas empresas, como H&M que dio a conocer una iniciativa donde se podrá tener información de la lista de proveedores de sus prendas, así como el número de personas laborando. Este avance es importante para abrir la transparencia de los productos que consumimos, pero la información debe resultar más detallada, por ejemplo, revelar la cantidad de horas de trabajo de las obreras y el salario pagado.

Tal vez nunca sabremos de dónde proviene lo que consumimos, pero es necesario que comencemos a considerar otras opciones. Por ejemplo, buscar alternativas que nos digan quién o quiénes hicieron las prendas, que nos aseguren que el pago es justo para quien las hacen, pero estas opciones no siempre resultan para la mayoría.

Cuestionar lo que nos rodea, aunque sea lo más común, nos lleva a conocer todo el proceso que tienen esos objetos para llegar a nosotras, y desde ahí, poder pensar en otras alternativas, cambiar el control de consumo, y tener alternativas más allá de las establecidas por el mercado.

https://archive.org/details/fanzineexplotaciontextilera