DOLORES HUERTA, ICONO DE LA HUELGA CHICANA

Dolores Huerta ha hecho la defensa de los derechos humanos su misión de vida, la persistencia de su lucha la ha convertido, junto con César E. Chávez, en la voz latina más firme por la dignificación de las poblaciones mexicoamericanas que residen en Estados Unidos. Ha insistido en  la defensa de los derechos laborales del campesinado y en la denuncia de la triple desigualdad a la que se enfrentan las mujeres atravesadas por el género, la raza y la clase en ese país.

 

Huelga en Delano, California (1965)
Harvey Richards Media Archive

ORGULLOSAMENTE CHICANA

El movimiento chicano irrumpió en el escenario político de la década de los sesentas para defender los derechos de la población con herencia mexicana que estaban trabajando en los campos de Estados Unidos. La palabra chicano o chicana, en un principio utilizada peyorativamente y como un estigma, se resignificó para transformarse en un orgullo y en la raíz de identidad de un grupo en lucha.

La resistencia de Dolores Huerta dentro del movimiento ha sido emblemática; en 1955 comenzó a ser líder campesina en California, donde quienes trabajaban el campo vivían en condiciones de explotación y miseria. Sus principales ejes de acción fueron la defensa del derecho a la integridad física y psicológica, el acceso a una alimentación adecuada, agua potable, vivienda digna y un salario justo.

Dolores Huerta vino a México en el marco de la Muestra Internacional de Cine con Perspectiva de Género, donde se proyectó el documental “Dolores”, producido por Carlos Santana para honrar su memoria y su lucha.

En entrevista para Luchadoras Dolores compartió que, recién iniciados los movimientos latinos, los jóvenes tomaron la palabra chicano y le dieron un giro:

“así como Jesse Jackson -activista por los derechos civiles en EE. UU.- decía, black is beautiful, nosotros también decíamos: estamos orgullosos de ser chicanos, somos de descendencia mexicana, vivimos en Estados Unidos y estamos orgullosos”

Dolores nació en Dawson, Nuevo México en una familia hispana de clase trabajadora. Su madre fue la primera en inspirarle un honesto anhelo de justicia, sin embargo, ser profesora en una escuela primaria y ver las carencias a las que se enfrentaban los hijos e hijas de trabajadores, fue lo que la llevó a iniciar una batalla en el corazón de los campos agrícolas, que desde su perspectiva sostienen al mundo:

“Las personas del campo son las que hacen el trabajo más digno, las que dan de comer a todo el mundo, sin embargo, siempre es la gente más despreciada y la más maltratada. Eso tiene que cambiar, estas personas tienen que ser respetadas y dignificadas”.

Dejar de dar clases fue el comienzo de la etapa más combativa de su vida, fuera de las aulas formó generaciones de defensores de derechos humanos: “Hay diferentes clases de maestras, yo no estaba en la escuela pero estaba enseñando a la gente cómo organizarse, cómo recuperar su propia fuerza”.

UNA VIDA DE ACTIVISMO

Durante más de un siglo, a las comunidades agrícolas mexicanas y mexicoamericanas de California les fueron negados sus derechos más básicos. A finales de los cincuenta la situación comenzó a cambiar, la vida de activismo de Dolores Huerta irrumpe en la esfera política para cuestionar la permanencia de esta situación.

Este hecho es paradigmático en dos sentidos, Dolores se convierte en la primera mujer, líder y organizadora en este ámbito, asimismo, su trabajo, sobre todo con la conformación de la Agricultural Workers Association (AWA) es el precedente de una lucha que aún estaba por venir:, la exigencia por los derechos laborales focalizada a un sector doblemente golpeado, el agrícola conformado por migrantes latinos.

La AWA de Huerta fue la primera asociación en pugnar por los derechos políticos de trabajadores migrantes -derecho al voto- así como asistencia social y pensiones. Además fue la antesala que permitió que la Agricultural Workers Organizing Committee (AWOC) -liderada por Huerta y Larry Itliong- se cristalizara como un primer esfuerzo por la unión entre trabajadores filipinos, chicanos y negros.

Las luchas de Dolores y Chávez se encontraron en la Community Service Organization (CSO) y en el momento en el que se ésta se negó a priorizar al campesinado, decidieron fundar la National Farm Workers Association (NFWA), que tres años después se convirtió en la United Farm Workers’ Union (UFW), la primera organización de carácter nacional que además de lograr reunir a chicanos y filipinos principalmente, consiguió utilizar entre sus principales tácticas el boicot de la industria de la uva para exigir la mejora en las condiciones laborales de sus trabajadores.

EL BOICOT Y LA HUELGA, SUS ESTRATEGIAS POLÍTICAS

Huelga en Delano, California (1966)
Farmworker Movement Documentation Project

Durante su trabajo en la UFW, Huerta negoció contratos haciendo interlocución directa con consorcios empresariales representando al campesinado, abogó por condiciones seguras de trabajo y acceso a la salud; para lograrlo sus principales estrategias fueron el boicot y la huelga.

En 1965 la UFW se unió a la huelga emblemática de recolectores de un campo agrícola de uvas en Delano, California, impulsada principalmente Larry Itliong y Philip Vera Cruz, a través de la ya mencionada AWOC, dada la importancia histórica de esta esta huelga, fue inmortalizada con el nombre de “La Huelga” (the struggle).

En 1968 junto a la efervescencia juvenil global, la batalla en Delano estaba lejos de finalizar, una vez fortalecidas las bases organizativas y esparcidas por todo el país al grito de ¡Viva la Huelga!, la UFW decidió llamar al primer boicot nacional.

Un boicot de estas dimensiones requirió desplegar una base organizativa nacional de miles de personas. Huelguistas, sus familias y activistas en todo el país formaron parte de las picket lines: mítines que se realizaban principalmente a las puertas de los supermercados en las que se informaba a la población de las ciudades, sobre  las condiciones laborales de los trabajadores en los campos de uvas en Delano. Los paros laborales, pero también las líneas de protesta, lograron que millones de estadounidenses se negaran a comprar uvas que no tuvieran el sello de un sindicato.

“[…] teníamos que decirle a la gente que había una huelga ahí para que no la quebraran, estábamos ahí todo el santo día, empezábamos desde que amanecía hasta que bajaba el sol para que la gente no se metiera a los campos. Mientras, hablábamos con los que estaban dentro para explicarles por qué estábamos en huelga, por qué necesitábamos que nos apoyaran”.

Después de cinco años de lucha y gracias a los procesos de negociación impulsados por Dolores, la organización comunitaria y la resistencia no violenta, se logró un exitoso contrato sindical. La activista aseguró que el boicot sigue siendo el arma más fuerte. Para Huerta, aún hoy, las personas sí tienen la capacidad de renunciar a los lujos o privilegios.

“En Estados Unidos. ya ha sucedido. Uno de los dirigentes de Texaco habló mal de la gente de color y lo grabaron, se hizo público, ante esto Jesse Jackson dijo: estamos discutiendo si se va a llamar al boicot de Texaco. Inmediatamente les bajaron las ventas, nunca tuvieron que anunciar el boicot formalmente, sin embargo, eso logró cambiar la situación”.

Para Dolores actualmente estamos viviendo un “capitalismo brutal”, donde toda la maquinaria se enfoca en producir más y más por medio de la usufructuación de todos los recursos del mundo. “Están dejando a la demás gente en la pobreza, no puede seguir así, tenemos que cambiar todo eso […] cuando la gente está organizada es cuando se logran cambios: cuando las mujeres exigieron el derecho al voto, cuando los trabajadores y obreros exigen sus derechos las campañas en contra de la guerra, contra la guerra de Vietnam, el movimiento LGBT… las personas organizadas son las que logran cambios”, dijo a Luchadoras.

Desde su perspectiva, el acceso a la información que propicia el uso de las nuevas tecnologías por parte de las juventudes es la principal vía para el cambio hoy: “ya no les pueden esconder nada, con sus celulares, sus computadoras, pueden investigar lo qué está pasando, quiénes son los culpables, tienen toda esa información y además de eso, ustedes se están juntando, están haciendo manifestaciones por todo el mundo”.

HACERSE FEMINISTA

Dolores Huerta nació en una pequeña ciudad minera de Nuevo México. Formada en el catolicismo decidió casarse  y tener a dos de sus once hijos antes de los 18 años. En aquella época sus creencias religiosas le impedían vislumbrar a mujeres que decidieran sobre su propio cuerpo, no obstante, esto cambió en poco tiempo, hoy en día es una de las precursoras más aguerridas por los derechos sexuales y reproductivos de las latinas en Estados Unidos.

La Maternidad por Elección No por Obligación from Dorothy Fadiman on Vimeo.

Durante el boicot nacional de las uvas de Delano, Dolores tomó el rol de ser la coordinadora de la estrategia en Nueva York. Este viaje fortaleció enormemente su perfil político y la puso en contacto con figuras clave revolucionarias de la época como Gloria Steinem y Angela Davis, a quienes Dolores buscó para sumarlas al apoyo hacia la huelga. Ese fue su primer contacto con la lucha feminista, que representó el inicio del despertar de una conciencia transformadora de género que se hará cada vez más sólida con los años.

En retrospectiva, Dolores se dio cuenta que las mujeres que habían apoyado las huelgas y las picket lines eran constantemente invisibilizadas cuando se lograban avances positivos, no tenían acceso a puestos de liderazgo como ella, que era una excepción.

A finales de los sesenta, dentro del movimiento chicano se comenzaron a gestar reivindicaciones de y para mujeres, las jóvenes activistas comenzaron a plantarse una serie de preguntas en torno a su posición dentro de movimiento y los estereotipos raciales y de género que dentro de éste persistían, estas evaluaciones propiciaron que se comenzara a enunciar la triple opresión de la que eran objeto, aquí el género, la raza y la clase social atravesaba sus cuerpos, sus subjetividades y ahora eran conscientes de ello.

Fue duro para Dolores darse cuenta de que aún dentro de la lucha, ser mujer la hacía blanco una discriminación múltiple, por parte de las autoridades, el poder político, pero también por parte de sus compañeros:

“En algún punto me sentía muy frustrada, triste. El machismo duele mucho porque casi siempre lo ejerce una persona que conocemos, un familiar, un amigo o las personas con las que trabajamos; el machismo es ciego cuando se trata del respeto a las mujeres”

Huerta desafió en gran medida lo que significaba ser mujer en la segunda mitad del siglo pasado, además su trabajo fue fundamental para motivar a las mujeres a que participaran en los movimientos de emancipación e hizo eco de los problemas que devienen del sexismo, el trabajo no remunerado dentro de los hogares y la diferencia salarial entre hombres y mujeres.

“[…] yo pienso que cada mujer tiene que reconocer que nosotras somos las únicas que podemos luchar por nosotras mismas. Cada mujer tiene que poner su sistema de apoyo para ellas mismas, no podemos esperar que otros lo hagan por nosotras”.

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