Imágenes Areli Rema

Llegó la Navidarks y preferí recordar y honrar a las Diosas con las que he resonado y no arrullar al “niño Dios”. Para seguir caminando necesitamos del cobijo de nuestras ancestras, sus resistencias, luchas, poderes, bondades y fortalezas. Necesitamos creer, en nosotras, Creer que podemos y saber que no estamos solas.

Hay quienes encuentran sostén e inspiración para seguir cada día  en los santos, los Dioses, en héroes; todos ellos, arquetipos y mitos fundacionales que, en esta construcción de mundo, dan sentido a nuestras vidas y a la sociedad occidental. Puros hombres: que si el Jesús, que si Zeus, que si Ares, que si Hércules.

La tierra está por terminar su vuelta al sol. Al finalizar el 2019, es inevitable que nuestras vidas se guíen por nuevos comienzos e inevitables finales. Los inicios nos emocionan, nos brindan sures, nos retan, en esos horizontes vislumbramos múltiples posibilidades. Un nuevo hogar, un nuevo vínculo afectivo, un viaje a un lugar desconocido, la soltería, una plantita que necesita sol, la maternidad elegida, un nuevo proyecto, la compañía de una amiga de cuatro patas.

Estas son las Diosas que guían mi intuición y espíritu, ellas me han ayudado a creer en mí, en mi potencial, mi poder y  mi fuego interior. Porque lo espiritual es político y sanar se hace también en colectivo, no sólo se sana el cuerpo físico, se sanan y alimentan nuestras emociones y espíritus, y la tierra. Espero que disfruten toda la bondad, generosidad y potencia de estas diosas.

Kali

Esta diosa es adorada por el hinduismo. Violenta, feroz, sanguinaria. Quien también es conocida como La Madre Terrible o La Madre Negra descoloca por representar tanto poder en una deidad femenina. Kali es asociada a la muerte, la destrucción y la oscuridad. Como ella, todas poseemos nuestras facetas oscuras, llenas de sombras. Aprender a abrazar y transitar la destrucción y la muerte no es fácil, pero esta diosa sabe que para crear y renacer, la destrucción es necesaria.

También es conocida por ser destructora de la maldad y los demonios, en su faceta oscura esta Diosa tomó su forma negra para vencer al demonio gigante, Raktavija, bebiendo su sangre y así salvó al mundo de la maldad. Hay mucho que podemos aprender de Kali para conectar y trabajar en nosotras con la energía de esta diosa; ella nos enseña que para regenerarse, ser libre y cambiar de piel, la muerte es necesaria. Para sanar y volver a ver la luz no siempre se requiere ser amable y linda. La muerte genera vida.

Xilonen

En la cultura azteca el equilibrio entre lo masculino y femenino era venerado.  Entre las diosas de la tierra más importantes estaba Xilonen. Su nombre significa “espiga de maíz” y también es conocida como “La peluda”, por las barbas del maíz (esas que se nos atoran entre los dientes cuando saboreamos un jugoso elote)

Aunque en esa cultura existían varias deidades que hacen referencia a este alimento, Xilonen, representaba el maíz tierno. Por si no lo sabes, esta semilla representa la base de la alimentación de los pueblos mesoamericanos, el maíz era eje del cosmos. De esta diosa podemos aprender y revalorar la importancia de la tierra y de sus ciclos y re-pensar la fertilidad para valorarla no sólo con fines reproductivos.

La energía que Xilonen nos invita a recuperar es la de nuestros ritmos, nuestros tiempos, nuestros ciclos, y la conexión con nuestros cuerpos que tanto alimentan la tierra que habitamos. Para cosechar y poder saborear un elote tierno se requiere escuchar y conocer los tiempos de la semilla, la tierra, la luna, el sol y  la lluvia. Esta diosa encarnada en el maíz tierno nos recuerda que la abundancia requiere trabajo, paciencia y autoconocimiento; para ser tierra-cuerpo fértil y ser alimento.

Yemayá

Para encontrar a Yemayá basta con acudir al mar, al vaivén profundo de las aguas saladas. Ella es orisha (divinidad) de la religión yoruba, una serie de tradiciones y creencias espirituales de la África Occidental que con la diáspora africana (desplazamiento forzado de personas africanas y de origen negro hacia diferentes lugares del mundo, como  Europa y América) llegó al Caribe Hispano y a Brasil.

Su nombre significa madre de los peces esta divinidad es reconocida como fuente de vida, de fertilidad; ella nos recuerda que durante nueve meses nuestra primera casa fue el útero, que nadamos en el líquido vital. Podemos acudir a Yemayá para que sus olas se lleven todo aquello que queremos dejar atrás, para que su agua salada se mezcle con nuestras lágrimas, para que se lleve todo aquello que nos duele, y que al mismo tiempo nos brinde toda su fuerza implacable, renovada. De ella podemos aprender que después de los tsunamis, las aguas ceden, que la vida siempre nace de ella. Yemayá es siempre un nuevo horizonte.

Lilit

La desobediente, la indomable, la que no se dejó someter. Su origen se remonta al judaísmo. El mito cuenta que Lilit y Adán fueron creados a imagen y semejanza de Dios y vivían en el Edén. Ella se rebeló ante los hombres, al “creador” y a su igual, ella no se ajustó a sus mandatos, ella se negó a servir a Adán. Y Dios (como no podía concebir un mundo sin una mujer sirviendo a un hombre)  creó de la costilla Adán a Eva, su segunda esposa.

El mito cuenta que Lilit se exilió en el mar Rojo y que ahí fue amante y madre de varios demonios que poblaron el mundo, se le concibe como una deidad oscura, un arquetipo femenino seductor. Ella nos invita a cuestionar los mandatos que la sociedad machista, racista y clasista nos sigue imponiendo como mujeres. Lilit nos recuerda que se puede rechazar el dominio sobre nuestra voluntad y nuestros cuerpos. De ella aprendí que si desobedeces, serás feliz. Que si confías en tu intuición y escuchas lo que te dice el corazón, nada puede salir mal.

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