Nuestro corazón aún latía al ritmo de las consignas feministas, no habíamos terminado de sacudirnos la diamantina, ni de agradecer a nuestras amigas que volvimos encontrar en la marea violeta, esa con la que hicimos historia. Aún estábamos tratando de acomodarnos los sentimientos y de comprender el alcance de nuestra fuerza cuando nos pidieron parar, cuando nos llamaron a quedarnos en casa, nos pidieron resguardarnos y detener el avance de la pandemia.

Seis semanas y contando, días que pasan frente a las pantallas, dolores de espalda y un espectro de emociones y ansiedades. Acostumbradas a la desobediencia, a romper el silencio y las imposiciones, hay quienes decidimos dejar de nombrarlo aislamiento, y reconocerlo como un especie de resguardo, por nuestro bien, por el de las personas que amamos, sólo así es posible acomodarlo como un acto de amor.

Además de recorrer todas las películas de fin del mundo, las de invasiones alienígenas y sobre todo las de zombies, también hemos visto los vídeos que muestran a la vida reclamando su espacio, Me gusta pensar que el grito feminista, le cedió paso al grito de la madre tierra que supo arrebatarnos eso que anhelaba: la calma y el silencio ¿Cómo se acomoda nuestra rabia feminista en este llamado?

Nos han enseñado a responder a la urgencia, a las crisis, estar alertas todo el tiempo ¿qué podemos recuperar de esas experiencias en estos momentos? Hay una avance visible y es que ahora hay lecturas de la pandemia que ya no le son ajenas a nadie.

Durante 2009, pocas fueron las lecturas de género ante la pandemia de H1N1 (gripa porcina), de acuerdo con el análisis realizado por el Instituto Nacional de Salud Pública, la cobertura en medios se centró en dos temas: la percepción de riesgos de la población y las consecuencias económicas y sociales de la crisis de salud.

A once años de distancia, las narrativas se han ampliado, dentro de las campañas oficiales, los medios y los análisis que se realizan sobre la pandemia #COVID19 las necesidades específicas que enfrentan las mujeres y personas trans, son más visibles.

El gobierno mexicano lanzó una campaña específica sobre violencia de género en los hogares, sin embargo la información es limitada y se base en recomendaciones generales, no parece una respuesta real a las mujeres que son víctimas de violencia y que en México se cuentan en 6 de cada 10 mexicanas.

¿Pero qué sucede con las luchas y resistencias que muchas mujeres venían sosteniendo? ¿Cómo se reclaman las calles desde el resguardo? ¿Cómo se exige justicia desde otras formas de organizarnos? ¿Cómo ponerle pausa a la urgencia?

En México estamos en alerta permanente, no por una emergencia sanitaria, si no por una epidemia de violencia contra las mujeres. Durante la primera o segunda semana de cuarentena (es difícil llevar la cuenta exacta) el aniversario del movimiento MeToo MX quedó “opacado”, tenía planeado hacer el recuento de lo avanzado, pero la semana se consumió por las miles de noticias de contagios, recuperaciones y el conteo de defunciones.

Tampoco inundamos las calles el pasado 24 de abril para celebrar nuestra Primavera Violeta, para gritar que estamos hartas de las violencias machistas. Marchar no es un capricho, es una forma de hacernos visibles, de acuerparnos, de decirle al sistema que ya basta.

Por más de 5 meses, las jóvenes de la colectiva Mujeres Organizadas mantuvieron tomadas las instalaciones de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM demandando que las autoridades universitarias expulsaran a los docentes, administrativos, y estudiantes que han acosado o violentado a alumnas, una acción determinante para cambiar la realidad de las universitarias, decidieron entregar las instalaciones ante el riesgo a su salud que enfrentaban.

Al mismo tiempo la violencia feminicida continua, el más reciente informe de la Coordinación para la Igualdad de Género señala que del 30 de marzo al 12 de abril, se han registrado 103 homicidios dolosos en contra de mujeres. Eso sin contar los cientos de madres que están en búsqueda de sus hijas e hijos, las que siguen reclamando justicia para sus hijas, la urgencia que siempre nos mantiene alertas.

¿Cómo responder ante ello desde el resguardo y el aislamiento ? ¿Cómo seguir defendiendo la vida cuando la agenda mediática está en otro lugar? ¿Cómo acompañar a las miles de víctimas que este sistema capitalista deja a su paso? Son preguntas que quedan abiertas, podríamos pensarlas a la luz de una futura “normalidad” que aún no imaginamos, una que podemos construir juntas.

Fotografía: Greta Rico