COMANDO COLIBRÍ: EL BRAZO ARMADO DEL FEMINISMO

Un hombre agredió a una chica en la calle.
Ella se defendió y el hombre quedó sorprendido y bastante maltrecho.
Y pensaba yo que ese hombre se la va a pensar antes de volver a atacar a una mujer.

 

Comando Colibrí es una escuela de defensa personal para mujeres y “otrxs cuerpxs en peligro”, una iniciativa autogestionada que previene la violencia contra las mujeres, para que nosotras podamos hacer lo que queremos y proteger lo que queremos proteger. Es un espacio de aprendizaje que alimenta y fortalece, donde la frase “si tocan a una, nos tocan a todas” es un fundamento, un lugar que permite a las mujeres dinamitar el sistema patriarcal que nos enseñó  a vivir con miedo.

La autodefensa – como la define D, una de las entrenadoras de Comando Colibrí (CC)-  es “defender la libertad de vivir como quiero vivir, las cosas que yo quiero, cómo me visto, cómo hablo, los vicios que tengo o no tengo: sexualmente, emocionalmente, la autodefensa se refleja en cada parte de la vida”.

Ante la casi nula capacidad del Estado mexicano para detener la violencia de género en un país donde se cometen siete feminicidios diarios Comando Colibrí accionó. Saben que no hay que esperar a que esto cambie -aunque no dejan de exigir que el Estado responda- porque ahora es cuando están incendiando nuestro bosque. Para CC la autodefensa es una forma de empezar a construir nuestro mundo y nuestra vida con nuestras reglas, basadas en la creencia de que si cambiamos nosotras la estructura dejará de ser la misma.

 

ENTRENAR CON COMANDO COLIBRÍ

Entrenar en Comando Colibrí es duro. Cada sesión comienza con calentamientos de brazos y piernas, luego vienen ejercicios en donde probablemente se usen guantes de box o se practiquen llaves como complemento de defensa; golpes y patadas dirigidos a los puntos débiles de los probables agresores, puntos que se mapean con base en experiencias propias o de otras mujeres.

Su pedagogía se basa en diez fundamentos:

-Tu primer enemigo eres tú misma.

-La primera técnica de la defensa personal es el cuidado propio.

-Hablamos de defensa, nunca de ataque.

-La mejor pelea es la que no se da.

-Nunca, nunca, nunca será nuestra culpa ser atacadas.

-Si tocan a una, nos tocan a todas.

-Una pelea se gana o se pierde.

-Fuimos educadas para sentir temor.

-Tu atacante también sabe pelear.

-Perdamos o ganemos, le vamos a mostrar al atacante de qué material está hecho el infierno.

Para D  es importante practicar autodefensa en grupos exclusivos de mujeres porque nuestros cuerpos son los que están en la primera línea de fuego: “Hay chicas que tienen memoria corporal y en cambio los hombres no conocen esa memoria, ni tampoco viven los mismos riesgos”. Es por eso que el Comando  es un espacio exclusivo para mujeres y cuerpos femeninos.

Laura  apenas cumplió un mes entrenando, y la escuela es justo lo que venía buscando: un lugar de defensa personal de mujeres, para mujeres, impartido por mujeres.

“Encontré que Comando Colibrí es un espacio comprensivo donde hay cabida para todas. Sentí que iba a encontrar a personas que entendieran mi miedo a regresar sola de noche y aunque todavía no siento  toda la seguridad para caminar por las calles creo que estoy en el camino correcto para sentirse más segura”.

Su miedo más grande: sentir dolor pero en un mes aprendió a confiar en su cuerpo.

Que me quiten la bolsa no es mi preocupación. Mi preocupación es que me violen, me maten y mi mamá no sepa nada más de mi… La diferencia entre la autodefensa feminista y la autodefensa impartida por varones es que para ellos su preocupación sí es que les roben.

CC aclara que la autodefensa feminista no debe convertirse en una capa más de exigencia para las mujeres. Por eso, parte del entrenamiento es identificar y  aceptar las vulnerabilidades, buscar que las mujeres reconozcan su fuerza a través de la memoria corporal y del compañerismo, que eso les de seguridad. Los entrenamientos se construyen a partir de lo hecho, de lo que otras han vivido, a partir de esas experiencias buscan dar un sentido y estructurar los ejercicios para practicar.

“He aprendido que las morras no tienen ningún límite. Nos educan tan desconectadas de nuestros cuerpos que llegan chicas que no pueden hacer cosas muy sencillas pero con paciencia y ganas se vuelven unas campeonas. Y hacen todo esto desde el amor, entre ellas se cuidan, se escriben, se dan cariño y creo que esa es la lección más grande, que todo puede hacerse desde el amor”, cuenta D.

En Comando Colibrí hay mujeres de todas las edades y de varios contextos sociales y económicos. Laura M. nos contó que esta diversidad las expone a distintos tipos de violencia pero que no dejan de ser ellas, mujeres que por todos su medios están buscando salir de estas situaciones.

Camila se dio cuenta que no necesita ser tan fuerte, tan hábil o estar muy en forma para defenderse. “Con tu cuerpo, así como es, puedes hacer muchas cosas”. El no querer, no poder, ser muy débil, son creencias que se desvanecen ya que le pegas a algo y sientes que le pegaste fuerte, reconocer que puedes y que aunque no seas campeona olímpica tienes la fuerza para hacerlo.

Así se aprende en Comando Colibrí.

 

ANTES Y DESPUÉS DE COMANDO

Para Natalia entrar a CC tuvo que ver con una cuestión de necesidad ante el contexto social que vivimos, en él es una necesidad que las mujeres sepamos defendernos pero la autodefensa no sólo es tirar golpes, es crear herramientas entre todas, desde cuestiones mínimas como decirle a tu amiga que te avise cuando llegue, de estar consciente del espacio público: por donde vamos caminando y no sólo de quién está junto a nosotras sino de ver a la otra chica enfrente, de estar pendiente de qué sucede con ella.

Laura M, quien también entrena en el espacio, creció con el miedo y la vulnerabilidad en los huesos que le dejó ser víctima de abuso infantil. “Desde pequeña me sentí vulnerable y esa vulnerabilidad se queda como anclada en tu cuerpo pero con el tiempo me di cuenta de la importancia de dejar de sentir vergüenza, de dejar de sentirme culpable y de reconocer que tengo control sobre mi cuerpo y mis emociones, de que quiero afirmarme en este mundo y decir: yo tengo control o puedo tener control y la autodefensa feminista responde a este deseo de transformar esa vulnerabilidad en control sobre mi todo”.

Hace tiempo dejó de sentirse segura en las calles pero la autodefensa le ha permitido retomar los espacios que transita, los que están cerca de su casa y los que todavía no conoce porque ya cuenta con herramientas que la hacen sentir segura.

Para Camila, Laura, Laura M. y Natalia la autodefensa comenzó siendo personal y se volvió colectiva porque al defenderse ellas nos defienden a todas. Porque están rompiendo esa estructura y esa creencia de vulnerabilidad. En un contexto de violencia, cuidarnos entre nosotras es una muy buena herramienta para proteger nuestras vidas, nuestros cuerpos y nuestras emociones.  Fortalecer nuestros cuerpos para cuidarnos entre todas y empezar a crear otros lazos afectivos entre mujeres, cuenta Natalia.

¿Y por qué?

Porque son mujeres colibrí, esas que ilustra El Cuento de la Colibrí, que hacen su lucha, hacen lo suyo, se defienden y nos defienden a todas porque saben, como dice su entrenadora D., que todas merecemos un espacio donde desde el amor, desde la fuerza podamos construir la vida que queremos.

Fernanda Muñoz

Estudiante de periodismo, aficionada a la fotografía, fan de la nece(si)dad de hacer cine documental. Nativa de tierras vecinas donde "siempre hay primavera" y crecen guayabas&bugambilias.

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