Aunque el lenguaje de programación pareciera no situarse bajo ninguna postura política o de pensamiento, en realidad está profundamente entretejido en la vida. Su relación con nuestro entorno y los vínculos que mantenemos con otras personas es inherentemente política.

Irene Soria académica y activista del movimiento de software y cultura libre afirma “el código es político, es escrito por alguien y al hacerlo se toman decisiones y cualquier toma de decisión implica una acción política”. 

Con el paso de los años, el código se  volvió más amigable. Incluso diríamos que algunos de los lenguajes de codificación son algo así como cualquier otro idioma que hablamos, tienen estructuras lógicas, un mensaje, y en algunos casos es posible leerlo. Pero ¿qué pasa cuando el código se mantiene cerrado?, aún más, si el pensarlo como idioma implica que somos capaces de aprenderlo y utilizarlo.

Cada vez resulta más necesario cuestionar y preguntar, ¿quién escribe el código?, ¿cómo lo escribe? y ¿para quién lo escribe?

 

Hablando código

En su libro “Lenguaje, poder e identidad”, la filósofa Judith Butler habla sobre las formas en las que el lenguaje revela agencia al existir una relación entre acción y lenguaje; entre decir y hacer. En suma, las palabras habladas indican, provocan y accionan, y esto tiene consecuencias en el mundo, por ejemplo, en la forma en que los insultos ejercen una acción de violencia. Somos seres lingüísticos y sí el lenguaje es una constante en la constitución personal.  En ese sentido, tenemos que considerar al código como un nuevo lenguaje que creamos y ahora configura gran parte de nuestras actividades diarias. 

Actualmente hay una diversidad de idiomas, nuevas formas híbridas de lenguas cuerpo-máquina, estructuras formales de lenguaje y códigos de programación. Hablar código citando a los autores Geoff Cox y Alex McLean en el libro Speaking Code es “futuro e interacción” esa es la tarea (o el destino) del código. “El código nos está hablando, entonces si decimos que el código nos habla (que impregna y formatea nuestra acción), lo contrario también es cierto. Nosotros también estamos hablando de código”. 

Si bien es cierto que las computadoras no “hablan” como tal, es innegable su función al seguir las reglas de ejecución prescritas, las tareas y las acciones escritas por humanos con la intención de generar comunicación. Programar es algo así como componer poesía o música, y leer código resulta siendo una acción reflexiva y estimulativa. 

 

En defensa del código abierto o software libre

Al igual que otros actos de habla colectivos, la programación oscila entre proceso y expresión. Tenemos el código abierto, basado en la colaboración y enfocado a cuestiones éticas y de libertad, y el código cerrado, modelo no disponible para el dominio público, es decir no se divulga.

Irene, también representante de Creative Commons México insiste en cuestionar las consecuencias sociales y políticas de que algunos intermediarios decidan no compartir ese “saber-hacer”. 

“Nosotras tenemos que conocer nuestras tecnologías, apropiarnos de ellas, (lo) que va más allá del manejo de las herramientas digitales. Hay que aprender y cuestionar, saber cómo fue hecha y conocerla, intervenir en ella o crear la propia. Por eso la defensa del software libre y la filosofía de código abierto, hay que buscar eso la compartición y colaboración en beneficio a la comunidad”. 

 

Un lenguaje de programación feminista

Pregunté a Irene ¿te imaginas un lenguaje de programación feminista?, ¿será posible? A lo que respondió “Sí, ¿porqué no habría de serlo?, usualmente el código es limpio, muy perfecto entonces es interesante pensar en un lenguaje de programación feminista”.

Y bien ¿qué necesitaríamos para crearlo? “En primera, sería necesario cambiar a una estructura basada en la colaboración, se construirá alrededor de una estructura no normativa capaz de representar formas alternativas de síntesis. Es divertido pensar en esto, la intención es alentar y permitir nuevas formas de pensar acerca de los problemas, de manera que podamos codificar utilizando una ideología feminista”.

Me quedé pensando si ya existía alguna genia que haga esto, un lenguaje de código feminista. En mi búsqueda me encontré con la fantástica Ari Schlesinger quien decidió explorar la lógica para con humor derivar un lenguaje de programación feminista, mediante el cual tiene la postura clara de que la tecnología, los algoritmos y el código pueden contribuir a construir un mundo mejor. 

En sus palabrasC+= (pronunciado C-más-Igualdad, o Ver Igualdad) es un lenguaje de programación feminista, creado para destruir el Patriarcado tóxico que es inherente y que impregna todos los lenguajes de programación de computadora actuales”. Su código incluye funciones como “CheckPrivilege ()”, “Hacia la destrucción del techbro” y “grito (‘RAPE RAPE RAPE RAPE RAPE !!!!!’)”.

Otro gran ejemplo es la experiencia de Tara McPherson con Scalar, plataforma de creación multimedia, que demuestra la potencia y atractivo de estimular proyectos feministas. Aquí el lenguaje de scripting se ha utilizado para promover una amplia gama de proyectos feministas y antirracistas, al igual que para subvertir las lógicas patriarcales al poner textos y discusiones en la web. 

Estos proyectos demuestran que a pesar de que el código de computadora puede parecer apolítico, está en definitiva lejos de serlo. En realidad resulta más complejo, sería banal decir que existe una objetividad pura en estos procesos. La lógica y técnica, propias de los lenguajes de programación no van solas, siempre están acompañadas de decisiones que nos dicen quiénes somos, dónde estamos y qué estamos trayendo. 

Es decir, ¡el código sí tiene influencia social y política! 

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