Hay mujeres tecnología que construyen puentes entre lo espiritual y el presente, entre la resistencia y la adaptabilidad; mujeres que a través del bordado cuentan historias de un mundo que viene de muy lejos en el tiempo. La existencia del arte textil indígena, aún fiel a sus tradiciones, sólo es posible a través de la oralidad de quienes transmiten conocimiento a otras generaciones.

El bordado requiere de horas que son robadas a otros sitios, robadas a la tierra para la cosecha, robadas a la cocina. La historiadora, Margarita de Orellana, nos dice que son “horas transparentes destinadas a no satisfacer necesidades de otras y otros sino a perseguir objetos invisibles y escurridizos”.

La multiplicidad de formas, siluetas, líneas colores y texturas de las prendas que se crean en México es tan vasta como los es la diversidad de culturas, pueblos, lenguas e identidades indígenas (al menos 62 según el conteo nacional) que viven en el territorio mexicano.

Especialistas en etnografía, antropología e historia, como Martha Tudok, Margarita De Orellana, Andrés Fábregas coinciden en que la indumentaria indígena no sólo responde a la necesidad de vestir, también es resultado de los recursos y estética locales, y que en cada forma se cuenta una historia que muchas veces guarda una relación con lo sagrado, la identidad o una parte de la historia. Aquí hacemos un pequeño recorrido por algunos de esos simbolismos.

Lazos con la tierra

Los pueblos originarios tienen un lazo estrecho con la tierra y el territorio, es más que el espacio físico donde se habita, es también de donde se vive y aprende, hay muchos elementos de ella representados en los bordados de diversas comunidades.

En Huazolotitlán, las artesanas mixtecas que bordan los huipiles de gala plasman en ellos gallos que representan el canto de la mañana, del amanecer, y del atardecer. También bordan cuadros y figuras geométricas que simbolizan los 7 días de la semana y los 12 meses del año. Estas formas también representan todo lo que se siembra en surco ( maíz, ajonjolí, chile, jitomate). A la altura del antebrazo bordan la milpa.

Otro ejemplo son las hileras de flores que encontramos en muchos bordados y que representan el crecimiento de las plantas, probablemente el maíz, que es considerado el único alimento adecuado para la humanidad. Entre las flores, hay hileras de estrellas que unen simbólicamente el cielo y la tierra, nos cuenta el antropólogo Walter F. Morris.

Por lo general, los motivos bordados en las blusas nahuas están unidos por una rama que simula un árbol del cual pueden brotar distintos elementos. Este bordado -según el libro “La cosmovisión indígena y sus representaciones en los textiles” de Cynthia Santos Briones-  trata de aglutinar un número considerable de animales, plantas y objetos pertenecientes al entorno, que esta cultura considera valiosos, se representa el apego al modo de vida agrícola y campesino pues el maíz ocupa un lugar central en los diseños.

Entre mitos, tradiciones y lo sagrado

Los pueblos originarios tienen un lazo estrecho con la tierra y el territorio, es más que el espacio físico donde se habita, es también de donde se vive y aprende, hay muchos elementos de ella representados en los bordados de diversas comunidades. 

En Huazolotitlán, las artesanas mixtecas que bordan los huipiles de gala plasman en ellos gallos que representan el canto de la mañana, del amanecer, y del atardecer. También bordan cuadros y figuras geométricas que simbolizan los 7 días de la semana y los 12 meses del año. Estas formas también representan todo lo que se siembra en surco ( maíz, ajonjolí, chile, jitomate). A la altura del antebrazo bordan la milpa.

Los pueblos originarios conservan algunas tradiciones y rituales, que en el mundo occidental no logramos entender o nos parecen sumamente “retrogradas”, sólo por poner algún adjetivo, entre estas tradiciones se encuentran los ritos especiales que rodean al matrimonio.

En Zinacantán, Chiapas, las mujeres el día de su boda usan un huipil emplumado. Las plumas con las que se bordan son de gallina y se deben utilizar las plumas más blancas, para evitar un aspecto de suciedad, hay que lavarlas y dejarlas secar para tejer la tela en telar junto con las plumas, así lo describe un relato del libro “Artes de México”, coordinado por Margarita de Orellana.

De acuerdo con el antropólogo Ricardo Martinez Hernandez este atuendo también simboliza la última victoria de los zinacantecos sobre los conquistadores españoles.

Resistencia Indígena

Andrés Fábregas, investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) considera que los pueblos maya y zoque resistieron a la conquista a través de su arte textil, encontraron en él la posibilidad de transmitir la sacralidad que la colonia prohibió. En sus diseños abstractos se esconden los secretos de la agricultura y los lugares míticos que albergan a los dioses (y diosas🔱), las cuevas y los lugares sagrados en donde se realizaban rituales prehispánicos. 

La mejor manera de resistir al orden preestablecido, encerró el conocimiento a la manera de los códices

La resistencia también es visible en el tipo de materiales que se siguen utilizando para la creación y diseño, materiales que se alejan de los procesos industriales que ahora marcan la industria textil. Uno de esos elementos tiene una larga tradición de conexión con el territorio: el Ixtle.

La palabra Ixtle es la denominación maya para la fibra que se extrae de especies de magueyes y que a su vez es una planta endémica de nuestro país, Este material se teje con diversas técnicas, se tiñe y se decora con bordados y brocados. De acuerdo con investigaciones de Irmgard Weitlaner Johnson, en tiempos prehispánicos estas prendas eran de alto valor y prestigio, pero a mediados del siglo XX se consideraron “prendas de pobres”. La resistencia indígena adaptó su uso a la creación de lienzos de tejido abierto para envolver y cargar productos agrícola y domésticos.

La evolución de las técnicas de tejido y bordado indígena también demuestran la habilidad de adaptación de estos saberes. El bordado y otras técnicas con aguja evolucionaron de la mano con insumos comerciales como el algodón mercerizado y los hilos sintético. Asimismo se introdujeron motivos florales junto con novedosos puntos de bordado de origen europeo, tras la conquista. Ejemplo de este proceso son los huicholes, quienes suelen incluir figuras geométricas en punto de cruz en su indumentaria que expresan símbolos de su cosmovisión. 

Portar la identidad

Los textiles también dan identidad en el mundo que habitan. En Zinacantán las prendas utilizadas dan cuenta del estatus ante el resto de la sociedad, y eso puede sonar muy escandaloso en nuestra sociedad pero en la cosmovisión indígena es relevante, En este pueblo Tzotzil el poncho de un hombre soltero tiene tamaños y colores distintos de los ponchos utilizados por quienes están casados . Margarita De Orellana nos cuenta que los tejidos son signos de la cosmovisión maya mezclada con la cristiana

En la comunidad de Venustiano Carranza, en Chiapas, las mujeres – según la antropóloga- usan las naguas más adornadas cuando van a misa y unas más sencillas cuando van al mercado, o para estar en casa. Bordar una falda lleva tres meses y tejerla un mes.

La identidad también se transmite a través de diferentes estilos y procesos de tejidos, el tejido en curva de los quexquémetls cuyo uso se remonta a la época prehispánica, originalmente la prenda era destinada a mujeres nobles y estaba reservada para usos ceremoniales. 

Estética, colores y Geometría

En los valles centrales de Oaxaca aún se encuentra viva la tradición textil zapoteca marcada por figuras geométricas, se hace uso del telar de cintura para tejer mantas, colchas rebozos y otra prendas en donde podemos ver franjas que evocan los muros del centro ceremonial de Mitla. Secuencias de cuatro rayas que forman un patrón que se repite sistemáticamente.

Los colores de las prendas indígenas también responden a los recursos naturales disponibles en el contexto  y en la zona, por ejemplo, los pozahuancos (especie de faldas) mixtecos están hechos de lienzos multicolores de franjas rojas, azules y moradas que son posibles a los tintes naturales de grana, añil y caracol;  insectos y árbol que viven en la zona.

En Teotitlán del Valle, Oaxaca también hay una gran tradición de tejido de tapetes, los diseños pueden deslumbrar incluso a los ojos más entrenados en el arte visual, Los motivos trazados siempre evocan a una amplia gama de patrones y figuras. Las líneas diagonales son las figuras con las que se aprende a tejer, pero también se encuentran triángulos y rombos, estos últimos son conocidos como diamantes y su representación más común es el ojo de Dios, un rombo dentro del cual se teje una figura de mariposa al centro.

Sin duda, los colores de bordados y tejidos son uno de los aspectos más llamativos, pero no son gratuitos y es importante reconocer que estos tienen una conexión con la tierra y representan la biodiversidad de México

Por ejemplo, el pueblo maya puede teñir de azul con la madera del ek o palo de campeche.

Los aztecas utilizaron sales metálicas como el tlaxcocotl o alumbre para fijar lo colores. Ana Roquero, investigadora estética, señala que el color está presente incluso antes de la elaboración de los textiles, pues existen representaciones de cómo la identidad se formaba a partir de quienes tenían que cubrir su piel con colores para distinguirse del resto, o debían imitar los colores de animales salvajes de la época. Ella afirma que  así nació la tradición de teñir las vestimentas.

Por su parte Daniéle Dehoueve nos hace ver que incluso el lenguaje español no alcanza a entender la conexión de los pueblos indígenas con sus colores. Cuenta que al momento de la conquista el sistema español de designación de los colores comprendía cierto número de términos relativos a los colores fundamentales, pero en los pueblos prehispánicos los  matices del color tenían una existencia propia y su nombre se aplicaba a cualquiera que fuese su elemento natural. Por ejemplo, la hoja de un árbol, la pluma de un loro o una pintura hecha por el hombre. “La riqueza del pensamiento simbólico impidió que los nahuas elaborarán una nomenclatura de tipo occidental”.

Después de conocer algunos de los significados de los bordados que adornan huipiles, mandiles o enaguas, calificativos como “bonito”, “exótico” o “colorido” ya no serán adecuados para describir estas prendas.