Me dijeron “lencha closetera”, “hetero curiosa” y además mentirosa, porque “cómo vas a ser bisexual si llevas 13 años con el mismo vato”, “cómo vas a ser bisexual si nunca has tenido una relación formal con una morra”, ¡¿Cómo?!

Y no es que (como ahora) haya llevado siempre la bandera azul, morado y rosa atada a la muñeca, ni que fuera por la vida presentándome como bisexuala, es solo que apenas hace algunos años encontré en esos colores el espacio seguro para nombrarme, para llevar mis relaciones y vivirme desde el placer y el amor como posición política.  

Todavía recuerdo a Itzel en el Kinder enamorada de Sheyla y de Luis, besando en el baño a Sheyla pero no a Luis, y compartiendo con mamá el amor por Luis pero no por Sheyla. Lo recuerdo con cariño, tan profundamente normal y tan sin límites. 

Después de eso, y porque a veces hay cosas más difíciles de explicar que de vivir, el deber ser me la hizo más complicada, pues en una escuela de monjas y de puras mujeres, no hay más salida que nombrarnos “mejores amigas” y besarnos de piquito porque nos queremos, no porque nos deseamos. 

Así, tiempo después salí con “una Silvia” y luego con “un Javier”, me agarraba a besos en las fiestas con “un Victor” mientras cruzaba miradas con “una Claudia” sin mayor problema; pero el conflicto (que ahora entiendo que no era mío) fue cuando comencé una relación larga, muy larga, con un hombre cis hetero, pues no volví a salir con chicas, no volteaba a ver a más chicas y hasta llegué a disfrazar mis deseos con celos (no me daba celos que ella lo viera a él, lo que odiaba es que ella no me viera a mí). 

Después de buscar respuestas en los lugares equivocados, comencé a nombrarme en todos mis espacios como mujer bisexual cuando leí tuit que me encendió las tripas y me hizo estar segura de lo que soy. Decía algo como: 

Este día de la #VisibilidadBisexual les recuerdo que nuestra pareja actual no determina nuestra preferencia sexual”

Ahí me reencontré sin la necesidad de dar explicaciones a nadie y celebrando, como dicen las Bisexualas México en Vivencias bisexualas “nuestra bisexualidad como parte de una identidad política que nos define y nos atraviesa el cuerpo, el discurso y el deseo. Reivindicamos nuestra existencia y rechazamos las fronteras rígidas.”

Me enteré hasta hace unos 4 años que se celebra el día de la visibilidad bisexual y me pregunto cuántas cosas me habré perdido por no haberme “nombrado a tiempo”, y a la vez, reconozco mi camino y acepto que “los tiempos de diosita” son perfectos. 

Desde que me nombro abiertamente bisexual, me he encontrado con palabras tan potentes como las del “Manifiesto bisexual” (The bisexual manifesto: Beyond the Myths of Bisexuality) que se publicó en 1990 en la revista Anything That Moves que dice: 

La bisexualidad es una identidad completa y fluida. No asuman (...) que tenemos 2 lados o que debemos actuar simultáneamente con 2 géneros para ser seres humanos completos. De hecho, no asuman que sólo hay 2 géneros. (...) La monosexualidad es un decreto heterosexista utilizado para oprimir a les homosexuales y negar la validez de la bisexualidad.”

Y hoy, de manera más consciente, consistente y activa, me hago bi-sible para que dejen de catalogarnos como seres confundidos, para que no restrinjan nuestros deseos en términos binarios, para que se acabe la bifobia en los espacios disidentes y para que se reconozca la gran diversidad que hay entre quienes nos nombramos bisexuales. 

Me gusta ella, él y elle, me nombro y soy bisexual porque mi mamá me enseñó a comer de todo.

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