Se me hace un acto político que seamos puras lenchas y me da mucha paz estar rodeada de mujeres, personas no binarias, trans, me siento acompañada, segura, con mi banda”, Luisa es historiadora del arte.

Lo revolucionario de mi lenchitud es romper los estereotipos y mostrar que también hay mujeres trans lesbianas”, Miranda, trabajadora sexual

Para mí lo revolucionario está en mi trabajo porque es donde más vivo el ser lesbiana y me siento cómodo. Como aquí, estoy como pez en el agua porque hay buena vibra”, Eli trabaja en la industria textil.

Es muy lindo encontrarte contigo a través de rostros diferentes. Sientes la misma vibra pero a través de muchas personas, es como sentirse abrazada y libre”, Sofía es estudiante y bazareña.

A más de 70 años de la lucha del movimiento lésbico, el pasado 19 de junio se convocó a La Marcha Lencha en la cual a causa del contexto actual transexcluyente y “purista” la postura política de la marcha invitaba a la reflexión sobre la lenchitud ¿Qué es ser lencha? Laes integrantes de Marcha Lencha buscaron indagar en las vivencias, personas y experiencias que carga la palabra a los ojos de la sociedad. “El concepto de lenchitud es difuso y fluido porque el estigma que vivimos se representa de distintas maneras”. Por eso en esta marcha resultaba necesario hacer una convocatoria de manera explicita a mujeres cis, personas trans y no binaries que se sintieran convocadas por ser lencha. 

El punto de encuentro para las lenchitudes fue en la Glorieta de Insurgentes. Mientras se esperaba el inicio formal de la movilización, mujeres, personas trans y no binaries conversaban, se besaban, reían, se abrazaban, ondeaban sus banderas. El viento favoreció una combinación de colores que iba de los rosados y celestes a los magentas filtrados también por banderas arcoiris. 

A las 12:30 en punto laes organizadoraes soltaron la voz para exigir el reconocimiento pleno a nivel social y legal a las lesbomaternidades y las familias diversas; acceso a la salud integral, mental y sexual libre de discriminación y violencia; el trato digno a las niñeces y adolescencias lenchas y el acceso a la educación sexual integral que les permita reconocerse y aceptarse; el acceso al trabajo digno; el derecho a espacios de reunión y habitar los espacios públicos de manera libre, visible y segura.

Hacemos política al estar aquí

Fátima Gamboa y Mariel Lara decidieron unir sus energías en Mérida, Yucatán, como apuesta al matrimonio y ante un contexto de pandemia, restricciones y leyes que prohiben el matrimonio igualitario. El amor es un acto político, así Mariel y Fátima pidieron a laes asistenaes que fuéramos sus Ixmukanés, sus mujeres, sus testigaes y acuerparamos en presencia su unión en el espacio público “¡porque las calles también son de las lesbianas!”

La universa conspiró para hacernos coincidir en tan inoportuno momento, en el mundo tú y yo fuimos hechas inseparables en el amor [...] La luna cobija nuestro arrullo, y confabula con el sol para hacer florecer nuestros corazones. Te doy mi sorpresa por tu presencia en cada amanecer [...] Sigamonos tocando con ternura. Enraizando nuestros pies en el aire. Al igual que tú, yo te amo”

Vivirnos desde la lenchitud, amar a otraes y amarnos a nosotraes continua implicando miedo, odio, indignación, pero también revolución, lucha y resistencia. Cuántas veces nos aterró sonrojarnos con la sonrisa de lae morritae que nos gusta, o escuchar a nuestra familias presentar a nuestra pareja como “nuestrae amigae”. Hay una poderosa potencia al hacernos visibles, tomarnos de la mano y entonar nuestro amor en un mundo que insiste en negarlo, implica posibilidad(es). Nombrarnos y amarnos es nuestra revolución. 

“Somos lenchas y no un secreto” pronunció Lulú Barrera tras compartir la historia de Cecilia y su tía. 

Cecilia era lesbiana, pero yo no sabía que era lesbiana, yo tenía 7 años y no sabía que podía amar a otras mujeres, Cecilia era la pareja de mi tía… hace unos años decidí ser lesbiana y le dije a mi familia que había decidio estar con mujeres, que no iban a ser mis amigas, iban a ser mis parejas… ¡porque nunca más secreto!”

La marcha fue un cobijo y abrazo colectivo al encontrarnos, escucharnos y sabernos juntaes. Las historias resuenan y aunque a veces haya dolor en las palabras, no estamos solaes, lo sabemos. Somos libres de amar a quien queramos. Mary vive en Naucalpan, Estado de México, se enteró de la marcha por redes sociales y al principio estaba nerviosa. A más de la mitad del recorrido está contenta pero sonríe con timidez. Y como Lulú, también le contó a su papá que estaba con una mujer y esa fue su revolución. 

Mi revolución fue decirle a mi papá que estaba con una mujer. Él la rechazaba, la mal miraba, la trataba feo y entonces decidí irme a vivir con mi esposa y mi hija, después que me dijo que quería que la dejara porque Dios no hizo a Juan y Pedro”.

Una exigencia de esta marcha es que las lenchitudes gocen sus vidas libres de violencia, en particular aquella que usa narrativas religiosas, pseudo-científicas y pseudo-psicológicas. Y que es un tipo de violencia supuestamente “correctiva” que suelen ejercer las propias familias y comunidades.

Lo revolucionario de ser lesbiana fue aceptarme y aceptar que detrás de la gente que no te acepta vas a encontrar a una familia que te va a recoger con los brazos abiertos y con mucho amor” Citlalti, 17 años.

¡Justicia!

También exigimos justicia, se nombraron a mujeres que han sido víctimas de lesbodio y lesbofeminicidios como Marbella Ibarra, pionera y figura relevante para el desarrollo del futbol femenil en México, asesinada a sus 48 años en Baja California. A Nancy Guadalupe, quien a sus 24 años fue asesinada a golpes por un cadenero de un bar en Veracruz y en Coahuila fue asesinada Jessica González cuando tenía 21 por relacionarse con Fátima (su pareja), a quien la policía intentó obligar para que se declarara culpable del homicidio de Jessica.  

Por todas ellas, por las víctimas conocidas de crímenes por prejuicio y de las que se desconoce su nombre se guardó un minuto de silencio. Laes asistentes levantaron un puño, y gritaron ¡justicia!

La manifestación hizo una parada simbólica en el Registro Civil para exigir el reconocimiento de derechos de las mujeres lesbianas, sus hijes y sus familias. Alehlí Ordóñez, abogada lesbiana, recordó que el gobierno actual intentó obstaculizar nuevamente el derecho al reconocimiento de hijes de lesbomaternidades y que, pese a impulsar el reconocimiento de Sofía, la primrea niña trans en obtener su acta de nacimiento sin juicios revictimizantes, esta ciudad le ha negado este derecho a 23 niñes y adolescentes trans. Ambos derechos siguen ausentes en las leyes.

(Re)pensar la lenchitud *lenchitudes trans, no binaries

El lesbianismo en sí desestabiliza la conformidad del género, por eso explorar el concepto de lencha más allá de “mujer que ama a otra mujer”; es más que una apuesta que actualmente es urgente abordar, porque existe, es real y aquí estamos.

Es decir el lesbianismo puede ser una identidad, una práctica política, un sujeto político con una multiplicidad de expresiones de género pero que comparte la opresión patriarcal sobre una existencia marcada por discriminaciones sociales, económicas, políticas y culturales que ponen en riesgo la integridad personal al mismo tiempo que amenazan la normalidad heterosexual.

En un mundo que insiste históricamente en fijar el lesbianismo al género binario, puede ser difícil ser abiertaes sobre cualquier experiencia que sea distinta. Pero si lo pensamos detenidamente ser lencha es intrínsecamente ser no conforme con el género. Una gran parte de la identidad lesbiana se trata de subvertir las ideas de la sociedad sobre lo que significa ser mujer. Bien lo dijo Monique Wittig “las lesbianas no somos mujeres […] Lesbiana es el único concepto que conozco que está más allá de las categorías de sexo (mujer y hombre), pues el sujeto designado (lesbiana) no es una mujer ni económicamente, ni políticamente, ni ideológicamente.” Pues el concepto de “mujer” en occidente incluyen invariablemente la atracción y “la disponibilidad” hacia los hombres cis. Las lesbianas escapamos de esa dominación heterosexista y heterosexual, desafiamos los limites del sexo y género.

Sí soy lencha y mi pareja es una persona trans. Para Luisa pasa igual, “Pauli y yo nos vivimos desde la lenchitud, lo hemos hablado, y aunque a muches les exploté la cabeza, él y yo, somos lenchas.”

Lo revolucionario para mí es poder decir que soy lencha y soy trans. Y seguir con vida caminando, luchando. Me gustaría que, quienes siguen detrás de nosotres puedan tener un camino más fácil que el que nosotres hemos tenido”, Pauli, psicólogo y artista.

Al diferencia de Pauli yo encontré primero mi identidad. Pero escucharle hablar con tanta euforia sobre su lenchitud me invita a reflexionar sobre mi no-lenchitud, así porque no tengo otra forma de nombrarla por ahora. El deseo de Pauli me hace sentir que voy acompañade en este camino desconocido de reconocerme, abrazarme desde el amor y ya no más desde el dolor.

Algo muy bonito que hice últimamente fue salir del closet con mis papás y llevar a mi novia trans con mi familia, eso fue mi revolución y fue muy lindo”, Dani

Al final del día, las palabras lesbiana, lesbianae no binarie, lesbianae trans, sáfica, queer, machorra, torta, lencha son ​​términos. Son herramientas lingüísticas para describir una experiencia que ya existe. Entonces, que alguien nos diga que no podemos ser lenchas por amar a una persona trans o no binaria no significa nada, porque ya lo somos.

El género y la identidad son cosas complejas y no todo el mundo tiene la misma perspectiva. Pero la experiencia vivida es siempre más valiosa y significativa que la teoría en papel, y estas conversaciones deben basarse en la empatía y el respeto, de lo contrario, se desmoronarán. 

Nos reconocemos lenchas, tortas, sáficas, queer, pansexuales, bisexuales, mujeres cis, personas trans y no binaries, juntaes resistimos. Esta marcha nos llenó de amor, celebración y revolución. Lo que sigue es continuar construyendo en colectivo espacios y expresiones políticas desde los deseos, afectos, ternura e identidades que nos atraviesan.

Fotografías de Geo González