Luego de que la Youtuber Maire Wink denunciara públicamente que fue víctima de abuso sexual del conferencista Ricardo Ponce, más denuncias han salido a la luz a través de las redes sociales y espacios seguros de denuncia en la página de Instagram #MetooRicardoPonce.

Con más de 1.7 millones de seguidores en Facebook y más de 2.6 millones en Instagram, Ricardo Ponce es una voz a la que siguen millones de personas que buscan mejorar su salud emocional, sin embargo, este guía y “creador de la autosanación” fue acusado de enganchar, manipular y disfrazar sus discursos, cursos y retiros para generar violencia psicológica y sexual.

A pesar de que el 2 de junio la Fiscalía General de Quintana Roo realizó un cateo en el hotel de Bacar en donde realiza sus retiros, este supuesto “gurú espiritual” presumió el aumento de seguidorxs tras las denuncias y anunció cupo lleno para su siguiente encuentro. 

No ha sido el único caso. Gurús espirituales, escritores, directores de cine, profesores, y por supuesto, políticos y sacerdotes, han abusado del poder simbólico que tienen socialmente para violentar a otras personas. 

La violencia de género y las modalidades en las que se ejerce, están íntimamente relacionadas con dinámicas de poder. Movilizaciones como el #MeToo han revelado los abusos sexuales, emocionales, laborales, económicos e incluso ideológicos que figuras y líderes han ejercido contra tantas niñas y mujeres.  Vivimos violencia en todos los espacios y estamos siendo más vulnerables ahí donde se pone el cuerpo y la intimidad, donde hay una relación de confianza.

Hemos visto cómo una vez que una sobreviviente rompe el silencio con valentía para denunciar a estas figuras con tanto reconocimiento público, aparecen muchas otras para compartir también sus testimonios, dejando ver que suelen ser abusos sistematizados sustentados en redes de poder y encubiertas por pactos patriarcales.

Bikram Choudhury, mejor conocido como el multimillonario creador de “Bikram Yoga”, afirmó que sus conocimientos sobre la yoga los aprendió bajo la tutela de Bishnu Charan Ghosh en la India, pero con la diferencia de que los métodos que usaba eran exclusivamente suyos y que lo habían ayudado a convertirse en tres veces campeón nacional de yoga en su país natal.

No obstante, como queda expuesto en el documental lanzado por Netflix en 2019, “Bikram:Yogui,gurú, depredador” (Bikram: Yogi, Guru, Predator).  pronto se revelaría que Bikram Choudhury también instaba a sus seguidores a cumplir todas sus órdenes, e incluso, los llegó a violentar y agredir de manera sexual. Bikram lideró un culto para explotar a sus víctimas a través de la manipulación psicológica e intimidación profesional.  

En el 2018 un reportaje  del diario británico ‘The Guardian‘ denunció un caso de abusos sexuales repetidos durante 15 años en un centro de retiro espiritual y yoga en la isla de Koh Phangan (Tailandia). Este era gestionado por un carismático gurú, Swami Vivekananda Saraswati, que ha sido denunciado por agresión sexual, violación y discursos misóginos por 14 mujeres, procedentes de Reino Unido, Australia, Brasil, Estados Unidos y Canadá, que visitaron el centro. 

Según los testimonios de las víctimas referidas por el ‘The Guardian‘, el presunto gurú habría manipulado a cientos de mujeres durante su estancia en el centro espiritual para que tuvieran relaciones sexuales con él, y de esa manera, “alcanzar la iluminación”.

También, recordemos el caso de Marcial Maciel quien junto con otros 33 sacerdotes abusaron sexualmente de al menos 175 víctimas, hechos fueron encubiertos por muchos años. Sabemos que la adscripción religiosa está íntimamente relacionada con la identidad de une y su forma de entender el mundo, por lo que un sacerdote significa una relación cercana con aquello que hace sentido, con aquello en lo que se tiene esperanza. Y así, este grupo sacerdotes abusó de esa confianza que todas esas víctimas depositaron en ellos.

Estos guías espirituales tienen la capacidad de identificar las necesidades emocionales de las demás personas, conocen la vulnerabilidad, saben manejarse y van construyendo un modus operandi que funciona a través de la manipulación, dominio, control, explotación, abuso y coacción. Buscan ganarse primero la confianza de las personas que los siguen, para después obtener una gananacia (poder, dinero, sexo) causándoles daño y afectaciones.

Herramientas de autocuidado frente a guías abusivos

Hablamos con Marcela Zendejas, guía feminista de meditación y yoga Kundalini, sobre algunos focos rojos a estar atentas y no caer en los discursos manipuladores de este tipo de perfiles abusivos. 

Para ahondar sobre cómo se dan este tipo de abusos de poder en contextos de búsqueda espiritual, Marcela nos comparte que se va construyendo la idea de que los guías son incuestionables e intocables, sin la posibilidad de exigir rendición de cuentas ni transparencia. 

A las mujeres se nos ha socializado históricamente para perpetuar liderazgos y en estos contextos, a pesar de salir de esquemas de grupos católicos o cristianos, caemos en lógicas similares ya que nos criaron para seguir líderes. Por eso se vuelve tan importante abrazar al feminismo para cuestionarlo todo, no someternos a autoridades ni relaciones de poder que terminan por abusar de los vacíos y heridas que nos ha dejado el patriarcado. 

Por eso, Marcela nos da las siguientes recomendaciones:

1.- Recuerda que tú eres tu propia maestra y nadie es dueñx de tu práctica espiritual.

Tu despertar espiritual tiene que ver contigo, tú eres el núcleo, corazón y causante de tu proceso. Los guías solamente facilitan, son seres humanos como tú.

2.- Si te hacen sentir culpable por buscar otras filosofías o prácticas espirituales, no es ahí.

No hay por qué casarnos con una sola práctica espiritual. Es válida e importante la exploración continua para no asumir verdades absolutas. No te conformes, es un riesgo creer que tu práctica depende de una sola postura filosófica y de un solo líder.

3.- Cuestionemos cuando los retiros tienen altos costos.

Es muy diferente dignificar el trabajo de las y los guías espirituales para que puedan vivir de ello, a que se lucre con las experiencias y necesidades de las personas que desean acceder a este tipo de procesos.

4.- Traslademos lo que los feminismos nos han enseñado a nuestra búsqueda espiritual.

Desde los feminismos hemos buscado desarraigarnos de concepciones que nos reducen a una sola forma de habitar el mundo como mujeres. Es una búsqueda que no acaba, seguimos en deconstrucción y re-construcción permanente, también pensémoslo así desde las prácticas espirituales. 

Observamos que las violencias están relacionadas con dinámicas de poder, que en un contexto de búsqueda espiritual, personas nombradas “gurús” pueden aprovecharse de un sistema patriarcal en donde se nos ha socializado históricamente para perpetuar liderazgos.

Sin embargo, seguimos deconstruyendo formas históricas de relacionarnos con nosotras mismas y colectivamente, formas que nos han hecho daño. Y aún así podemos reconocer que no estamos solas, que podemos nombrar la violencia, acompañarnos y que hay herramientas de cuidado colectivas para hacer frente a contextos abusivos. 

Recordemos amigas, que lo espiritual también es político.