OLGA NAYELI: LA MADRE, HERMANA E HIJA QUE MURIÓ A MANOS DE SU ESPOSO

Olga Nayeli Sosa Romero nació el 11 de mayo de 1977, poco antes de las siete de la mañana en la ciudad de Puebla, entidad localizada en la parte central de México. Tenía sólo siete meses, pero gracias a un remedio que su abuela le dio a su madre pudo salir del hospital sin pasar por la incubadora.

De niña fue intrépida y aventurera. Su hermana Alejandra cuenta que le gustaba mucho salir en patines o en bicicleta, subirse a los columpios y mecerse de pie para, ya estando en lo alto, saltar hacia el piso. También le encantaban los juegos mecánicos de vértigo porque la hacían sentir mucha adrenalina.

Eso no le quitó lo responsable, Nayeli siempre tuvo excelentes calificaciones desde primara y hasta la universidad.  Ayudó a su mamá a cuidar a su hermana y hermano pequeños; también ayudaba con el quehacer.

De más grande se volvió un poco más seria: no le gustaba bailar, salir a las fiestas o tener muchos novios. Se dedicó a la escuela; cuando estudió Estomatología iba a las jornadas comunitarias y enseñaba a la gente cómo cepillarse correctamente los dientes.

Su debilidad eran los chocolates y las galletas en forma de abanico, que guardaba con celo debajo de su almohada para que no se las robaran.

La mamá de Olga Nayeli, Argelia Romero, dice que su hija siempre fue muy apegada a su familia. Tuvo buena relación con sus tíos, tías, primos y primas.

Por eso se sorprendió cuando después de casada se empezó a alejar, dejó de ir a las reuniones y a veces se mostraba ausente. Argelia cree que eso se debe a que su esposo Moisés, médico de profesión, le daba fármacos para tratar un supuesto hipotiroidismo.

A Nayeli no le gustaban las mentiras, para ella eran como una telaraña de la cual ya no se podía salir. Pero a su familia no le dijo por qué tenía moretones en los brazos, ni respondió preguntas cuando según se lastimó la mano al cerrar la puerta del coche. Para Argelia Romero su yerno fue el culpable de esos daños.

La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) 2016 indica que en Puebla 44.3% de las mujeres mayores de 15 años experimentaron algún tipo de violencia por parte de su actual o su última pareja.

La violencia física, como la que sufrió Nayeli, la padecieron también una de cada tres mujeres mayores de 15 años en el estado, según la Endireh. Este tipo de violencia, además, aumentó 88% con respecto a la misma encuesta de 2011.

NO ERA AMOR

El lunes 9 de junio de 2014, Olga Nayeli no llevó a su hija Sara, de entonces cuatro años de edad, a la clase de ballet. Algo que inmediatamente llamó la atención de Alejandra, cuya hija también iba a la clase, porque su hermana siempre era muy puntual. Todo ese día su familia intentó localizar a Nayeli, pero el celular mandaba al buzón.

Hasta el martes siguiente Moisés les dijo que Olga Nayeli no había llegado a su casa. La familia de Olga lo acompañó a interponer la denuncia por la desaparición, a la par que otros familiares la buscaron en hospitales y agencias del Ministerio Público.

Después de varios días de búsqueda, los agentes encargados del caso llegaron a revisar la casa de Olga Nayeli. Había un fuerte olor a cloro y rastros de sangre, sobre todo en el baño.

El esposo de Nayeli perdió el color de la cara cuando los agentes le pidieron que metiera el coche a la casa, allí encontraron más sangre. Además hallaron varios de los objetos con los que se deshizo del cuerpo, mismo que llevó al municipio de Huaquechula -a hora y media de la ciudad de Puebla-, para prenderle fuego y enterrarlo, acciones que admitió ante los agentes policiales y que permitieron recuperar los restos de Nayeli .

Moisés rindió su declaración, dijo que la empujó durante una discusión y ella se desnucó. Los huesos que quedaron de Nayeli lo desmienten: su cráneo seguía pegado a su columna, murió por los golpes que él le dio con un mazo.

De acuerdo con el Código Penal del estado de Puebla el caso de Olga Nayeli cumple con cuatro de las nueve causales de feminicidio vigentes: la violencia previa al homicidio; las lesiones crueles y degradantes que sufrió el cuerpo; el haber estado incomunicada, y la relación sentimental que tenía con el victimario.

Moisés fue procesado por el feminicidio de Nayeli, sin embargo después de cuatro años no ha recibido una sentencia.

El caso de Olga Nayeli ejemplifica la realidad de los feminicidios en el estado: los homicidios ocurren en los hogares, a manos de esposos, novios o exparejas y la impunidad es casi total.

En Puebla la mayoría de las mujeres –cuatro de cada diez- fue asesinada en sus propios hogares, de acuerdo con datos de 2012 a 2015 del Sistema Nacional de Información de Salud (Sinais). En contraste, ocho de cada diez hombres asesinados lo fueron en la vía pública

Asimismo el seguimiento hemerográfico del Observatorio de Violencia Social y de Género, de la Universidad Iberoamericana de Puebla (UIA), dice que de los 93 casos de feminicidio ocurridos entre enero de 2015 y marzo de 2018 donde sí se tienen datos del victimario: 73.1% correspondieron a la pareja o expareja.

En cuanto a las sentencias el Tribunal Superior de Justicia de Puebla reportó al grupo de trabajo que analiza la alerta de género que de 2015 a 2017 hubo ocho por feminicidio, de las cuales seis fueron condenatorias. Si se toma en cuenta que la Fiscalía poblana inició en ese mismo periodo 105 carpetas de investigación, la impunidad es de 94.2%.

Aunque si se toman en cuenta las cifras del Observatorio de la UIA, el cual contabilizó 277 feminicidios de 2015 a 2017, la impunidad es mayor: 97.8%.

Para Natalí Hernández Arias, del Centro de Análisis, Formación e Iniciativa Social (Cafis) e integrante de la Mesa de Seguimiento de la Solicitud de Alerta de Violencia contra las Mujeres en Puebla, es importante hacer visible que la mayor parte de mujeres mueren en sus casas y a manos de sus parejas o exparejas, porque esto ayudaría a prevenir más feminicidios.

Por ejemplo, cuando las mujeres víctimas de violencia familiar llegan a las dependencias de salud se podrían identificar estos patrones y así intervenir. También se prevendría atendiendo de forma oportuna las llamadas de emergencia de violencia familiar.

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