SANAR: VOLTEAR LA MIRADA HACIA EL CUERPO

«Y no hay nuevos dolores.
Ya los hemos sentido todos.
Los hemos escondido en el mismo lugar
donde tenemos oculto nuestro poder».
(Audre Lorde La hermana, la extranjera, 1984)

 

Nuestras percepciones de #Sanar son muy diversas a veces podemos relacionarlo con el autocuidado,  la ausencia de la enfermedad, o un sinónimo de salud. Tal vez hemos escuchado relatos de nuestras abuelas o madres que contaban sobre cómo sanar el alma, o hemos escuchado de “sanadoras”.

Dialogar sobre #Sanar nos obliga a voltear la mirada hacía “el cuerpo”.  Y aunque en el cuerpo están presentes múltiples dimensiones (como la  energética o espiritual), cuando aparece una dolencia reconocemos solamente una o dos vías para sanarlo.

Recurrimos a las vías más “lógicas” y/o “aceptables” como es la ruta médica, donde nos piden los síntomas para diagnosticar la enfermedad y darnos un tratamiento que atiende sólo una parte de lo que está relacionado con nuestra dolencia. ¿Cuántas veces fuimos a consulta médica y salimos con medicamento pero sintiendo un vacío?

En pocas ocasiones reconocemos que nuestro dolor de cabeza o gastritis no se va a quitar sólo con una aspirina u otra pastilla, y lo que necesitamos es sentirnos arropadas, escuchadas, algo más allá del medicamento.

Así, nos vamos adentrando a otras dimensiones para sanar, como la homeopatía,  la chamanería con sus limpias, o intuimos mejorar nuestra conexión con las energías de la naturaleza, a veces también hemos logrado sentir como el arte o la danza, nos ayuda a que la dolencia sea menor.

Pero estas “otras” alternativas, muchas veces son deslegitimadas o usurpadas para la charlatanería. A pesar de ello, no nos negamos a buscar esas alternativas y discutir su pertinencia para lo que estamos viviendo. Así llegamos a crear nuestras propias rutas válidas para #sanar, reconociendo a través de ellas las distintas dimensiones corporales en nosotras.

Sanar en los cuerpos

#Sanar tiene un lugar/espacio: “el cuerpo”. Para #Sanar necesitamos entender y conocer nuestro “cuerpo”. Pero no podemos hacerlo sin entender las concepciones que hay en torno a él y darnos cuenta desde dónde hemos aprendido a relacionarnos y qué voces están autorizadas para sanarlo, por ejemplo la medicina, la religión.

Estas hegemonías de pensamiento, dividieron al cuerpo: la iglesia se enfocó al cuerpo espiritual, la  medicina  al cuerpo físico y través de la ciencia moderna la razón/mente es el apriori del sujeto. ¿Qué se quedó fuera?, Casualmente lo relacionados con “elementos” vinculados a lo  femenino, a lo negro, a lo indígena: las emociones, lo energético, lo disidente, lo simbólico, lo ancestral, entre otros.

En cada momento de la historia,  un cuerpo ha prevalecido sobre otros. Los cuerpos han sido controlados históricamente, en función de hegemonías políticas, culturales y económicas, así a la llegada de la modernidad, del desarrollo científico y avances tecnológicos, el cuerpo masculino, blanco y racional fue colocado como el modelo humano, universal. Construyendo para ello, mandatos institucionales que han acreditado qué conformaba el cuerpo y qué no, configurando normas binarias femenino/masculino, blanco/negro, centro/periferia.

Un primer paso para sanar es conocer/reconocer los distintos cuerpos y entender porqué se nos han arrebatado. El cuerpo, los cuerpos son: emocional, energético, mental, físico/biológico, espiritual, ancestral. El cuerpo no existe, existen los cuerpos. Y cada uno de estos cuerpos necesita sanar en relación a los otros.

Diversas corrientes feministas reflexionan sobre cómo se ha controlado-diseccionado el cuerpo de las mujeres a lo largo de la historia, no necesariamente lo vinculan con el sanar, pero sí, con la negación o usurpación del cuerpo femenino por parte de otras y otros.

El feminismo comunitario cuenta cómo la sanación implica reconocer las múltiples opresiones en el cuerpo, que las luchas comunitarias pasan por sanar el cuerpo y recuperar las memorias ancestrales. El ecofeminismo nombra sanación de la feminidad en su relación con la tierra y su correlación para el bienestar. El feminismo de la diferencia vincula la sanación con la reconfiguración de lo femenino, de nombrarnos desde nosotras.

El feminismo decolonial,  analiza la usurpación de los cuerpos de mujeres negras, indígenas, las de la periferia, como control político, cultural, económico desde el capitalismo patriarcal, por ello atraen al centro lo salvaje, deslegitimado, mundano, anormal  para construir rutas sanadoras.

Esto es sólo por nombrar algunos aportes, pues son muchos más lo que los feminismos nos han dejado y en donde apropiarnos de nuestros cuerpos es un acto no sólo de transgresión sino también de sanación.

Nuestro acto transgresor es nombrarnos en femenino, nombrar las cuerpas, configurarlo como un acto de apropiación desde las propias mujeres. “Sanar nuestras cuerpas, sanar cada una  en relación a las otras: Conocer y sanar tu cuerpa energética, emocional,  mental, físico/biológico, espiritual y ancestral”.

Sanar los cuerpos en el neoliberalismo como acto político.

Las mujeres estamos viviendo en sistemas neoliberales, capitalistas y heteropatriarcales que nos enferman. El neoliberalismo y el capitalismo legal e ilegal se manifiesta en la gastritis masificada, en respirar la contaminación diariamente, en la diabetes tan cercana,  en el estrés crónico por el aumento de violencia, en las infecciones vaginales, en la insuficiencia de servicios básicos de salud, en la incapacidad de nombrar la espiritualidad en un contexto que consume todo. Que nos consume y agota.

Sanar-nos

En el cuerpo encontramos la energía de la rebeldía, la transgresión, la defensa para recuperar los saberes ancestrales, la memoria colectiva, las historias emancipadoras; de la recuperación territorio-cuerpo, del territorio-tierra, uniendo las dimensiones reconociendo que las luchas pasan por sanar los cuerpos, que los cuerpos sanos son cuerpos emancipados. Por lo que la sanación es un proceso de resistencia política y de sostenibilidad de nuestras vidas, nuestros territorios, nuestros movimientos.

¡La sanación es colectiva e histórica!

 

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