PRIMAVERA VIOLETA #24A

Si le preguntas a cualquier mujer si alguna vez fue agredida o acosada de alguna forma, es casi seguro que la respuesta es sí. De forma cotidiana nuestras abuelas, madres, hermanas y amigas enfrentan distintas formas de violencia en todos los espacios que habitamos;  todas las mujeres compartimos historias de violencia en contra de nuestros cuerpos, pensamientos o acciones.

La violencia  es histórica y está tan presente, incluso de formas sutiles, en todos los aspectos de la vida que podemos pensar que es normal “y algo que tenemos que aguantar”. Desde hace algunos (pocos) años, algunos casos de violencia  se han mediatizado y han logrado visibilizar esa violencia estructural que existe contra todas las mujeres; esa mediatización  sirve principalmente para dos cosas: solidaridad con las víctimas y sus historias, y reconocimiento de todas las luchas y movimientos que de manera, casi  silenciosa, hemos creado muchas mujeres.

Feministas, activistas, defensoras de Derechos Humanos de repente nos encontramos en las mismas protestas, defendiendo y apoyando a una desconocida en la que identificamos nuestras propias heridas. Casos como el de Yakiri Rubio -presa por defenderse de su agresor- sembraron semillas de organización que con el tiempo fueron creciendo.

Los primeros meses de 2016 fueron críticos para esa organización: una periodista que caminaba por la colonia Condesa fue agredida sexualmente, decidió no callarse, tras denunciar  fue víctima de amenazas y hostigamientos. Una joven estudiante de la UNAM logró evidenciar al hombre que la agredió sexualmente mientras ella usaba el transporte público para ir a la escuela, la respuesta fue la misma: culparla a ella, y en Veracruz se hacía público que cuatro jóvenes secuestraron a una chica para violarla sexualmente.

Mientras todas estas agresiones afectaban de forma directa a muchas mujeres, Gerardo Ortiz,  cantante de música grupera, lanzaba un vídeo haciendo una apología del feminicidio, con lo que remarcaba la idea de que “está bien matar a una mujer cuando se lo merece”.

Fue entonces que feministas de Chiapas y otros estados lanzaron en redes sociales una convocatoria pública y general para que todas las mujeres salieramos a ocupar las calles y manifestarnos en contra de las violencias machistas, a decir que estábamos hartas de que diariamente mil 643 mujeres sean violentadas sexualmente y otras siete murieran asesinadas de formas brutales.

El llamado era claro, no se trataba de representar a  un frente, un partido, una organización o una postura, sólo de convocar a todas las mujeres que fuera posible e inundar las calles con rabia violeta. En el centro del país, Punto Gozadera fue el punto de reunión para organizar el contingente, en donde el papel protagónico no lo tendría ninguna persona, sino, el repudio a la violencia machista.

Por  primera vez en la historia no existió un movimiento feminista chilango, sino metropolitano. En Asamblea se decidió que el 24 de Abril #24A, el contingente violeta comenzara en  Ecatepec, municipio mexiquense en donde la violencia feminicida es estructural y sistemática, jóvenes y niñas son desaparecidas en las rutas que utilizan para trasladarse a la escuela.

Camiones, carros y bicicletas pintaron la avenida Morelos, que comunica a Ecatepec, de morado; el sonido ambiente era generado por los claxons y altavoces de quienes ahí estábamos dispuestas a solidarizarnos con las compañeras del Estado de México. Al filo del mediodía esa marea violeta llegó a la Ciudad de México por Indios Verdes.

Una vez en la Ciudad de México, la primavera violeta logró que las principales avenidas de esta ciudad se recorrieran por miles de mujeres desde el gozo, la valentía y la alegría y nos desde el miedo o silencio. ¡Vivas Nos Queremos! fue la voz que retumbó desde el Monumento a la Revolución y hasta la Victoria Alada.

#24A fue una movilización histórica en México, el 24 de Abril es la fecha cuando las incorrectas, las desviadas, las nietas de las brujas que no pudieron quemar, salimos a las calles a gritar ¡YaBasta! impulsadas por nuestro  hartazgo ante todos los tipos de violencia que enfrentamos en la casa, la escuela, el transporte, en la vida.

Ese domingo fue un día de lucha y rebeldía, pero también de unión, porque si tocan a una, respondemos todas. Así fue que los diferentes feminismos pusimos en pausa nuestras diferencias y unimos nuestras voces, escuchamos las historias de otras, cobijamos a las que aún no se atreven a nombrarse feministas y les mostramos que el feminismo es chido y amoroso.

Las Luchaz recorrimos Ecatepec y la Ciudad de México en compañía de nuestras aliadas, la Sandía Digital y SubVersiones, para bailar y gozar la rebeldía, para abrazar y sonreír a las que marcharon con nosotras, porque sabemos ahora que “juntas somos más fuertes”.

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