NO ESTAMOS TODAS, ILUSTRAR PARA EXIGIR JUSTICIA

Vanessa solía despertarse todos los días a las 5 de la mañana para llegar a la escuela en la Ciudad de México. Ella tiene 20 años y vive en Coacalco de Berriozábal, Estado de México. Su trayecto era de 2, a veces, hasta 3 horas en el transporte público. Todos los días invertía de 4 a 6 horas en trasladarse, moviéndose en un espacio que representa un peligro para la vida de las mujeres.

Ella es mi prima. Ha vivido prácticamente toda su vida en el Estado de México. Me compartió que la mayor parte del tiempo sintió miedo al salir a esa hora de casa, se sentía vulnerable. Aunque su papá o mamá la acompañaban a la parada del autobús por la madrugada, ella se quedaba preocupada. Su mamá tenía que regresar sola a casa. Yo, vivo en la Ciudad de México, y nunca he sentido esa sensación de angustia en mi cuerpo. No como la de Vanessa.

“Después de un tiempo de trasladarme así todos los días se volvió desgastante. El cuerpo comienza  sentir un cansancio extremo; el sueño se hace presente y aunque muchas veces no quieres cerrar los ojos por temor a lo que pueda pasarte en el transporte público tu cuerpo ya no aguanta, y sin darte cuenta lo hiciste. Pero al llegar a tu destino a salvo, te sientes sumamente agradecida de poder continuar con tus sueños y metas, de poder ver una vez más a la gente que quieres. Agradeces ver a todas las mujeres que tienen que vivir lo mismo que tú día a día”, cuenta

Me da miedo pensar que Vanessa puede pasar a ser una cifra más. Me aterra la idea de perderla. Tenemos que hablar de los feminicidios. Tenemos que hablar de todas las violencias que atraviesan nuestros cuerpos. Tenemos que nombrar a todas aquellas niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres adultas que fueron víctimas de feminicidio.

Vanessa decidió no continuar con la carrera de enfermería que estudiaba en la ciudad. Aunque amó y aprendió mucho de esa carrera, ahora quiere estudiar pedagogía. Esa decisión la hace sentir feliz.

Cuando ella enfrentó un abuso en la combi donde viajaba, gritó y señaló al agresor. Le hubiese gustado que la gente abordo actuara ante ello. Que la hicieran sentir que no estaba sola.  “Me gustaría que la gente dejara de tener miedo, que no juzgara ni culpara a la víctima. Esto no tiene que ser aceptado ni visto como algo normal y cotidiano”.

NO ESTAMOS TODAS

 

Mi país está en guerra contra sus mujeres. El acoso callejero es pan de todos los días. La brecha salarial entre los hombres y mujeres sigue siendo significativa. Los trabajos de cuidado y del hogar siguen sin ser reconocidos como tal, y por ende, no son vistos como una labor que merece una retribución económica y reconocimiento social. Sí, las mujeres mantenemos y procuramos la vida.

En promedio 7 mujeres son asesinadas al día, todas ellas tienen nombre: Julia, Jessica, Azucena, Yuritzi, Jimena, Benita. Todas ellas fueron privadas de la vida por un feminicida. Ellos, siguen libres. No existe la justicia. Ellas, ya no están.

¿Por qué tenemos que hablar del feminicidio? ¿Por qué es importante decir que las asesinaron y que no fue un crimen pasional? ¿Por qué hay cuerpos que importan más que otros?  Nuestras vidas parecen no importar y mucho menos doler al gobierno. Todas las víctimas de feminicidio tenían nombre, sueños, anhelos, esperanzas; no son cifras, ni datos duros.

No queremos que se siga hablando de los feminicidios como en la nota roja, no queremos  que los medios sigan culpabilizando y juzgando a las víctimas. Queremos que se nombre a los agresores, que se enuncie la violencia, que se denuncie su crimen, queremos justicia para las que ya no están con nosotras. Queremos honrarlas, recordarlas, no olvidarlas, no soltarlas. Es la memoria colectiva la que nos mantendrá vivas.  

Una iniciativa que busca visibilizar los feminicidios en México de forma distinta a cómo lo hacen los medios tradicionales es No estamos todas. Proyecto de ilustración que vió la luz en noviembre de 2017. Esta iniciativa propone nombrar a todas las víctimas de feminicidio en nuestro país. A partir de la imagen diversas artistas nos regalan una narrativa que permite robustecer nuestra memoria colectiva; pequeñas historias visuales que dan cuenta del día y el lugar donde ellas fueron  privadas de la vida.

En esta narración No estamos todas nos comparte por qué fue importante para ellas alzar la voz y repensar la mirada. Esta hermosa iniciativa es posible gracias a los esfuerzos de mujeres y organizaciones que documentan los feminicidios y sistematizan los datos de las desapariciones o asesinatos. María Salguero, geofísica y creadora del mapa de feminicidios en México; Frida Guerrera y Yucatán feminicida gracias por permitirse doler, por exigir justicia, por mantener nuestra memoria viva.

Todas necesitamos de todas. Exigimos una vida digna y segura para las que resistimos a diario, y justicia para todas las que nos arrebataron.

Eve Alcalá

Quería ser bruja de niña y sigue practicando. Cree que la historia de las mujeres y otros cuerpos en peligro tiene que ser revisitada y reescrita para vivir un mundo más habitable; adicta a dinamitar la idea del género binario. Es practicante narrativa, artivista, collagera, es muchas y nunca la misma. Viene a mirar el mundo de nuevo, con más preguntas que respuestas; segura de que el camino es tejer en colectivo.

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