LAS MUJERES PALESTINAS QUE ENFRENTAN AL EJERCITO ISRAELÍ

Nariman Tamimi y su hija Ahed
Foto: Lulú V. Barrera

Traducción: Viviana Muñoz Krauss

Nariman Tamimi marchó todos los viernes, cada semana, desde 2010 contra la ocupación israelí en Palestina, que le respira en la oreja, día tras día, porque ella vive en Nabi Saleh, un pueblo al noroeste de Ramallah, la capital administrativa de la Autoridad Nacional Palestina, que tiene como vecino a unos cuantos kilómetros el asentamiento judío de Halamish, establecido en parte ocupando ilegalmente territorios de propiedad palestina.

En Nabi Saleh, la resistencia popular pacífica comenzó cuando colonizadores israelíes ocuparon el territorio y respondimos ante el despojo, aunque existen decretos israelíes que señalan que estas tierras son palestinas, comenzaron a apropiarse de todo lo que encontraban. Por ejemplo, tomaron un manantial alrededor del cual construyeron un sitio religioso y lo nombraron en honor a uno de sus líderes.

Fue así como surgió la indignación palestina, pues ya no sólo se habla del despojo de la tierra, sino también de la historia de un pueblo al cambiar los nombres de los sitios que tomaron e imponer los suyos”.

En 2009 el manantial Ein el Qaws, a diez minutos a pie del pueblo de Nabi Saleh, fuente de irrigación de sus cultivos, fue declarado zona arqueológica por el estado israelí, se le instalaron bancas, letreros turísticos y la entrada ahora custodiada por el ejército israelí prohibió la entrada a palestinos. Fue renombrado como “el manantial de Meir”, por Meir Segal, uno de los fundadores del asentamiento de Halamish. De acuerdo a un informe del Centro de Desarrollo MA’AN en 2012, la confiscación del manantial implicó un alza a los precios del agua al restringir su principal fuente de agua natural y provocó que se derribaran alrededor de cuatroscientos árboles de olivo.

Así comenzaron las protestas semanales en Nabi Saleh, un pueblo que marchó todos los viernes por siete años. “Para los palestinos, y principalmente aquellos que radican en Palestina, la tierra lo es todo. Significa familia, escuela, hogar. Es el lugar donde han vivido nuestros ancestros por generaciones”, me dice Nariman en entrevista durante una conferencia de Amnistía Internacional en Berlín en agosto de 2013.

Foto: Bilal Tamimi, Nabi Saleh Solidarity

 

Nariman fue detenida cinco veces durante las protestas semanales, en junio de 2013 vivió unos días bajo arresto domiciliario, y en noviembre de 2014 fue herida mientras filmaba a los soldados dispersar la marcha usando balas de metal cubiertas de goma, municiones y gas; desde entonces tiene un implante quirúrgico de metal en la pierna. Bassem, su esposo, ha sido detenido más de doce veces y fue considerado prisionero de conciencia por Amnistía Internacional, organización que ha declarado que la familia Tamimi ha vivido una campaña implacable de hostigamiento en su contra.

¿Cómo viven las mujeres la ocupación?, le pregunto a Nariman: “Las mujeres palestinas han desempeñado un papel fundamental en la lucha desde el principio. Han sido líderes, pero desafortunadamente, la excesiva violencia israelí ha provocado que a veces se desliguen de su rol. Las mujeres enfrentan la misma violencia que los hombres. Tanto mujeres como hombres sufren arrestos con violencia. Se usa la violencia en los interrogatorios, no tenemos acceso a un abogado, no nos permiten recibir visitas familiares. Por ejemplo, cuando arrestaron a mi esposo, no me dejaban visitarlo porque estaba en una lista negra que me impedía viajar a ciertos lugares y visitar a mis familiares.

Además de otros roles que las mujeres desempeñan, están aquellos que se encargan de exigir leyes para prevenir de las injusticias contra las mujeres en las sociedades en las que vivimos. Por ejemplo, algunas interpretaciones del islam dictan que las mujeres no pueden tener los mismos derechos que los hombres, así que hay desigualdad. Ahora las mujeres tratan de llenar estas carencias y promover la protección a sus derechos de la violencia que causa no sólo la ocupación, sino que también se genera desde dentro de las comunidades en las que vivimos”.

Foto: ActiveStills.org

 

En agosto de 2015 otra foto de las protestas en Nabi Saleh dio la vuelta al mundo, cuando la familia se volcó a detener a un soldado israelí que apresaba a un niño de once años. Era Mohamed, hijo de Nariman. En la foto también se veía a Ahed, de catorce años.

¿Cómo crecen niñas y niños en la ocupación?, le pregunto a Nariman: “Bajo la ocupación, las oportunidades tanto para los niños como las niñas, son muy inestables y oscuras. La ocupación nos ha afectado de manera negativa a todos nosotros. Aún así, tenemos oportunidades educativas para los palestinos, especialmente para las mujeres y las niñas, ya que han tenido acceso a la educación, no sólo básica, sino también superior. Sin embargo, tenemos una alta tasa de desempleo y el coste de la vida es muy alto, no como en los últimos años de la década de los ochenta”.

Ahed Tamimi
Foto: Lulú V. Barrera

 

Ahed es hija de Nariman, hoy tiene dieciséis años, su imagen se hizo viral cuando enfrentó sin temor a un soldado israelí a los doce, es mismo año recibió el “Handala Courage Award” en Turquía. En entrevista le dice a la organización Médicos Sin Fronteras que cuando sea grande quiere ser abogada para poder defender a su familia, aunque si Palestina fuera libre preferiría ser futbolista.

Janna Jihad es su amiga, también es una niña viviendo en Nabi Saleh, tiene apenas diez años pero ya es conocida mundialmente en Internet como la periodista más joven de Palestina. Un día tomó su teléfono móvil y empezó a transmitir.

Una de las más recientes coberturas de Janna me perturba, el 9 de marzo de este año el pueblo de Nabi Saleh volvió a su manantial robado, y ella transmitió desde su Facebook en medio de detonaciones y caos: “No queremos problemas, no hicimos nada malo, sólo queremos nuestra tierra (…) Tengo miedo, los soldados vienen por nosotras (…) No necesitamos guerra, ni más sangre, es suficiente, sólo queremos vivir en paz y en libertad, sin guerra, sin asesinatos, sin odio (…) Desde aquí, desde el manantial de Nabi Saleh, Jana Jihad, Territorios Palestinos Ocupados”.

Videotransmisión: Janna Jihad

 

Lulú V. Barrera

Lulú V. Barrera es letróloga de formación, antropóloga por historia de vida y activista por decisión. Cree que debe reescribirse la historia, volver lo familiar extraño y extraño lo familiar, y sueña con otros mundos posibles. Admiradora de mujeres guerreras, fundó Luchadoras en 2012.

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