PREOCUPACIONES SOBRE VIOLENCIA EN LÍNEA CONTRA LAS MUJERES QUE COMPARTIMOS A LA ONU

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Cuando una mujer enfrenta una agresión, se le investiga, culpabiliza, o señala como la responsable de ello, lo que es simplemente una constante histórica que construye un patrón impunidad  y desincentivación a la denuncia. Menos del 2% de casos de feminicidio terminan en sentencia judicial y más del 80 por ciento de mujeres que han enfrentado una agresión decide no denunciar, según estadísticas mexicanas.

Ese mismo patrón de violencia sistemática y culpabilización se trasladó al internet y al uso de las tecnologías. Al mismo tiempo que incrementa el uso que le damos al internet en nuestras vidas, se amplían y extienden las formas de violencia en línea contra las mujeres, sin que ello implique que se reconozca que este tipo de violencia es real y tiene impactos en nuestros cuerpos y vidas.

En Luchadoras queremos construir una internet feminista, es decir que la red sea un espacio para navegar seguras y sin miedos. Por ello, nos juntamos con otras iniciativas y organizaciones para hacer un análisis de la violencia relacionada con las tecnologías que se vive en México y hacer llegar un informe al respecto a la Relatora Especial sobre Violencia contra las Mujeres de Naciones Unidas, Dubrawka Simonovic.

Dentro del informe que enviamos en noviembre a la ONU señalamos la falta de estadísticas oficiales a la que nos enfrentamos, presentamos una tipología de agresiones a través del uso de la tecnología  y describimos seis tendencias preocupantes de agresiones contra mujeres, feministas y activistas y que identificamos durante 2016 y 2017.

Estas son las tendencias que narramos en el informe:

DENUNCIAR EN REDES DETONA UNA OLA DE VIOLENCIA EN LÍNEA

Andrea Noel, Tamara de Anda y Ana Gabriela Guevara, quienes por su labor como periodistas y trabajo político tienen un perfil público, haciendo uso de las redes sociales denunciaron que habían enfrentado una agresión en la vía pública, (abuso sexual, agresiones físicas y acoso).

Tras denunciar la agresión (hacer uso de la palabra), la conversación social en el espacio digital, las revictimizó y responsabilizó por las agresiones que enfrentaron; se desató en su contra una oleada masiva de violencia en línea contra ellas, que incluía mensajes de odio, discriminación, hasta amenazas que tuvieron el potencial de materializarse físicamente.

EXPULSIÓN Y DERRIBO DE ESPACIOS DE EXPRESIÓN

Las páginas de Facebook o sitios web de activistas, colectivas y medios de comunicación feministas representan espacios de expresión, incidencia, organización y denuncia. En los últimos dos años, después de momentos que han resultado críticos para la denuncia de agresiones, como violencia sexual, se registraron ataques organizados contra estos espacios que pusieron fuera de línea sus contenidos temporal o permanentemente, limitando así su libertad de expresión y alejandolas de la tecnología.

Este tipo de agresiones se llevaron a cabo en dos formas: Uso de normas comunitarias de Facebook para reportar contenido que la plataforma considera sensible (generalmente asociado a la expresión sexual de las mujeres) y exceso de tráfico en una página web que acaba denegando el servicio, lo que se conoce como “Ataques de Denegación de Servicio (DDoS).

CAMPAÑAS DE ATAQUES ORGANIZADOS 

Tanto en Facebook como en Twitter se han identificado grupos de cuentas que se organizan para agredir de manera coordinada a una defensora, activista o periodista que hace uso de las redes sociales para visibilizar algún tema (como feminicidio) o dar su punto de vista sobre algo. Este ciclo de agresiones es difícil de detener, pues las cuentas que llegan a ser suspendidas, vuelven a aparecer con otro nombre.

EXTORSIÓN BAJO AMENAZA DE DIFUSIÓN DE IMÁGENES ÍNTIMAS SIN CONSENTIMIENTO

Hacer uso de la tecnología para explorar nuestra sexualidad, reivindicar el cuerpo y hacer imágenes eróticas no es ningún delito, como lo han señalado campañas publicitarias que buscan “prevenir” el sexting. La agresión se encuentra en la difusión sin consentimiento de este contenido íntimo.

En ese sentido, una de las agresiones que se hicieron del conocimiento de la ONU, es la extorsión que enfrentan algunas mujeres por parte de ex parejas o conocidos para que no se publiquen fotos o vídeos íntimos, sin que existan mecanismos adecuados para denunciar o detener la extorsión.

ESPIONAJE DE ESTADO 

Carmen Aristegui, reconocida periodista, Stephanie Brewer y Karla Micheel Salas, ambas abogadas, recibieron mensajes infectados con el malware Pegasus (software de vigilancia) mientras se encontraban realizando su trabajo, que afectaba intereses propios del gobierno federal. Existe evidencia documentada de que el gobierno mexicano adquirió herramientas sofisticadas de software de vigilancia durante los últimos años, por lo que puede referirse a que existe un espionaje de Estado.

CAMPAÑAS DE DESPRESTIGIO 

Desprestigiar la carrera, profesionalismo o vida íntima de una defensora, activista o periodista tiene un impacto directo en su vida profesional, familiar y personal que pocas veces es reconocido por tratarse de violencia en línea, se han documentado campañas de desprestigio a través de la difusión de información falsa, modificada o sacada de contexto, en estos casos se ha identificado, además, como probables agresores a agentes del Estado.

Ante estos tipos de violencia han existido pocas respuestas, algunas de ellas ponen el dedo en las víctimas y no en los agresores, responsabilizándolas de las formas de agresión; otras pretender llevar la respuesta al ámbito penal y legislativo, sin que se haya analizado si esa es la ruta más adecuada, al mismo tiempo que las plataformas e intermediarios se han quedado limitados o al margen de las estrategias que puedan desarrollarse.

Visibilizar estos tipos de violencia, también es construir una #InternetFeminista. Navegar seguras es nuestro derecho, que la violencia no nos o impida compartir, decir, organizar y denunciar, estrategias para enfrentar la violencia en línea hay varias.

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