DEFENSA PROPIA, UN RECLAMO POR LA VIDA

En un país en donde cada tres horas una mujer muere asesinada y se denuncian 81 nuevos casos de violencia sexual todos los días, defender el gozo, la alegría, los sueños, el cuerpo; la vida, pasa por la desaprobación social y activa la maquinaria jurídica en contra de las mujeres que deciden vencer el miedo y enfrentar a su agresión.

María Guadalupe Peredo Moreno,  una joven de 21 años, es muestra de ello. En octubre de 2015, en medio de una discusión en la que su entonces pareja, Carlos Alberto Balderas, amenazaba con matarla con una pistola, ella disparó en defensa propia asesinando a su agresor, desde ese día está en el Cereso Femenil de Ciudad Juárez. 

Sin considerar los antecedentes de violencia que vivió en su relación de pareja, el riesgo que corría su vida, y la relación desigual en la que vivía este martes 8 de agosto, Mary fue declarada culpable del delito de homicidio por riña, pues las juezas que determinaron su caso consideraron que “no existía una causa para que Mary defendiera su vida”.

#MaryLibre es el nombre de la campaña que ha inició la Red Mesa de Mujeres (organización con más de 20 años de presencia en Ciudad Juárez y que representa jurídicamente el caso) para evidenciar no sólo la falta de perspectiva de género con la que se está llevando el caso, si no también la misoginia estructural que impide el reconocimiento de la legítima defensa para las mujeres.

Juzgar con perspectiva de género, explicaba la Red Mesa de Mujeres, debe pasar por el reconocimiento de la violencia sistemática que enfrentan las mujeres y que se normalizar, y ante ello el derecho  a no quedarse paralizadas ante la violencia y defender su vida, y considerar las agresiones previas y continuadas que en la mayoría de los casos enfrentan las mujeres antes de atreverse a denunciar o reaccionar.

En el contexto en el que se desenvuelve Mary, madre de dos hijas que sueña con continuar sus estudios, la violencia es una realidad, pero no así la efectividad de las acciones emprendidas para detener la violencia.

Ciudad Juárez, municipio de la frontera norte mexicana, es un emblema a nivel internacional de violencia contra las mujeres que ni los programas y acuerdos federales han podido frenar: entre 1993 y 2013 se cometieron mil 441 asesinatos de mujeres en el municipio, y a nivel estatal (Chihuahua)  47.3 por ciento de las habitantes reportan violencia en su relación de pareja, de acuerdo con datos del Inegi.

Las cifras anteriores contrastan con las del acceso a la justicia para quienes se atreven a denunciar. De enero a mayo de 2015, el Ministerio Público del fuero común recibió 2 mil 86 casos y de éstos, sólo 128 fueron presentados a los jueces de Garantía.

María Guadalupe, que hasta antes de evitar ser asesinada estudiaba criminología, no denunció las agresiones que vivió durante tres años tanto por temor a su pareja como por desconfianza en el sistema de justicia, ya que Carlos Alberto Balderas era familiar de un integrante del aparato judicial, aunque la violencia de que era víctima junto a él fue en aumento, en frecuencia e intensidad, y llegó a representar un riesgo para su vida, pues él en reiteradas ocasiones amenazó con asesinarla.

Además de ello, la relación de Mary con su agresor -quien de acuerdo a lo presentado como prueba durante el juicio consumía drogas y alcohol en exceso- era desigual: Carlos era 20 años mayor que ella, controlaba los gastos económicos, la celaba en exceso y ella tenía que “pedirle permiso” para salir de casa”.

Así comenzó  la discusión el 15 de octubre de 2015. Ese día ella tenía que  ir a hacer un trabajo de la escuela a la casa de una compañera. Él comenzó a insultarla y golpearla, diciéndole que aquello era mentira y que “seguro se iba a ver con alguien más”.  Ella le dijo que no iría, pero la respuesta lo enfureció más, tomó el arma, subió a Mary a la camioneta y la obligó a ir.

Al regresar a su casa la encerró  y continúo insultándola y agrediéndola físicamente. En un momento, él dejó el arma sobre el buró del cuarto para cerrar la puerta,seguía amenazando de forma enérgica; en un momento, ambos corrieron hacia el arma, ella la tomó por la cacha y él por el cañón, en medio del forcejeo el arma se disparó y una bala se impactó en el abdomen del agresor de Mary.

Cuando Mary se dio cuenta que su agresor estaba herido solicitó una ambulancia y salió a pedir ayuda de los vecinos, pues su intención nunca fue asesinarlo, si no defenderse. Llegó la ambulancia y lo llevaron al Hospital General de Ciudad Juárez, en donde finalmente perdió la vida.

Después de los hechos, Mary fue sometido a la opinión pública, los medios de comunicación la presentaron como responsable de haber asesinado a su pareja y omitieron señalar todo el historial de violencia que ella enfrentó y el riesgo de ser asesinada al que se enfrentaba antes de tomar el arma, desde ese momento fue recluida en el Cereso femenil de Ciudad Juárez.

Durante la audiencia de vinculación  no se valoró que ella es sobreviviente de feminicidio, se esperaba que durante el proceso de audiencias y de presentación de pruebas se tomen en cuenta tratados internacionales con perspectiva de género que deben ser aplicados durante un juicio, pero ello no ocurrió.

Siempre que puede Mary escribe los sueños que debe mantener en pausa debido a que el sistema de justicia que debería repararle el daño como sobreviviente de violencia la culpabiliza, sin embargo no está sola pues la solidaridad de mujeres a llegado a nivel internacional y existen muchas que le envían mensajes de apoyo y exigen su liberación.

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